Forbes Ecuador
carrera y jubilación
Columnistas
Share

Del aula a la jubilación al parecer hay muchas respuestas y quizá una sola pregunta: ¿Cómo puedo seguir creando valor para otros sin traicionarme a mí mismo, en un mundo que me exige pensar más y decidir mejor?

13 Febrero de 2026 14.46

Y así como todo en la vida, la carrera profesional pasa volando. Al parecer, la elección de una profesión es una preocupación más intensa en la universidad y el desarrollo de carrera suele ser tener atención más tarde que temprano: en el cambio de empleo, el primer ascenso frustrado o en la crisis de la edad adulta. Desde el aula hasta la jubilación, la carrera profesional no es una escalera lineal y por eso el último informe de Tendencias Globales de Capital Humano de Deloitte, presenta varios aspectos complejos de gran interés.

El informe señala las tensiones permanentes entre la automatización y humanización, el control y el empoderamiento, los resultados financieros y el bienestar, y nos recuerda que nadie está inmune a ellas, ni empresas ni personas. Nos presenta una fotografía en la que aparecen empresas en busca de nuevas capacidades que no logran desarrollarlas al ritmo que el mercado exige; necesidad de experiencia en jóvenes que apenas tienen oportunidades de adquirirla; talento humano como prioridad mientras se reducen puestos de entrada; y finalmente, la exigencia de pensamiento estratégico en culturas que siguen premiando la obediencia.

¿Cuán preparados estamos para seguir creando valor en medio de esta foto compleja? La respuesta también es compleja y por eso la brecha entre las expectativas y lo real no depende sólo de las empresas. También nos atañe como estudiantes, académicos o líderes, asumir que el desarrollo de carrera es un proyecto de vida que no tiene condiciones ideales, sino que nace del diseño temprano y continuo de una trayectoria realista y con criterio.

Mi experiencia de más de dos décadas en educación empresarial me ha permitido ver cada año cómo se cruzan generaciones: jóvenes que comienzan, ejecutivos que se reinventan, emprendedores que regresan al aula para rediseñar su siguiente capítulo. Todos, sin excepción, están tratando de descifrar un acertijo común: ¿cómo construir una carrera con sentido individual y, al mismo tiempo, relevante en un mercado tan cambiante? 

La respuesta no está en una fórmula mágica, pero sí en algunas acciones que he visto repetirse en quienes logran navegar mejor este reto: entender bien el mercado, practicar la autogestión e independencia, conocerse a fondo, desarrollar un distintivo personal con propósito y abrazar la educación continua de forma permanente.

Hablar de desarrollo de carrera sin saber lo que ocurre en el mercado laboral es como diseñar un plan de vuelo ignorando el clima. El informe de Deloitte muestra que líderes de  casi cien países están preocupados por una brecha cada vez mayor entre lo que necesitan y el talento disponible. Al parecer crece la demanda por competencias avanzadas y a la vez se reducen las posiciones requeridas para construir esa experiencia. 

Por eso, no basta con saber qué carreras tienen más oportunidades de empleo, sino desarrollar habilidades humanas. El pensamiento crítico, la adaptabilidad, la colaboración y el criterio ético están siendo más valoradas a medida que la tecnología automatiza las tareas rutinarias. Por eso, cuando un estudiante empieza a conectar sus decisiones de cursos, prácticas, proyectos y certificaciones con estas tendencias, deja de ser un pasajero del sistema educativo y empieza a desarrollar un rol de diseñador de su propia empleabilidad futura.

Hoy en día, no se puede tercerizar la carrera. La autogestión es una competencia central que tiene que ver con la tensión entre el control y el empoderamiento. En ese sentido, muchos esperan que el trabajo se encargue de su desarrollo cuando lo que busca el mercado es la capacidad de autogestión. El desfase doloroso son currículos llenos de responsabilidad delegada y poca iniciativa real.

Autogestionar la carrera es asumir con lucidez que sí está en nuestras manos. No se puede controlar el entorno, pero sí puedo decidir cómo me preparo, con quien me relaciono, en qué proyectos me involucro y qué aprendizajes convierto en fortalezas tangibles. Esta mentalidad inicia en la universidad: el estudiante que busca experiencias, se expone a contextos diversos, se hace responsable de su propio aprendizaje y está ya ensayando el tipo de liderazgo que el mercado demanda.

En un mundo de IA es clave recordar que la tecnología no puede sustituir el trabajo de pensar quien soy, qué defiendo y cómo quiero vivir mi vida profesional. En contextos donde la confianza en las instituciones se ve tensionada y la ciudadanía exige coherencia, la elección de un empleador también depende de la ética profesional y los valores individuales.

Y hay que ser conscientes de esos valores, explorar continuamente lo que deseamos mejorar en nuestro propio comportamiento, así como en las capacidades que nos hacen pensar honestamente en esos conocimientos y habilidades que necesitamos para responder con seguridad ¿para qué soy bueno? Y siempre hay algo que aprender de esa reflexión.

Conocernos nos ayuda a transmitir una marca personal de forma coherente y sostenida. El mercado laboral funciona sobre la base de percepciones, y las oportunidades rara vez llegan a quien no sabe explicar lo que hace o qué lo diferencia: ¿qué tipo de impacto quiero generar?, ¿en qué sectores quiero participar?, ¿qué evidencias puedo mostrar? 

Cuidar la presencia profesional, escribir experiencias o construir un portafolio de proyectos no son puros actos de vanidad si están alineados con valores claros. En un mundo donde las empresas dicen buscar talento con propósito y las personas organizaciones con sentido, la marca personal tiende un puente a coincidencias.

Las empresas declaran que el aprendizaje una es prioridad y por ello la educación empresarial puede marcar la diferencia entre un profesional que repite modelos y otro que los cuestiona, los adapta y los mejora. Cuando un profesional aprende a estructurar sus ideas, distinguir entre dato y opinión, reconocer sus propios sesgos y escuchar puntos de vista distintos, está desarrollando una competencia que no se deprecia con el tiempo. Por el contrario, aumenta su valor cada vez que la tecnología automatiza una tarea mecánica.

Si unimos las señales del mercado, los datos del capital humano y las historias que vemos a diario en universidades y empresas, aparece un hilo conductor: el desarrollo de carrera no es una línea o sucesión de promociones automáticas, ni un privilegio reservado a pocos. Es una práctica constante de lectura del entorno, autogestión, autoconocimiento, comunicación y aprendizaje crítico, desde el primer día de clases hasta el último día de trabajo remunerado… y más allá. La jubilación, cada vez más flexible, ya no es una salida definitiva del juego, sino una fase distinta en la que la experiencia puede convertirse en mentoría, servicio, proyectos nuevos o, simplemente, en una forma distinta de contribuir.

Del aula a la jubilación al parecer hay muchas respuestas y quizá una sola pregunta: ¿Cómo puedo seguir creando valor para otros sin traicionarme a mí mismo, en un mundo que me exige pensar más y decidir mejor? Si estás comenzando la universidad, este es el momento perfecto para tomar en serio esa pregunta, antes de que las inercias respondan por defecto. Si ya estás en tu vida profesional, quizá valga la pena revisar si tu carrera refleja decisiones conscientes o acumulación de “lo que fue saliendo”. Y si hoy lideras equipos o diriges una empresa, recuerda que tu propia forma de aprender, de ejercer el poder, y de escuchar es una lección silenciosa que tus colaboradores están internalizando.

No podemos controlar todas las tensiones del mundo del trabajo, pero sí podemos decidir cómo nos presentamos ante ellas. Al final de la carrera, esa que se extiende mucho más allá de la entrega del diploma o la renuncia, la métrica más exigente tal vez no sea el cargo alcanzado, sino la respuesta honesta a si es que fui capaz de usar mi talento y criterio para construir una trayectoria con impacto y sentido. (O)

10