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El espíritu liberal es parte de una filosofía que propone una educación generalista, de libre pensamiento y decisión. Es una decisión personal que mejora las habilidades mentales y morales para ser líderes de pensamiento crítico, de los que actúan y no solo hablan, que sirven a la gente porque la animan a cultivar sus propias virtudes y aprovechar el propósito de la vida que es aprender

22 Junio de 2022 15.50

El sentido liberal de la educación consiste en la libertad de pensar y decidir de forma independiente. Sin restar el impacto del apoyo colaborativo, el pensamiento personal es un requerimiento para conocerse a sí mismo antes de conocer e interpretar el entorno con herramientas adecuadas.  Pues no hay forma de tener relaciones sanas sin antes cultivar un proceso interno y auténtico.

Pensar y decidir de forma autónoma puede ser confrontante en entornos especialmente colectivistas como nuestra sociedad ecuatoriana (Hofstede, 2022), en la que los grupos son importantes, las opiniones familiares o de gente cercana influyen fuertemente en las decisiones o amor propio, o las expectativas de interferir en la vida de los allegados son no solo usuales, pero consideradas.

La tipología cultural colectiva podría explicar el gran reto de apreciar el espíritu liberal en la educación, empresas y sociedades. “Pensar por ti mismo” puede implicar los contras del egoísmo antes que los pros de la valoración del pensamiento individual. Pero no se puede dar lo que no se tiene y por ello la libertad de pensar por y en uno es una acción sin carga y con gran potencial de crear.

La independencia de pensar y decidir es una estrategia que se puede afinar con el uso continuo del arte, es decir, del desarrollo de conocimientos y habilidades de varias áreas. La filosofía de las artes liberales precisamente promueve el estudio de diversas disciplinas para mejorar la capacidad profesional de carrera o el potencial directivo a través de una visión holística de las organizaciones.

Tradicionalmente, la relevancia de las artes liberales enfatizaba la habilidad con las letras y los números; esto es, el estudio de la lengua, la razón y la retórica, así como las matemáticas, aritmética, geometría, astronomía y música. Actualmente, debido a la evolución del conocimiento las opciones en ciencias sociales, exactas y artes son amplias. La variedad de disciplinas implica más oportunidades de complementar el aprendizaje.

Desarrollar diversas competencias de forma libre e independiente nos permite contar con más puntos de vista para razonar y lograr un pensamiento crítico, interpretar y conectar relaciones desde varias áreas de estudio, y, por tanto, ejercitar la creatividad tan cotizada en las empresas.

Más allá de adquirir conocimientos, el aprendizaje verdadero se evidencia en su aplicación e impacto en el mundo laboral. La aplicación sin embargo puede tener efectos deseados (o no), y justamente esa evidencia nos permite aprender y confirmar verdades (o no).  Verdades que al final del día, son inherentes a la libertad de pensamiento.

Ahora, la habilidad de pensar y aprender es sobrevalorada cuando no se la cultiva continuamente; como lo indica Adam Grant (2021), necesitamos repensar para dejar de creer en todo lo que pensamos y de resentirnos por lo que sentimos y, especialmente, desaprender a través del cuestionamiento y aprendizaje permanentes. 

Uno de los capítulos más interesantes del libro de Grant, Piénsalo otra Vez, habla acerca de la emoción de no creer en todo lo que pensamos y el placer de equivocarse.  El autor confirma la necesidad de cometer errores para aprender de ellos durante toda la vida; lejos de los efectos del apego (pensar que somos lo que opinamos), propone a los valores (por ejemplo, excelencia, libertad, o integridad) como guías de la identidad y enfatiza que la búsqueda de la verdad se logra demostrando que nuestros puntos de vista están errados.

Repensar y desaprender es liberador porque confirma el reto común que todos tenemos para pensar y aprender continuamente, y porque nos libera de la razón, de no saber o de la culpa de equivocarnos. Curiosa la culpa, concepto inventado por humanos como forma de castigo al error del culpable y premio al ego del ofendido. La culpa es solo una definición que, ojalá con la valoración del pensamiento crítico, el reaprendizaje y la evolución, se vaya perdiendo; sería igual de liberador.

Además de aceptarnos como aprendices a lo largo de la vida, el espíritu liberal nos da la oportunidad de reflexionar en nuestro propósito personal. Permite el cuestionamiento permanente y con permiso total para cambiar nuestro parecer (no somos lo que creemos), nuestras emociones (no somos lo que sentimos) y acciones (no somos lo que hacemos), cuando sea necesario, es decir, cuando la realidad (escenario actual aquí y ahora) nos lo muestre. 

El espíritu liberal es parte de una filosofía que propone una educación generalista, de libre pensamiento y decisión. Es una decisión personal que mejora las habilidades mentales y morales para ser líderes de pensamiento crítico, de los que actúan y no solo hablan, que sirven a la gente porque la animan a cultivar sus propias virtudes y aprovechar el propósito de la vida que es aprender. (O)

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