Uno es el mundo que vemos y otro el mundo que pensamos. Una es la idea de democracia y otra, la verdad de la democracia. Uno es el discurso que se hace para consumo de la sociedad y que se agota en las masas de espectadores, y otra la elaboración de tesis para fundamentar una forma política, una propuesta de gobierno, una ideología. Unos son los actos de poder y otra la idea que del poder tienen los ciudadanos.
I.- LA IDEOLOGÍA DE LAS IMÁGENES.- Si bien aquello del fin de las ideologías que anunció Francisco Fukuyama nunca fue verdad, sin embargo, debemos pensar que ahora la "ideología" es cosa bien diferente de aquello que habitualmente los intelectuales han entendido. La “ideología” dominante en el mundo actual, si así se la puede llamar, es una estructura de imágenes, un mercadeo de palabras, es una fórmula mediática, que evoca lugares comunes, reiteraciones y que forma parte de un espectáculo. Está hecha de gestos que aluden al poder y a la obediencia, a la ilusión y a la promesa de felicidad. Esa “ideología” está hecha, fundamentalmente, de símbolos que cautivan, que arrastran y que suscitan emotividad y anulan toda capacidad crítica. Hemos pasado de los métodos de la convicción por el razonamiento, a los métodos de la movilización por el sentimiento primario, por el gesto y el eslogan. Hemos pasado del racionalismo que fue el fundamento de la sociedad moderna, a la mercadotecnia de las imágenes, anclada fundamentalmente en la televisión y en las redes sociales.
II.- EL CARISMA DE LOS SONDEOS.- El carisma, la “gracia”, que fue atributo de los líderes como capacidad personal para convocar y convencer, magia para lograr adhesión, para llegar a lo que Max Weber llamó la “servidumbre voluntaria”, hoy es producto del imaginario construido por la televisión y las redes sociales. De modo que ya no se debería hablar de la democracia de masas, ni de democracia representativa por la vía del voto razonado, deberíamos hablar del voto y de la delegación del poder basado en lo que Sartori llamó la "video política". Hoy domina la ideología de lo visible, esto es, la apariencia de la que se viste el poder. Prevalece en las sociedades el gobierno de lo sensible al sondeo, que es lo único determinante y verdadero.
III.- LA “DEMOCRACIA DE PÚBLICOS”.- Cabe entonces preguntarse: ¿lo que tenemos es “democracia de ciudadanos” o “democracia de públicos”? El pueblo, fundamento de la democracia representativa, se ha transformado en público. La noticia y la entrevista son hechos fundamentales en la democracia de imágenes. La noticia ha pasado de descripción del hecho a ser una especie de doctrina que se sustenta en la actitud de los políticos. Los actos de poder están referidos y condicionados al efecto noticioso sobre la gente. Los actos de gobierno están condicionados por el sondeo. Todo esto tiene que ver con el mundo de las imágenes más que con el mundo del pensamiento, de la reflexión y la racionalidad.
El poder hoy está hecho de imágenes, de gestos, se actitudes y no necesariamente de contenidos concretos. La democracia es un escenario donde se actúa, una suerte de teatro donde se cumple un papel no derivado de ideas abstractas sino de cálculos de cómo reaccionará el público, y como será el sondeo, es decir, cuál es la apreciación de la imagen por el público. Lo fundamental, entonces, es “aparecer” y cómo aparecer. Lo sustancial es la simulación, la imagen que vende.
IV.- EL DOMINIO DE LAS APARIENCIAS.- Hoy más que nunca es verdad que lo que mandan son las apariencias. Los niveles primarios de la gente tienen que ver con el predominio de la imagen. Por ejemplo, se identifica a la democracia con la movilización social vista como desfiles, cantos, banderas y discursos. Y también con la sugestiones y las modulaciones que se hacen en las redes sociales. Sin embargo, si se pregunta a los integrantes del público qué es la democracia, qué es la representación política, las respuestas no superan niveles de análisis primarios, elementales. Esto porque las nociones fundamentales de representación, consenso, estado, legitimidad, legalidad, no son "visibles”. Se pueden repetir en discursos y noticieros, pero no se ven. La democracia actual es un sistema basado en lo que se ve, no en lo que se entiende.
Explicar un concepto, esto es, aludir a la razón, es un intento que resulta inútil y "aburrido". No merece atención porque no hay imágenes ni golpes de efecto. Entonces lo pertinente para lograr la atención y despejar el aburrimiento, es apelar a la espectacularidad, a la imagen, al eslogan simplificador, al discurso estrepitoso, a actitudes y hechos que merezcan ser noticia. Sin noticia constante, no hay poder permanente. Hay que hacer noticia, y noticia estrepitosa, que se convierta en el centro del día o de la semana. En realidad, la política moderna está hecha de "noticia", de la imagen que suscita efecto en el público espectador, no está hecha necesariamente de actos de gobierno ni de doctrinas y, menos aún, de trabajo silencioso. Está conformada por hechos que merecen relieve en los medios, relieve afianzado por una cierta presentación de la noticia, de allí la necesidad de que los medios y las redes expresen bien la noticia-poder. Los medios son fundamentales para el poder, ya que el poder consiste en realidad en lo que el noticiero diga, en lo que la imagen traduzca,
Se trata, por tanto, de tener poder con medios propios o adversos, pero que hagan y presenten la noticia, que hagan de ella el eje de la vida cotidiana. Esto porque de algún modo se gobierna desde la noticia y desde los efectos de la noticia en el público: el sondeo calibra esa sensibilidad y esa percepción, y por tanto, es indispensable que la noticia llegue bien, que lo que los actores emanan se “interprete” bien, es decir, conforme al interés de estar presente, de dominar la escena, de que el poder irradie a través de ella. (O)