Raíces y crónicas viejas
A veces, hay que asomarse a la historia de esa vida. Es como abrir una ventana, como mirar las estrellas casi perdidas en la contaminación del cielo urbano y el tumulto de los tiempos que vivimos.
A veces, hay que asomarse a la historia de esa vida. Es como abrir una ventana, como mirar las estrellas casi perdidas en la contaminación del cielo urbano y el tumulto de los tiempos que vivimos.
La ciudad se deteriora con asombrosa velocidad. La inseguridad campea, la contaminación abruma y mata. Las élites disimulan, entre cobardonas y calculadoras. El Municipio espera y languidece. Calla. O tardíamente explica algún distante tema que suena a informe ministerial.
El caballo en la plaza me recuerda a los que saben de caminos de herradura y de chaquiñanes ásperos, a los que se plantan en el lomo de la cordillera para mirar, por un momento, la avenida de los volcanes y la abismal perspectiva de los valles, y sentir el viento que limpia de nubes el cielo de verano. Me recuerda a los que saludan con su relincho, a los que adornan la ruta con su braceo, a todos, con sus nombres y sus aires.
Se pensó que habría llegado la hora de la verdadera democracia directa, pero la volubilidad de los sentimientos dominantes en las redes, la dispersión de la opinión, la manipulación, la errónea convicción de la sabiduría, contribuyen al deterioro de la opinión pública y a su fraccionamiento infinito.
Los derechos son potestades individuales irrenunciables, indisponibles, inalienables e independientes de todos los poderes, que pertenecen al ser humano por su condición y en función de su dignidad. Son atributos cuya titularidad no proviene de la concesión estatal, no nace de la ley ni de la vinculación a cualquier colectivo
Como dijo Ortega y Gasset "yo soy yo y mi circunstancia". Sin el yo, no hay entorno, ni historia, ni política ni nada. No hay mundo. De modo que habrá que replantear algunos análisis que se hacen colocando a la carreta delante de los bueyes, para colectivizar y estatificar todo.
La reinauguración de la violencia sistemática y su visibilidad, deberían servir de catalizador de una realidad que ha sido por algún tiempo ignorada, o cínicamente disimulada, en cuanto hecho cotidiano, por los poderosos del mundo.
Las Constituciones procuran equilibrar el ejercicio del poder político, por eso se entrelazan y controlan mutuamente sus facultades, y se establece, además, el principio de la responsabilidad pública, la rendición de cuentas y la obligación de indemnizar cuando el ejercicio del poder, incluso del judicial, provoque daños a las personas.
Las teorías políticas, desde siempre, y en todos los casos, respondieron y responden a la necesidad de justificar la existencia del Estado y de los sistemas de gobierno, de explicar la necesidad de obedecer, de explicar la transformación del miedo y de dotarle al poder y a la obediencia de contenidos mágicos, religiosos, racionales o ideológicos.
Una reforma política, si quiere trascender, no debería perder de vista que la tarea de reconstruir el Estado de Derecho debe hacerse a partir de un diagnóstico objetivo de la situación de las instituciones, y a partir de la consideración de la índole de la Constitución y del ordenamiento legal.
La democracia liberal supone, como fórmula de gobierno y legislación, el diálogo efectivo, la capacidad de escuchar, la vocación para ceder y conceder. Y la idea de que, gobernantes y opositores tienen la posibilidad de equivocarse. Que el acuerdo no es traición.
El ordenamiento jurídico laboral no es un orden lógico de reglas que se inspire en la garantía de la seguridad jurídica. Es un desorden normativo que solo garantiza la inseguridad y la discrecionalidad administrativa y judicial, y que, con la expedición de numerosas leyes orgánicas, ha profundizado su inflexibilidad.
La misión de la Universidad es múltiple: investigar, pensar, generar cultura y transmitirla, y profesionalizar a la gente. La Universidad puede y debe ocuparse de la política como ciencia, aterrizarla en el país, generar ideas y dejar que los docentes y los alumnos elijan, en el mayor ejercicio de la libertad intelectual, una convicción o una alternativa.
El junio que vivimos marca las vidas de otro modo, pese a todo, nos contagia de las energías que trae el viento, de los recuerdos que vienen con el sol, de las alegrías de esa distinta luminosidad que vibra en las ventanas.
Poner atención a los esfuerzos que hace la gente, a sus proyectos y emprendimientos, y mirar la paciencia y la esperanza de las personas que trabajan y se esfuerzan pese a todo, devuelve el optimismo y renueva el sentido de solidaridad.
Es necesario reflexionar sobre la teoría del absolutismo de las mayorías en virtud del cual excesos se han cometido, enmascarados en una "legalidad" vaciada de racionalidad. Lo importante para dotarle de auténtica legitimidad al sistema es rodearle a la Constitución de verdadera "majestad" o valor moral, apuntalarla en principios, y crear en su torno una cultura de legalidad ¿Será posible?
La Corte Constitucional tiene un papel relevante en todo tema de reforma o enmienda constitucional y, por cierto, en la convocatoria a Asamblea Constituyente. Debe calificar previamente cuál de los procedimientos corresponde aplicar.
La Constitución presenta una contradicción esencial: por un lado, apunta al fortalecimiento del Estado presidencial, y por otro, hace acento, al menos declarativo, en los derechos y sus garantías.
La Constitución de 2008, por las paradojas que encierra y los peligros para las personas que supone, no puede sobrevivir intacta en el futuro. La confrontación entre el poder y las garantías deberá resolverse de algún modo, ya que las leyes que se dictan, las instituciones que se crean y la conducta de las autoridades, se inclinan casi siempre en beneficio del Estado.
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