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Entre mochilas, horarios y sueños: el verdadero esfuerzo detrás de las actividades extracurriculares

Silvia Tapia

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Detrás de cada niño que practica deporte, música o arte existe una red silenciosa de padres agotados, horarios imposibles, esfuerzos económicos constantes y también representan el ingreso de una persona o quizás de una familia.

15 Mayo de 2026 10.53

Durante un almuerzo por el Día de la Madre, una compañera del trabajo nos contaba cómo organiza sus días para acompañar a su hija a las prácticas de patinaje. Mientras la niña entrena, ella busca un espacio para abrir su computadora y continuar trabajando “en la mochila está mi oficina” nos dijo entre risas. La escena, aunque cotidiana, resume una realidad que viven miles de familias, detrás de cada actividad extracurricular existe una compleja logística silenciosa que pocas veces se reconoce y que se convierte, para los instructores en otra fuente de ingresos que en muchos casos termina al cierre del año escolar. 

Las actividades extracurriculares dejaron de ser hace ya bastante tiempo, simples espacios recreativos. Hoy representan oportunidades de formación integral para niños y adolescentes: deportes, música, danza, idiomas, robótica o arte se han convertido en herramientas que fortalecen habilidades cognitivas, emocionales y sociales. Diversos estudios de la UNESCO y UNICEF, señalan que los estudiantes que participan en actividades complementarias desarrollan mayores niveles de disciplina, trabajo en equipo, autoestima y capacidad de resolución de problemas, además, tienen menos probabilidades de abandonar el colegio y suelen mostrar mejores niveles de rendimiento académico. 

En Ecuador y en gran parte de América Latina, estas prácticas también responden a una transformación social. Muchas familias consideran que le aula ya no es suficiente para preparar a sus hijos frente a un mundo cada vez más competitiva, por eso en las tardes de muchos niños ya no transcurren únicamente entre tareas y descanso, sino entre uniformes deportivos, instrumentos musicales y largas jornadas de entrenamiento, que demande de disciplina y organización. 

Sin embargo, detrás de esos beneficios existe otra cara menos visible: la reorganización total de la dinámica familiar, En una época en la que ambos padres trabajan, cumplir con horarios de entrenamiento, competencias o clases extracurriculares exige coordinación extrema. Los largos trayectos, el tráfico, las tereas escolares y las obligaciones laborales convierten a las familias en verdaderos administradores del tiempo. 

Muchos padres trabajan desde el auto, responden a correos desde graderíos o convierten cafeterías cercanas en oficinas improvisadas y si bien la tecnología ha permitido cierta flexibilidad, también ha borrado límites entre el trabajo, crianza y descanso. Aun así, miles de familias aceptan ese desafío (cuando la economía lo permite) porque entienden que estas experiencias junto con su presencia y apoyo pueden transformar positivamente la vida de sus hijos. 

Pero existe otra dimensión pocas veces analizada, el impacto laboral que generan estas actividades extracurriculares, detrás de cada academia deportiva, escuela artística o centro de entrenamiento existe una red de entrenadores, instructores y profesionales que encuentran en estos espacios una oportunidad de empleo, emprendimiento o generación de ingresos adicionales. En un contexto marcado por el subempleo y la precarización laboral, muchos jóvenes profesionales, deportistas retirados o artistas han convertido sus conocimientos en una fuente de sustento. Para algunos, las clases extracurriculares representan un ingreso complementario, para otros son su principal o única fuente de trabajo. Este fenómeno refleja también trasformaciones en el mercado laboral actual, donde el empleo tradicional pierde estabilidad y el emprendimiento se vuelve una necesidad más que una elección. Entonces las actividades extracurriculares no solo forman niños y adolescentes, también sostienen economías familiares y crean nuevas dinámicas de trabajo independiente.

La reflexión necesaria quizás no sea si estas actividades valen la pena, porque sus beneficios son evidentes, sino cómo como sociedad podemos apoyar mejora a las familias que sostienen estos procesos. Detrás de cada niño que practica deporte, música o arte existe una red silenciosa de padres agotados, horarios imposibles, esfuerzos económicos constantes y también representan el ingreso de una persona o quizás de una familia. 

Tal vez aquí se encuentra una de las formas más profundas de amor contemporáneo, padres y madres que, aun en medio del cansancio y las obligaciones, siguen cargando mochilas, computadoras y sueños para ayudar a sus hijos a construir un mejor futuro.  (O)

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