Lo que me terminó de colmar la paciencia fue el paquete testicular de Lakaku. Bueno, eso no, o no exactamente. Qué culpa tiene el hombre de haber nacido delantero, con anatomía de centrodelantero. Lo intolerable fue que a Romelu Lakaku, luego del gol, le cobraron un offside porque esa parte de su humanidad estaba adelantada. Si fueran carreras de caballos, diríamos que le marcaron offside por una nariz.
Ahí entendí que habíamos llegado muy lejos y que esto se está saliendo de control. El VAR, que nació para corregir errores evidentes e injusticias, estaba delatando todo tipo de minucias (inclusive las de Lakaku). Y no es un inconveniente del VAR ni de la tecnología, que cumple su función: el problema es la inservible regla del offside. A menos que creamos que lo anularon porque podía meter gol de palomita.
Antes alcanzaba con saber si el delantero estaba adelantado. Ahora hay que reconstruir la escena del crimen: trazar líneas, congelar imágenes, ampliar hombros y determinar si los pelos del codo de un señor que está corriendo a treinta kilómetros por hora se encuentra un centímetro delante de otro señor que también está corriendo a treinta kilómetros por hora.
La emoción del fútbol es el gol. Pero no. Los genios que hacen las reglas del fútbol se preocupan por evitarlo. Nadie paga una entrada para contemplar una magnífica estrategia defensiva. Nadie llega a casa, orgulloso, diciendo: "¡Qué hermoso partido! El bloque de atrás del equipo visitante redujo admirablemente los espacios entre líneas". Todo lo contrario: la primera pregunta es "¿y cuánto quedó?"
La regla 11, la que regula el offside, se inventó en 1863 con una explicación bastante razonable que les vengo a hacer acuerdo: evitar que un delantero se quede junto al arco esperando un pelotazo. Pero en 1904, Billy McCracken, del Newcastle, descubrió que, adelantando las líneas, sin necesidad ni de chocar con nadie, podía impedir el avance del delantero. ¡Era brillante! ¡Era efectivo! ¡Era un hijo de puta! Y así el fútbol terminó incorporando una trampa para evitar otra trampa. Ya no había que salir a defender, bastaba adelantarse y dejar que una línea imaginaria hiciera el trabajo sucio.
Desde entonces las defensas usan una regla de una forma para la que no fue diseñada. Porque si de trampas hablamos, la gambeta es una trampa. El amague es otra. El pase filtrado también y ni hablar del cambio de frente o de fingir que uno va hacia un lado para salir hacia el otro. En buena medida, el fútbol consiste en conseguir que el contrario crea una cosa mientras uno hace otra. Un buen amigo me dijo un día jugando un picadito, algo desesperado, por cierto: "no hagas lo evidente". Y sí, el fútbol se trata de eso, y de meter la mayor cantidad de goles.
Ahora tenemos tecnología, videos, porcentajes de posesión, etc. Todo eso puede ser fascinante, pero hay algo que sigue siendo sencillo: dos equipos, una pelota y dos arcos. El que mete más veces la pelota, gana.
Cuando éramos niños funcionaba así. Si uno estaba cerca del arco contrario, estaba cerca del arco contrario. Punto. Nadie decía: "por favor, retrocede tres metros porque estás afectando el equilibrio táctico del partido". El que recibía la bola solo pensaba en hacer gol y si alguien gritaba "¡offside!", lo más probable es que otro contestara "¡calla, cojudo! ¡no hay offside!", y el partido continuaba. ¡Eso es fútbol!
Por eso, no termino de entender por qué no hacemos todo lo posible para que haya más goles. Nadie dice, "qué 0-0 tan memorable". En cambio, un 4-3 puede quedar en la historia. La gente sale hablando del gol. Del golazo. Del gol en el último minuto. Del abrazo de gol.
Yo no cambiaría el offside. Eliminarlo abriría la cancha de una manera que hoy no podemos prever del todo. Habría equipos defensivos, otros que presionarían arriba. Probablemente habría más goles. O quizás no. Los defensores tendrían que marcar, correr, anticipar. Mirar al delantero en lugar de mirar al juez de línea. Justamente por eso habría que probar.
Porque el fútbol no necesita ser justo todo el tiempo ni llegar a extremos. Necesita ser emocionante. Quizá hemos confundido demasiado el fútbol con las reglas del fútbol.
El fútbol existía antes que sus reglamentos y mucho antes que el VAR. Existe desde que alguien pateó una pelota y otro salió corriendo detrás. Y quizá deberíamos volver, aunque sea por un rato, a ese lugar. Sin trampas. Bueno, con todas las trampas posibles. Menos una. (O)