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La huella digital: el activo invisible que puede transformar a las pymes ecuatorianas

Camilo MIer

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Fortalecer el ecosistema de la mano de la banca, eliminando la incertidumbre operativa, será la diferencia definitiva para impulsar a nuestras pymes a dar el salto definitivo hacia un crecimiento sostenible, competitivo y global.

3 Julio de 2026 16.09

Las pequeñas y medianas empresas no son un segmento más de la economía ecuatoriana; son su columna vertebral. Según el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), cerca del 98% del tejido empresarial de nuestro país está compuesto por mipymes. Su peso es determinante para el empleo, la actividad productiva y la resiliencia económica del Ecuador. Sin embargo, esta innegable relevancia histórica no siempre se traduce en igualdad de oportunidades para crecer.

Durante décadas, el crecimiento de los negocios ha estado condicionado por barreras invisibles. La primera de ellas ocurre casa adentro: el acceso al financiamiento. En una región donde el efectivo ha sido tradicionalmente el protagonista, la falta de trazabilidad borra el esfuerzo diario de los emprendedores. El efectivo tiene una limitación clara: no deja historia. Un negocio puede vender todos los días y, aun así, tener dificultades para demostrar su comportamiento financiero real ante el sistema.

Aquí es donde aparece un activo intangible pero revolucionario: la huella digital financiera. Cuando un comercio, de la mano de su institución financiera, empieza a cobrar digitalmente, a recibir pagos en una cuenta y a formalizar sus procesos, comienza a encender una luz sobre su operación. Esa historia matemática es la plataforma que le permite expandirse, comprar un segundo local, ampliar inventario o invertir en equipos.

Tradicionalmente, se pensaba que la digitalización local era el techo para un negocio pequeño y que la internacionalización era un paso exclusivo para las grandes corporaciones. Hoy, la realidad del mercado ha derribado ese mito. En una economía hiperconectada, las pymes ecuatorianas se globalizan mucho antes de alcanzar su madurez corporativa: ya sea porque importan insumos directamente, porque venden a través de canales de comercio electrónico o porque pagan herramientas de software y servidores en la nube. Lo transfronterizo ya es parte de su día a día. De hecho, datos de FXC Intelligence y Mastercard revelan que más del 40% de todas las operaciones de pago por importación en América Latina son realizadas por pymes, y se proyecta que este flujo crezca un 25% para el año 2030.

Es justamente en esta etapa de expansión temprana donde el ecosistema financiero tiene la gran oportunidad de acompañar a estas pymes, asegurando que la huella digital que construyeron en su mercado local se extienda con la misma fuerza cuando interactúan con el mundo.

El desafío actual no es la falta de voluntad, sino la complejidad operativa. Para gestionar sus flujos internacionales, muchos empresarios terminan construyendo de forma empírica una capa informal y manual de operaciones: correos cruzados, hojas de cálculo y re-digitación de datos para conciliar los tiempos de los procesos internacionales.

Según el estudio cualitativo y orientativo de Mastercard y FXC Intelligence, basado en 41 entrevistas a pymes en México, Brasil y Colombia, procesar un pago transfronterizo bajo estos esquemas manuales puede costarle a una pyme cerca de dos horas de trabajo administrativo; un tiempo que se eleva a 3.5 horas si la transacción requiere validaciones adicionales. No conocer con total precisión los tiempos de acreditación, el desglose de comisiones o el tipo de cambio final genera un desgaste en la planificación de los negocios. De hecho, el 75% de las pymes afirma que esta falta de visibilidad en tiempo real afecta directamente la gestión de su capital de trabajo, obligándolas a congelar fondos de reserva innecesarios que bien podrían estar destinados a la innovación o al empleo.

El verdadero valor de robustecer la huella digital, por lo tanto, no se limita a modernizar la forma de cobrar en el mostrador local. Se trata de dar trazabilidad, predictibilidad y eficiencia a las ambiciones globales de los pequeños negocios.

Para el sector financiero, atender esta necesidad es una prioridad estratégica de fidelización. Las pymes ya no eligen a sus aliados financieros basándose únicamente en la tasa de interés; hoy priorizan la confianza (35%), la velocidad (34%) y la transparencia (28%). Las pymes valoran la relación a largo plazo con sus bancos, pero buscan flujos monetarios cada vez más ágiles. Un estudio reciente de Mastercard y FXC Intelligence revela que el 90% de las pymes consultadas considerarían cambiar de proveedor de pagos transfronterizos si encuentran un proveedor con mejor previsibilidad, visibilidad del pago, tasa de excepciones y claridad sobre el monto neto recibido. Proteger este volumen transfronterizo es vital para la salud del ecosistema formal.

Ecuador tiene una oportunidad de oro. Contamos con una conectividad madura en gran parte del territorio y un sistema financiero sólido que goza de la confianza del público. El siguiente paso es potenciar el ecosistema a través de la co-creación y la adopción de herramientas avanzadas de orquestación global (como Mastercard Move). Estas soluciones permiten a las entidades financieras ofrecer a sus clientes pymes un rastreo de extremo a extremo, liquidaciones predecibles y costos claros desde el primer clic, sin necesidad de rediseñar toda su infraestructura interna.

La huella digital financiera es invisible, pero su impacto en el desarrollo del Ecuador es sumamente tangible. Fortalecer el ecosistema de la mano de la banca, eliminando la incertidumbre operativa, será la diferencia definitiva para impulsar a nuestras pymes a dar el salto definitivo hacia un crecimiento sostenible, competitivo y global. (O)

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