Forbes Ecuador
Columnistas

Magnific

Más allá de las pantallas: Los ingenieros que sostendrán la infraestructura del siglo XXI

Diego Buenaño

Share

La próxima revolución industrial no será meramente digital ni exclusivamente energética. Será la convergencia entre ambas. Y esa convergencia necesitará profesionales capaces de conectar dos mundos que durante décadas enseñamos por separado.

3 Julio de 2026 15.10

Durante los últimos dos años hemos hablado mucho sobre inteligencia artificial, algoritmos, automatización y transformación digital. Parecería que el futuro pertenece particularmente a los algoritmos. Sin embargo, hay una pregunta que escucho muy pocas veces: ¿quién construirá la infraestructura física que hará posible ese futuro?

Existe una paradoja interesante. Mientras la conversación pública gira alrededor de la inteligencia artificial, el mundo enfrenta una creciente necesidad de profesionales capaces de diseñar redes eléctricas, desarrollar sistemas de automatización, construir maquinaria inteligente, integrar energías renovables y hacer funcionar la infraestructura industrial sobre la que descansa la economía digital.

No existe inteligencia artificial sin electricidad. No existen centros de datos sin sistemas de potencia. No existe manufactura inteligente sin automatización. Tampoco habrá transición energética sin ingenieros capaces de convertir las grandes estrategias climáticas en proyectos reales.

En los últimos años se ha instalado la idea de que las profesiones del futuro serían exclusivamente aquellas vinculadas a los algoritmos, la programación o los datos. La realidad comienza a mostrar un escenario mucho más complejo. Hoy la revolución tecnológica está devolviendo protagonismo a disciplinas que algunos consideraban tradicionales, pero que, en realidad, se están transformando aceleradamente.

La Agencia Internacional de Energía estima que las inversiones mundiales en infraestructura energética continúan creciendo impulsadas por la electrificación de la economía, las energías renovables, el almacenamiento de energía y la expansión de los centros de datos. Paralelamente, el Foro Económico Mundial identifica la transición energética y la inversión en infraestructura como dos de los principales motores de creación de empleo durante esta década.

América Latina tampoco es ajena a esta realidad. La región avanza en proyectos de transmisión eléctrica, movilidad sostenible, generación renovable, automatización industrial y modernización de sus sistemas productivos. Organismos como OLADE y Ember coinciden en que Latinoamérica posee una de las matrices energéticas más limpias del planeta, pero también uno de los mayores desafíos para ampliar y modernizar la infraestructura que sostendrá ese crecimiento.

Detrás de cada uno de estos proyectos hay un denominador común: el talento humano.

Resulta curioso que muchas veces imaginemos la innovación únicamente como el desarrollo de nuevas aplicaciones digitales. No obstante, buena parte de las innovaciones que marcarán la próxima década dependerán de disciplinas donde convergen el mundo físico y el digital. Los vehículos eléctricos, las fábricas inteligentes, los robots colaborativos, las redes eléctricas inteligentes o los sistemas industriales impulsados por inteligencia artificial requieren profesionales capaces de comprender simultáneamente la mecánica, la electricidad, los datos y el software.

La inteligencia artificial, lejos de reemplazar a estas profesiones, probablemente aumentará su valor. Un algoritmo puede optimizar el diseño de una pieza mecánica, simular el comportamiento de una estructura o proponer mejoras para una red eléctrica. Lo que todavía no puede hacer es asumir la responsabilidad técnica de construir infraestructura segura, integrar sistemas complejos o responder por decisiones que afectan directamente a millones de personas.

Esta transformación también debería hacernos reflexionar sobre el papel de las universidades. Durante demasiado tiempo el debate sobre la educación superior se concentró en incorporar más tecnología a las aulas. Sin duda, ese esfuerzo es necesario. Pero quizá la conversación más importante sea otra: ¿estamos formando el talento que demandará la infraestructura del siglo XXI? Algunas instituciones ya están respondiendo a esta interrogante.

Las universidades no deberían abrir programas académicos solo porque una profesión está de moda ni porque existe una demanda coyuntural del mercado. Su responsabilidad es mucho más profunda: anticipar las capacidades que una sociedad necesitará dentro de diez o quince años.

En ese contexto, la apertura de Ingeniería Mecánica e Ingeniería Eléctrica en la Universidad de Las Américas (UDLA) responde a una lectura estratégica del momento que vive el país y la región. No se trata de recuperar carreras tradicionales, sino de proyectarlas hacia los desafíos de la transición energética, la automatización industrial, la manufactura avanzada y la infraestructura tecnológica que sostendrá la economía digital. El enfoque de esta nueva oferta académica busca formar ingenieros capaces de integrar conocimiento técnico, pensamiento sistémico, sostenibilidad, uso de tecnologías emergentes y vinculación con problemas reales del sector productivo. Porque el país no solo necesita usuarios de tecnología; necesita profesionales capaces de diseñarla, implementarla y mantenerla funcionando en el mundo real.

Eso implica mirar más allá de las tendencias pasajeras y comprender que la transformación digital no ocurre únicamente dentro de una pantalla. También sucede en una planta industrial, en una central eléctrica, en un sistema de transporte, en un hospital, en una ciudad inteligente o en cualquier espacio donde la tecnología interactúa con el mundo físico.

Quizá ese sea el verdadero cambio de paradigma que estamos viviendo. La próxima revolución industrial no será meramente digital ni exclusivamente energética. Será la convergencia entre ambas. Y esa convergencia necesitará profesionales capaces de conectar dos mundos que durante décadas enseñamos por separado. Porque el futuro será, sin duda, cada vez más inteligente. Pero antes de ser inteligente, tendrá que ser construido. (O)

10