La geo economía es un fenómeno planetario, representa un nuevo espacio de competición comercial entre las naciones y que a decir de Pascal Lorot, se ha convertido en un método de análisis de la acción internacional de las principales potencias que buscan nuevos campos de maniobra dentro de su rivalidad para lograr el dominio del mar y convertirlo en uno de los principales factores de poder nacional.
El mar es, por tanto, un segmento importante del comercio global basado en cadenas de suministro y abastecimiento a través de nodos logísticos que sostienen la convergencia de líneas de comunicación marítima que facilitan el transporte de mercaderías a una economía de escala a nivel global.
En esta perspectiva del poder marítimo, la prosperidad y la influencia internacional de un Estado se obtienen por el control del mar, porque "quien domina el mar, domina el comercio, y quien es señor del comercio del mundo es dueño y señor de la riqueza del mundo". Axioma de Walter Raleigh que mantiene plena vigencia y es aplicable en el contexto de la rivalidad estratégica entre Estados Unidos y China.
En este marco, el proyecto Transpacífica Partnership (TPP) y el posterior Acuerdo Transpacífico, trasciende la dimensión comercial que da a China preponderancia como segundo socio comercial latinoamericano, que alcanza 581.000 millones de dólares, además del significado geopolítico para fortalecer la integración e intercambio económico entre los Estados ribereños del Pacífico: Los Ángeles, Long Beach, Manzanillo, Balboa, Colon, Buenaventura, Posorja, Guayaquil, Callao y Chancay
Paralelamente, la consolidación de un nodo logístico conformado por los puertos de Balboa y Colón, en Panamá, junto con el puerto de Chancay, en Perú, configura una infraestructura marítima de gran valor estratégico para conexión de la mega Iniciativa China de la franja y la ruta BRI, con el comercio transpacífico y las cadenas globales de suministro.
Desde una perspectiva oceanopolítica, estos puertos constituyen puntos de articulación entre el Atlántico con la Ruta de la Seda y los puertos del Pacifico occidental, facilitando el movimiento de mercancías, el abastecimiento logístico y la conectividad interoceánica.
De esta manera el valor geoeconomico del litoral pacífico sudamericano estará dado por la integración con los mercados de América Latina con el Asia y se fortalecerán las capacidades logísticas hacia ambos océanos; tema trascendental para la estrategia naval, debido a la importancia de este nodo logístico, por su capacidad para proporcionar profundidad estratégica, cuando sea necesario para las operaciones marítimas en el Indo-Pacífico.
Otro aspecto fundamental a ser considerado es la configuración espacial de un supuesto teatro marítimo, en vista de que los puertos de Panamá y Chancay pueden considerarse, como una retaguardia logística de la denominada tercera cadena de seguridad insular, integrada por Hawái, Samoa, Fiyi y Nueva Caledonia. Red de islas como un sistema de apoyo que facilita la protección de las líneas de comunicación marítimas y la proyección del poder naval hacia el Indo pacifico de prioridad para la estrategia de seguridad de los Estados Unidos.
Sin perder de vista sobre la profundidad estratégica, como un concepto esencial de la estrategia marítima; ninguna operación naval de larga duración puede sostenerse únicamente mediante fuerzas desplegadas en primera línea; requiere puertos, infraestructura, mantenimiento, abastecimiento de combustible, reparación de unidades navales y una red logística capaz de sostener el esfuerzo operacional.
Visión prospectiva dual de China para la conformación del eje Panamá–Chancay para ampliar las opciones logísticas, para el tránsito comercial y especialmente para el momento que se requiera transformar el escenario marítimo en un Teatro de Operaciones Navales para situaciones de crisis o conflicto, habiéndose reforzado la capacidad de sostenimiento de las líneas de comunicación marítima transpacíficas.
La relevancia de esta infraestructura también debe analizarse en el contexto de la creciente competencia entre Estados Unidos y China por el control de los espacios marítimos del Indo-Pacífico.
Mientras Estados Unidos con su tradicional talasocracia, procura preservar la libertad de navegación y la seguridad de las rutas comerciales mediante alianzas y una presencia naval permanente, China mientras tanto, impulsa una estrategia de expansión geoeconómica basada en inversiones portuarias, como en Panamá, Perú, Brasil y la infraestructura marítima; con lo cual los puertos latinoamericanos adquieren un doble valor: económico, por facilitar el comercio internacional, y estratégico, por su potencial para influir en la conectividad y capacidad de adaptación de las cadenas logísticas ante situaciones adversas.
Bajo esta consideración, desde la óptica de Mahan, el poder marítimo no depende exclusivamente del tamaño de la flota, sino de la integración entre comercio, infraestructura portuaria, industria tecnológica naval, capacidad logística y protección naval. En este sentido, la articulación de Panamá y Chancay fortalece y amplía la dimensión oceánica de América Latina, incrementando y convirtiendo al Pacífico sudamericano en un componente cada vez más relevante del equilibrio marítimo global, como eje geoestratégico vital que salvaguarda rutas de abastecimiento y protección del Canal de Panamá como ya se experimentó durante la Segunda Guerra Mundial.
En conclusión, la configuración del eje logístico Panamá Chancay representa mucho más que un corredor comercial. Constituye una expresión contemporánea del pensamiento de Mahan, al demostrar que el control de las rutas marítimas, el fortalecimiento de la infraestructura portuaria y la capacidad de sostener operaciones navales son elementos inseparables del poder nacional y de la estabilidad del Indo-Pacífico.
En perspectiva, la importancia estratégica de estos nodos dependerá de la capacidad de los Estados para integrarlos en una arquitectura de seguridad marítima que garantice la libertad de navegación, la continuidad del comercio y el equilibrio geopolítico en uno de los espacios oceánicos más disputados y de prioridad para la estabilidad y la cooperación internacional. (O)