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Más que seguir escalando el conflicto, lo urgente es negociar. El sector productivo no pide privilegios, pide reglas claras y estabilidad.

1 Abril de 2026 16.13

Mientras los gobiernos escalan aranceles del 30% al 50% y convierten el comercio en un conflicto político, la realidad se vive en otro lado: empresas que cierran y empleos que desaparecen.

El impacto no es teórico. Sectores como el textil, la chocolatería y la galletería ya estaban al límite con el 30%. Hoy, con el 50%, muchos negocios simplemente han dejado de existir.

Aun así, se insiste en que el país saldrá beneficiado. Pensar que el aislamiento genera crecimiento no solo es equivocado, es peligroso. Ningún socio comercial es el enemigo; el comercio bien gestionado siempre suma.

El problema es claro: las decisiones se toman desde lo macro, pero sus efectos recaen en quienes sostienen la economía real. Para el Estado, un sector puede ser un porcentaje; para quienes dependen de él, es su sustento completo.

Más que seguir escalando el conflicto, lo urgente es negociar. El sector productivo no pide privilegios, pide reglas claras y estabilidad.

La salida es evidente: retroceder en los aranceles y retomar el diálogo. Porque cuando se presiona a la economía real, no hay ganadores, solo pérdidas. (O)

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