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Los beneficios para Ecuador podrían resultar efímeros. Los recargos estadounidenses ya enfrentaban desafíos legales y posiblemente habrían expirado de forma independiente en julio 2026, mientras que las concesiones ecuatorianas son permanentes.

27 Marzo de 2026 16.47

El Acuerdo de Comercio Recíproco (ACR), suscrito entre Ecuador y Estados Unidos el 13 de marzo de 2026, marca un giro significativo en la relación bilateral. Mientras el gobierno ecuatoriano presenta el acuerdo como un paso necesario hacia la modernización y un alivio frente a aranceles punitivos, la realidad estructural revela un intercambio desigual: Ecuador ha abierto ampliamente su mercado a cambio de concesiones limitadas y, en algunos casos, potencialmente temporales. El resultado es un panorama complejo, donde la reducción de costos de insumos convive con mayores presiones competitivas y cambios relevantes en materia laboral y regulatoria.

El beneficio más inmediato destacado por la administración ecuatoriana es la eliminación de los recargos del 10% impuestos por Estados Unidos a inicios de 2025, los cuales afectaban a más del 60% de las exportaciones ecuatorianas. Sin embargo, el alcance real de este alivio es concentrado: cerca del 80% de los beneficios del ACR se enfocan en el sector florícola.

Más allá de este aspecto específico, el acuerdo podría facilitar la modernización de la base productiva del país al reducir los costos de importación de maquinaria, insumos intermedios y bienes de capital provenientes de Estados Unidos. Para las empresas locales, esto se traduciría en mejoras en eficiencia tecnológica y menores costos operativos, especialmente en industrias dependientes de equipos y tecnología de origen estadounidense.

La principal asimetría del ACR radica en el desequilibrio en la apertura de mercados. Ecuador se ha comprometido a otorgar trato preferencial al 87% de sus líneas arancelarias, que representan el 96% del valor total del comercio. En contraste, Estados Unidos ha concentrado sus concesiones únicamente en el 15% de los productos afectados por los recargos de 2025, lo que implica que su mercado permanece más cerrado para Ecuador que antes de la imposición de dichos aranceles.

Esta disparidad es particularmente evidente en el sector agrícola. Ecuador deberá otorgar acceso preferencial a más del 90% de los productos estadounidenses, incluyendo soya, frutas, frutos secos y bebidas alcohólicas. Los productores locales de cerdo, pollo y carne bovina enfrentan una amenaza considerable, ya que el acuerdo contempla la eliminación progresiva de aranceles a las carnes estadounidenses en un plazo de cuatro años. 

El temor en el sector es claro: competir con los menores costos de producción de Estados Unidos podría derivar en quiebras de pequeños productores y disrupciones en cadenas clave como la del maíz. A esto se suma la eliminación del Sistema de Franja de Precios y el reconocimiento de estándares sanitarios estadounidenses, que suelen ser menos exigentes que los previamente alineados con Europa.

Un componente crítico del acuerdo es la transformación del marco laboral ecuatoriano para alinearlo con estándares internacionales. El ACR exige reducir el número mínimo de trabajadores necesarios para formar un sindicato —actualmente fijado en 30— y permite la creación de sindicatos sectoriales o por rama que puedan negociar colectivamente entre distintas empresas. Si bien estas reformas buscan fortalecer la protección de los derechos laborales, también introducen riesgos significativos para el sector privado. Se advierte que podrían surgir “excesos” en las demandas sindicales, elevando los costos laborales por encima de la capacidad financiera de algunas empresas. En conjunto, estos cambios apuntan a un mayor riesgo de conflictos laborales y a una posible expansión de la informalidad empresarial.

El acuerdo también obliga a Ecuador a levantar restricciones históricas sobre bienes remanufacturados y de segunda mano, como vehículos usados, textiles y calzado. Se trata de una concesión significativa que no fue incluida en acuerdos previos con la Unión Europea, China o Corea del Sur, y que podría afectar a sectores industriales locales. Adicionalmente, Ecuador ha aceptado un principio de “reciprocidad” en bloques comerciales, lo que implica replicar prohibiciones estadounidenses sobre productos de terceros países cuando estos sean considerados un riesgo para la seguridad por parte de Washington.

Finalmente, los beneficios para Ecuador podrían resultar efímeros. Los recargos estadounidenses ya enfrentaban desafíos legales y posiblemente habrían expirado de forma independiente en julio 2026, mientras que las concesiones ecuatorianas son permanentes. (O)

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