La conversación está marcada por conceptos y anécdotas. Luis Villacrés Smith habla sobre la sabiduría de El Quijote, pero también sobre sus cuatro hijos. Cuenta la historia de la firma que dirige y su estilo para los negocios; se engancha con los detalles sobre los dos refugios que tiene y a los que acude para desconectarse. Recuerda el enamoramiento con su esposa, los cinco años de enamorados y los 54 de matrimonio. Dice que el acero es el alma de toda construcción. No le gusta estar ante los micrófonos y las cámaras. Es sincero y directo, sin poses, pero con una voz firme y una mirada que imponen respeto.
Es una mañana de mediados de julio de 2026 y el presidente del directorio de Novacero, una de las principales empresas del sector de la construcción en el país, habla con Forbes Ecuador. Primero lo hace en las oficinas de la empresa, ubicadas en el sector Santa Leonor, en el norte de Guayaquil. Por la ventana de su oficina se observan los aviones y las avionetas que aterrizan en el aeropuerto, así como los buses interprovinciales que bajan las rampas de la terminal terrestre. En esta sede de la compañía el movimiento es algo más tranquilo si se compara con el ritmo de la planta de la empresa en la vía a Daule, donde conversamos por segunda ocasión, de manera más distendida, luego de un almuerzo que incluyó ceviche de camarón, seco de chivo, cheesecake, jugo de naranja y un café bien cargado.
En ambos espacios Villacrés conversa con seriedad y algo de timidez, con un cierto recelo al micrófono que registra su testimonio. “Siempre he sido low profile”, dice en un momento de la plática. Él está al frente de una empresa que en 2025 registró ingresos por US$ 389,5 millones y una nómina de 1.404 colaboradores. Las varillas, los techos, los productos laminados, las tuberías y más artículos son parte de la historia de la compañía.

Novacero, dice Villacrés, es más que números. “Es una historia de éxitos que se han logrado pulso a pulso, año a año. Es una consecución de metas que nos hemos propuesto y que hemos alcanzado con el capital más valioso que tenemos: la gente”.
La empresa está posicionada dentro de la industria del acero en Ecuador. En su crecimiento se encuentran pilares como la innovación, la calidad, la sostenibilidad y la confianza de los clientes. Además, las inversiones son permanentes en sus plantas de Lasso, Quito y Guayaquil. El enfoque, según explica, es modernizar de manera constante los procesos productivos, ampliar capacidades y consolidar la competitividad de los productos.

La empresa que dirige Villacrés se fundó en julio de 1973, como parte del grupo multinacional Armco; empezó en el negocio de productos viales como guardavías, con una planta industrial en Quito. Diez años después levantó una segunda planta en Lasso, en Cotopaxi. Este espacio sirve para fabricar productos laminados en caliente (ángulos, platinas, barras, etc.) y productos en frío, como tuberías y perfiles.
En 1986 incursionó en el negocio de cubiertas. Eran años de crecimiento, un desarrollo en el que hubo un punto de quiebre, pero no de freno. En 1992 Armco vendió sus operaciones en Ecuador al grupo suizo Eternit y dos años después la compañía fue vendida a accionistas nacionales. Allí entra en escena Villacrés quien dice que los inicios de la década de 1990 eran años muy competidos en la industria, mientras el mundo respiraba optimismo.
El acero, los inicios y la visión de la empresa
Durante la entrevista surge una pregunta: ¿qué significa la construcción para Luis Villacrés? Él responde señalando que en la historia de la humanidad el hombre, durante siglos, siempre ha tenido que construir. “Es una necesidad permanente. Hay que levantar viviendas porque la población crece. Las empresas crecen, la infraestructura también y en ese crecimiento está siempre el acero, que es fortaleza, el alma de toda construcción”.
Hace una pausa y continúa. Señala que la filosofía de la empresa es procurar darles a los clientes los materiales más seguros, más confiables y de mejor calidad, “porque cuando se construye algo, se construye para siempre”.
Villacrés, padre de cuatro hijos y abuelo de 12 nietos, repasa los logros y habla con modestia, pero también con orgullo. “Comenzamos pequeños y la magia fue multiplicar los logros, hemos crecido 20 veces en volumen. Somos los nuevos del barrio en el negocio del acero, porque en el mercado hay empresas que son mucho más antiguas con una participación de mercado superior”.

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