En la planta de Hortana, ubicada en Pifo, en el oriente de Quito, todos los empleados visten batas blancas, mascarillas y cofias. Ellos empacan en bolsas plásticas zanahorias, rábanos, tomates, lechugas y otros vegetales que tienen como destino perchas de supermercados y cocinas de restaurantes.
Las baby carrots, uno de los productos icónicos de la firma, se cosechan en una parte de las 100 hectáreas que tiene la empresa repartida en la parroquia Pifo y en sembríos de agricultores que son socios estratégicos.
El trabajo empieza con el alba y uno de los momentos clave ocurre a las 10:00, cuando las zanahorias cosechadas se despachan en camiones pequeños. Luego pasan por un proceso de lavado y secado en centrífugas industriales. Después llegan a una procesadora que les da la forma de deditos. Esa es la parte fácil.
La tarea más desafiante comienza con los empacadores. Ellos se encargan de escoger las zanahorias una por una y ponerlas en empaques transparentes. Así se evitan imperfecciones y se asegura que el peso sea adecuado. Luego los paquetes pasan por una selladora y están listos para consumirse.
Este proceso minucioso y estandarizado se interrumpe cada 15 minutos con el sonido de una alarma. Cada vez que ven el titileo de las luces rojas los trabajadores de la planta saben que debe parar su trabajo para ir a lavarse las manos.
Esta operación y más procesos son liderados por el CEO de la empresa, Charles Gordillo, quien lleva 11 meses con la compañía. Este ejecutivo cuenta la estrategia que está aplicando en la empresa que suma cerca de 200 productos, genera empleo para 300 personas y que el año pasado tuvo ingresos por ventas de US$ 8,75 millones, según la Superintendencia de Compañías, Valores y Seguros.

Nuevos canales
La empresa tiene dos líneas de negocios. En la primera ofrece artículos como tomates cherry, apios, cebolla, rábano baby zanahorias, manzanas rebanadas, entre otros. En la segunda línea la oferta es productos listos para consumir como ensaladas, snacks para loncheras y otros. Ahí es donde Gordillo enfoca su tarea.
El ejecutivo lojano quiere expandir la línea de productos elaborados y comenzar a vender las hortalizas en tiendas más pequeñas. "Nuestra meta es ofrecer algo extra con nuestros productos. Ahí es donde está el futuro de nuestra empresa", dice este CEO de 44 años.
Gordillo recibió a Forbes Ecuador en la planta de Pifo, donde tiene su base de operaciones y en las que se invirtieron US$ 7 millones en 2020. Cuenta que Hortana se originó 1995 como un proyecto familiar. Desde ese año la empresa fue creciendo de manera orgánica y 25 años después cambió de dueños.
Su producto emblema es la lechuga, de la cual tiene 10 tipos diferentes. Cada semana la firma entrega 75.000 lechugas a sus clientes, según el jefe de operaciones de campo, Sebastián Alvear. Esta hortaliza representa el 50 % de todos los ingresos de la compañía. Luego destacan los tomates cherry, las cebollas, rábanos, pimiento y apio.
Las inversiones están en ejecución
La agricultura a escala mayor no es fácil. Además de lidiar con plagas, el cambio climático y una corta vida útil de ciertos productos, también es necesario innovar. Para eso, las inversiones son fundamentales.
Este año sus accionistas invirtieron cerca de US$ 1 millón para la adquisición de nuevos equipos, procesos, productos y departamentos. La firma desarrolló un departamento de comercio exterior, uno de inversión de ahorros y otro de investigación. Eventualmente quieren establecer un laboratorio propio, indica Gordillo, quien estudió Ingeniería Química en la Escuela Politécnica Nacional y tiene un máster en gestión de cadena de suministros de la Universidad Politécnica de Catalunya.
"Confío mucho en la gente, especialmente en la que tiene esa chispa interna y quiere hacer algo diferente. Busco a gente que esté motivada y se mueva", cuenta mientras recorre la planta y añade que la compañía procesa 20 millones de unidades al año entre todos sus productos.
Para cumplir las metas, Gordillo no descuida el tema de los precios. "Como tenemos costos operativos altos nuestros productos tienen un precio elevado", explica. "Cuando se trata de commodities la única manera de competir es por precio y es difícil ganar cuando no hay una diferencia visible entre una lechuga y otra".
La empresa importa 350.000 semillas a la semana principalmente de Estados Unidos, Países Bajos y Japón. Para eso invierte cerca de US$ 200.000 al año.

Mirando hacia el futuro, el CEO está buscando diversificar sus productos elaborados y empezar a ofrecer su presencia en el exterior. Europa, Asia y Estados Unidos están en la mira.
Mientras tanto la firma se dedica a cuidar la relación con sus aproximados 300 clientes, que incluyen principalmente restaurantes y cadenas de supermercados. (I)