La solución de seguridad que se vende en EE.UU., Europa, Australia y Amazon
El ecuatoriano José Lecaro convirtió el miedo al robo en una oportunidad de negocio que hoy escala con ventas cercanas a US$ 1 millón. Creó ClutchLoop para proteger celulares.

En esta época, el celular no es solo un dispositivo, es mucho más que eso. Ahí están fotos, videos, contactos, cuentas bancarias, tarjetas, identidad digital y memorias que no se repiten. Cuando el teléfono se pierde, o lo roban, todo esto desaparece.

En eventos masivos, como festivales de música, donde el caos es parte de la experiencia el riesgo se multiplica. Y es justamente ahí donde nace ClutchLoop, una solución diseñada para proteger este activo valioso sin interrumpir el disfrute del momento. Desde Buenos Aires, donde hoy vive José Lecaro contó a Forbes como se consolidó este emprendimiento.

Todo empezó por una coincidencia. Arron Tsipis, amigo de un amigo de José Lecaro viajó a Ecuador de vacaciones. “La conexión fue inmediata. Poco después fui a visitarlo con la idea de quedarme dos semanas, que se volvieron meses. “Cuando llegué, Arron estaba fabricando un sistema artesanal para asegurar su teléfono, porque en el último festival que estuvo se lo robaron”. La oportunidad de negocio vino como un flash a su cabeza. Entre largas conversaciones, pruebas caseras y eventos musicales entendieron que no era un problema aislado.

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Hicieron una pequeña investigación de mercado. Entrevistaron a más de 400 personas y uno de cuatro había perdido su celular en un festival. “Si te roban el teléfono ya te amargas, por todo lo que tienes ahí”.

Cuando cuidar lo simple se vuelve negocio

Así nació ClutchLoop. No como una startup tecnológica compleja, sino como una solución simple, funcional y escalable. Un anclaje con adhesivo, un cable de acero trenzado recubierto con material resistente a cortes y un mosquetón que se fija a la ropa, cinturón o bolso. La innovación no estaba en la sofisticación, sino en entender con precisión el problema.

La primera versión salió en febrero de 2022, justo antes del Okeechobee Music & Arts Festival. Fabricaron 250 unidades a mano en seis días. La inversión inicial fue de US$ 3.000. Grabaron un video que alcanzó 15.000 visualizaciones. “No vendimos ni uno”. 

 Lejos de desanimarse optaron por ir carpa por carpa. Ese contacto directo cambió la historia. Les compraron 50 unidades a US$ 25 cada una. En junio cerraron con US$ 500 en ventas. El panorama aún era incierto, pero una frase definió el ritmo del proyecto. “Si lo tratamos como un emprendimiento pequeño, será eso. Pero si lo tratamos como una empresa de millones, lo vamos a conseguir”.

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Ese cambio de mentalidad fue decisivo. Elaboraron el business plan y construyeron la marca. Apostaron por diseño, estética e influencers como canal de distribución. En julio vendieron US$ 4.000, en octubre, US$ 21.300. Terminaron 2022 con US$ 75.000 en ventas.

En 2023, ClutchLoop dejó de ser solo un producto para convertirse en una marca. Se enfocaron en los grandes festivales —algunos con más de 300.000 asistentes— y entendieron que la decisión de comprar no estaba solo en la seguridad, sino por lo que representaba, disfrutar sin sustos.

Diseñaron ediciones especiales según la temática de cada festival, crearon personajes ilustrados, sumaron pins y construyeron identidad. Empezaron a contar historias. Cerraron el año con US$ 400.000 en ventas.

En 2024, la empresa escaló en distribución, entró a tiendas físicas y cerró con US$ 800.000 en ventas. Un solo festival en Ohio compró US$ 150.000 en producto para incluirlo con la entrada. Solo en Estados Unidos cerca de 30 millones de personas asisten cada año a estos eventos, según un reporte de de ZipDo, una plataforma que ofrece informes basados en recopilación de datos y estudios sobre varios temas. En este mercado ese emprendimiento se consolidó como una respuesta simple a un gran problema. “Llegamos a la gente con el mensaje de que estamos cuidando tus memorias”.

El gran acelerador llegó en 2025 con Amazon. Invirtieron alrededor de US$ 3.000 mensuales en asesoría especializada y las ventas se dispararon. Ese año comercializaron más de 30.000 unidades, ahora a US$ 30 cada una.  Además, abrieron una tienda física en Australia y empezaron a vender en algunos países de Europa. En 2025 los ingresos fueron cercanos a US$ 1 millón

 José Lecaro comenta que no todo fue crecimiento. Las copias y réplicas les costó cerca del 15 % del mercado en 2025. Hoy exploran en nuevas versiones con más seguridad. 

El camino del emprendedor

La historia de este guayaquileño de 28 años empieza mucho antes. Estudió en el colegio Torremar y desde niño su pasión fue el velerismo. “Eso me dio una mente nómada, independencia. Era muy inquieto y creativo”.

Al llegar a la Universidad Carlos III en Madrid para estudiar ingeniería industrial, enfrentó su primer gran tropiezo. “Me sentí literalmente un tonto. Reprobé nueve de las diez materias. Volví a Guayaquil derrotado, pero decidido a que lo que hiciera tenía que gustarme”.

Antes desarrolló proyectos pequeños. Con US$ 700 creó Ímpetu, para diseñar y fabricar piezas y muebles de resina epóxica. En un año ganó US$ 10.000 y cerró el negocio.

Durante la pandemia, vendió mancuernas de ejercicio por Instagram. En cuatro meses facturó más de US$ 5.000. En este proceso una frase de Alberto Einstein terminó de ordenar sus ideas. “Si juzgas al pez por su habilidad para trepar árboles, vivirá toda su vida creyendo que es inútil”.

Entendió que necesitaba estabilidad. Envió cientos de correos buscando un trabajo. “Conseguí un trabajo remoto en Azavista, una empresa holandesa para eventos. Mi salario era más o menos de US$ 1.500 mensuales. Luego estuve en Virtuagym, un proveedor global de software de salud y fitness. “Esas experiencias me permitieron creer que yo podía”.

Nómada digital por curiosidad, ha vivido en más de cinco países. Hoy está en Argentina, por su novia, aunque su objetivo es radicarse en Madrid, España.

ClutchLoop no nació como una startup tecnológica, sino como una solución funcional, casi artesanal, desarrollada en un garaje. Su innovación está en la claridad del problema. En entender que, en medio de la música, las luces y la multitud, uno quiere levantar su celular, capturar el momento y saber que sus memorias están a salvo. Lo demás es historia. (I)