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(Foto de VCG/VCG vía Getty Images)

Cuál es el peligro de convertir el espacio en un campo de batalla: una guerra sin ganadores posibles

Adam Frank Contribuyente

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El uso de armas antisatélite amenaza con desatar una reacción en cadena de basura espacial que pondría en riesgo comunicaciones, monitoreo climático y futuras misiones fuera de la Tierra.

2 Junio de 2026 10.12

"Un gran conflicto para la humanidad". Ese fue el nombre de una mesa redonda en la que participé en HowTheLightGetsIn, un increíble festival de ciencia y arte en Inglaterra. El tema fue la guerra espacial.

En los últimos años, quedó claro que el espacio se transformó en otro ámbito donde los seres humanos desatan su propensión al conflicto. La descripción del panel presentó esta situación y las preguntas que abre de la siguiente manera:

Estados Unidos probó por primera vez su capacidad para atacar satélites en el espacio en 1985. Rusia ya lo había hecho y, en los últimos años, China e India se sumaron a esa carrera. La tecnología espacial también puede tener repercusiones en la Tierra. Los satélites de Musk respaldaron a Ucrania en su guerra contra Rusia.

¿Debemos reconocer que la exploración espacial en nombre del bien común siempre es una fantasía? Después de todo, los estadounidenses también plantaron su bandera en la Luna. ¿Puede un acuerdo internacional ayudar a preservar la paz, o los más poderosos siempre van a imponer sus propias reglas? ¿O podemos, y debemos, mantener la idea del espacio como una aventura apasionante, capaz de traer beneficios profundos para la humanidad?

Más allá del realismo.

En mi respuesta a estas preguntas, dejé claro que soy realista. Sé que los seres humanos libran guerras. Lo hicimos en todos los ámbitos en los que incursionamos. Eso es, simplemente, lo que muestra la historia. Aun así, admitirlo no cambia que una guerra en el espacio sería una estupidez, en el sentido más profundo de la palabra.

Cohetes, espacio, cohetes espaciales (SE PUEDE USAR) Imagen creada con IA
Foto: Imagen creada con IA

La órbita terrestre baja (LEO, por sus siglas en inglés) es la región del espacio ubicada entre 160 y 1900 kilómetros sobre nosotros. La mayoría de nuestros satélites opera en la LEO y cumple tareas de comunicación, ciencia climática y reconocimiento militar, entre muchas otras. Por eso, es el ámbito más disputado de la guerra espacial. Algunas naciones ya tienen armas antisatélite capaces de atravesar la LEO y destruir satélites enemigos. Ahí está el problema.

En 1978, el científico de la NASA Donald Kessler descubrió que cualquier colisión entre máquinas en órbita podía causar una reacción en cadena peligrosa e imparable. Los restos de un choque inicial se dispersan, lo que provoca nuevas colisiones y todavía más escombros. En poco tiempo, se acumula tal cantidad de desechos que toda la órbita terrestre baja queda inutilizable para los satélites en funcionamiento.

Este es el síndrome de Kessler.

Lo sorprendente es que, con más de 12.000 satélites ya en la órbita terrestre baja, muchos científicos creen que estamos cerca de desatar el Síndrome de Kessler. Sin embargo, si empezáramos a destruir satélites de manera deliberada, prácticamente garantizaríamos que la pesadilla de Kessler se volviera realidad.

Las consecuencias

Dado que incluso pequeños fragmentos de satélites desintegrados serían peligrosos, no habría forma de "limpiar" la órbita terrestre baja. Peor todavía, los desechos del Síndrome de Kessler persistirían durante décadas, incluso siglos. El espacio, a todos los efectos, se volvería inutilizable para nosotros. Hasta podría ser riesgoso lanzar cohetes a través de esa capa de basura espacial. Literalmente, podríamos quedar atrapados en la Tierra.

Ahí es donde aparece la "estupidez".

Satélites, espacio, ciencia (SE PUEDE USAR) Imagen creada con IA
Foto: Imagen creada con IA

Con el Síndrome de Kessler en mente, me parece que la guerra en órbita terrestre baja no es inmoral, sino directamente absurda. Si destruís un tanque, sus restos quedan en el campo de batalla. Si destruís un satélite, se generan miles de fragmentos que viajan a 27.000 km/h. Esos fragmentos no solo amenazan tus propios recursos, es decir, tus satélites, sino que además crean condiciones que impiden su uso de manera permanente. Y eso ocurre sin importar quién "gane" el conflicto.

El Síndrome de Kessler demuestra lo distinta que sería una guerra en órbita frente a cualquier conflicto anterior. La lógica básica de la guerra, capturar territorio y retenerlo, pierde sentido a cientos de kilómetros sobre la Tierra, donde todo está en movimiento. No se puede "mantener" una órbita ni conquistar territorio espacial.

Por eso es hora de actuar con rapidez y decisión para desarrollar nuevos tratados y normas internacionales sobre la militarización del espacio. Como dije, soy realista. Esto no se trata de darnos la mano y cantar Kumbaya. Evitamos las guerras nucleares no porque descubrimos el amor, sino porque entendimos cómo trabajar por el bien común. Hasta ahora, no se libró ninguna batalla espacial.

Ningún satélite fue destruido en un conflicto. Si ahora buscamos acuerdos con determinación, podemos mantener abierta para todos la frontera espacial. Eso sería lo contrario de una estupidez.

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.

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