Hace dos años, Apple abrió a OpenAI uno de los espacios más codiciados de la tecnología de consumo: integró ChatGPT directamente en el sistema operativo del iPhone. El viernes, acudió a un tribunal federal para acusar de robo a esa misma compañía.
La demanda, presentada ante el Tribunal de Distrito del Norte de California, acusa a OpenAI de apropiarse de secretos comerciales y de incumplir acuerdos contractuales. El escrito sostiene, además, que la operación involucró a toda la estructura de la empresa, “desde los integrantes de su equipo técnico hasta su director de hardware”, y que se llevó a cabo en coordinación con socios comerciales.
La historia de la traición probablemente acapare los titulares durante el fin de semana. Sin embargo, el documento judicial revela algo aún más significativo: ofrece el relato más detallado hasta ahora sobre el programa de dispositivos de OpenAI y deja en evidencia la seriedad con la que Apple percibe su avance.
Lo que sostiene la denuncia
La figura central de la demanda es Tang Yew Tan, un diseñador que trabajó durante casi veinticinco años en Apple y participó en el desarrollo de productos como el iPhone y el Apple Watch. Después de abandonar la compañía, Tan cofundó io Products, un estudio de hardware creado junto con Jony Ive. En 2025, OpenAI compró esa empresa por US$ 6.500 millones.
Apple acusa a Tan de haber extraído información confidencial antes de marcharse. Según la denuncia, envió a su correo electrónico personal documentos relacionados con los proveedores de la compañía. De ese modo, habría sacado información interna del entorno protegido de Apple y la habría conservado fuera de los sistemas corporativos.
La demanda sostiene también que Tan ayudó a otros empleados de Apple que estaban considerando incorporarse a OpenAI. En concreto, les habría explicado cómo atravesar los procedimientos de salida de la empresa, es decir, qué controles y trámites debían cumplir al renunciar. Apple interpreta esa conducta como un intento de facilitar la contratación de personal sin despertar sospechas ni dejar rastros innecesarios.

La acusación más grave se refiere a las entrevistas laborales. Según el escrito, Tan pidió a algunos empleados de Apple que se postulaban para trabajar en OpenAI que llevaran a las entrevistas componentes físicos de productos todavía no presentados al público. Entre esas piezas había baterías, placas, y módulos System-in-Package, que integran distintos componentes electrónicos dentro de una misma unidad.
El objetivo, siempre según la denuncia, era que los candidatos mostraran esas piezas durante las entrevistas como ejemplos concretos de su trabajo y de su experiencia técnica. El problema es que no se trataba de componentes comerciales o de productos ya conocidos, sino de hardware interno perteneciente a dispositivos que Apple aún mantenía en secreto.
En otras palabras, Apple sostiene que algunos candidatos habrían sido alentados a sacar de la empresa piezas confidenciales y llevarlas ante OpenAI para demostrar qué estaban desarrollando. La demanda atribuye ese pedido a Tan, aunque eso no significa necesariamente que todos los candidatos lo hayan aceptado o que efectivamente hayan trasladado los componentes.

La demanda también menciona a Chang Liu, un ingeniero eléctrico sénior de sistemas que se incorporó a OpenAI este año. Según Apple, Liu conservó una computadora portátil de la compañía después de dejar su puesto y la utilizó para descargar documentos técnicos confidenciales.
El escrito suma una tercera acusación. Apple sostiene que OpenAI mostró a uno de sus socios fabricantes una técnica patentada por la compañía para el acabado de metales. Además, afirma que OpenAI presentó ese procedimiento como si hubiera sido autorizado por Apple, cuando, según la demanda, no contaba con esa aprobación.
OpenAI rechazó todas las acusaciones. “No nos interesan los secretos comerciales de otras empresas”, afirmó la compañía.
Apple pidió al tribunal que prohíba a OpenAI conservar, utilizar o compartir cualquier material confidencial obtenido de manera indebida. También solicitó que ordene la devolución de esa información.
El mapa dentro del expediente
Cada elemento que Apple decidió destacar en la demanda ofrece una pista sobre el dispositivo que OpenAI todavía no presentó oficialmente.
Los módulos System-in-Package, por ejemplo, permiten concentrar distintos componentes informáticos en un espacio muy reducido. Son una tecnología clave para desarrollar dispositivos pequeños, como un equipo portátil o incluso un aparato del tamaño de un audífono.
La información sobre proveedores también resulta estratégica. No alcanza con diseñar un prototipo: para convertirlo en un producto destinado al mercado masivo, una empresa necesita identificar fabricantes, asegurar componentes y organizar una cadena de producción capaz de fabricar millones de unidades.
La técnica de acabado de metales aporta otra pieza del rompecabezas. Ese proceso determina no solo la apariencia del dispositivo, sino también su textura, su resistencia y la sensación que produce cuando el usuario lo sostiene.

En conjunto, los secretos que Apple busca proteger permiten entender qué conocimientos considera indispensables para desarrollar un dispositivo de inteligencia artificial de consumo: miniaturización, acceso a proveedores, fabricación a gran escala y diseño industrial.
Los registros públicos ayudan a completar la cronología. En enero, el director de asuntos globales de OpenAI declaró a Axios que la compañía planeaba presentar su primer dispositivo antes de finalizar el año. Informes posteriores mencionaron distintos proyectos, entre ellos un equipo portátil sin pantalla y un altavoz inteligente equipado con cámara. También señalaron que algunos productos de la línea habrían sido postergados hasta comienzos de 2027.
Todavía no está claro cuál será el formato definitivo del primer dispositivo. Sin embargo, la documentación presentada por Apple sugiere que el proyecto superó la etapa de las ideas iniciales y avanzó hacia aspectos concretos de ingeniería, fabricación y producción.
La decisión de solicitar medidas cautelares ante un tribunal federal refuerza esa impresión: Apple parece considerar que el proyecto representa una amenaza real y que podría llegar efectivamente al mercado.

La demanda también podría convertirse en un problema para el cronograma de OpenAI. La etapa de discovery —el proceso en el que ambas partes deben entregar documentos, comunicaciones y otras pruebas— podría alcanzar de lleno a su laboratorio de hardware en un momento clave, cuando el equipo intenta cumplir con la fecha prevista de lanzamiento.
Además, si Apple consigue una medida cautelar en las primeras etapas del caso, OpenAI podría verse obligada a dejar de utilizar determinados materiales, revisar parte de su trabajo o modificar procesos ya en marcha. Eso podría afectar tareas esenciales del desarrollo y retrasar el avance del proyecto.
Lo que el dinero no puede comprar
OpenAI demostró que puede obtener casi todos los recursos necesarios para competir en inteligencia artificial. Consigue capacidad de procesamiento mediante contratos de largo plazo con proveedores de nube; obtiene capital a través de grandes rondas de financiamiento; y cuenta con una enorme red de distribución gracias a ChatGPT, utilizado por cientos de millones de personas.
Sin embargo, fabricar hardware de consumo plantea un desafío diferente. Para desarrollar dispositivos electrónicos pequeños y producirlos a gran escala no alcanza con disponer de dinero o potencia informática. También se necesitan ingenieros con experiencia en miniaturización, diseño industrial y fabricación de cientos de millones de unidades. Buena parte de esos especialistas construyó su carrera en Apple.
Contratar a esos profesionales es legal. En California, las empresas tienen pocas herramientas para impedir que un empleado se marche a trabajar para un competidor. Por eso, la protección de los secretos comerciales se convierte en uno de los principales límites legales: los exempleados pueden llevarse sus conocimientos y su experiencia, pero no información confidencial, documentos internos ni tecnologías propiedad de la compañía.

Ese es el núcleo de la disputa. Apple no acusa a OpenAI simplemente de contratar a antiguos empleados, sino de haberse beneficiado, presuntamente, de información y materiales que esas personas no tenían derecho a trasladar.
La demanda también deja al descubierto un problema más amplio: la escasez de talento especializado puede convertirse en un obstáculo decisivo para un proyecto de hardware. Según Apple, OpenAI incorporó profesionales procedentes de distintos niveles de su división de dispositivos, desde ingenieros hasta responsables jerárquicos.
La compañía de Cupertino respondió con una de las herramientas legales más contundentes que tenía a su alcance. Lo hizo, además, contra una empresa cuyo software continúa integrado en su propia plataforma, lo que revela la tensión entre la alianza comercial que ambas mantienen y la competencia que comienza a surgir en el terreno del hardware.
Lo que revela el momento
La demanda aparece en un momento clave para Apple. El 1 de septiembre, Tim Cook dejará el cargo de CEO y pasará a ser presidente ejecutivo. Su lugar será ocupado por John Ternus, actual jefe de ingeniería de hardware.
Ternus hizo toda su carrera dentro del área que Apple ahora intenta proteger en los tribunales. Por eso, su llegada al puesto de CEO muestra la importancia que la compañía le asigna al hardware y a los conocimientos técnicos que considera estratégicos para su futuro.

El momento elegido por OpenAI también resulta revelador. Desarrollar un dispositivo propio le permitiría reducir su dependencia de plataformas controladas por terceros. Hoy, ChatGPT llega a los usuarios a través de equipos fabricados por otras compañías, especialmente el iPhone. Eso deja a OpenAI expuesta a cambios en las condiciones comerciales, restricciones de acceso o decisiones que no controla.
Esa dependencia es precisamente la barrera que la empresa busca superar. Para hacerlo, destinó US$ 6.500 millones a una adquisición estratégica y lanzó una ofensiva de contratación dirigida a ejecutivos y especialistas experimentados de Apple.
El caso probablemente se extenderá durante años. Sin embargo, para los inversores, la demanda ya ofrece una señal más importante que el eventual fallo. Aunque Apple y OpenAI rechazan buena parte de los argumentos de la otra parte, ambas coinciden en una idea central: la próxima gran plataforma informática de consumo se está diseñando ahora.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com