Las huellas invisibles que dieron origen a una empresa tecnológica regional
Biometrika es una empresa especalizada en identificación humana y seguridad biométrica, procesa más de 200.000 transacciones diarias y tiene cinco millones de usuarios. Su fundadora Martha Manosalvas, recuerda sus inicios entre computadoras recicladas, deudas y largas jornadas de prueba y error.

Martha Manosalvas aprendió a luchar mucho antes de construir tecnología. Creció entre sembríos de fréjol, maíz y habas en Ibarra, venta de ropa fabricada en Atuntaqui y pasó parte de su juventud viajando en bus con enormes bultos de pijamas para sostener sus estudios universitarios y aportar con la economía familiar.

Tres décadas después es presidenta de Biometrika, una empresa ecuatoriana especializada en identificación humana y seguridad biométrica que hoy procesa más de 200.000 transacciones diarias en Latinoamérica.

Martha estudió en el Colegio Nacional Ibarra y creció en una familia numerosa. Es la novena de diez hermanos. “Tener tantos hermanos es increíble, siempre tienes con quien jugar o con quién pelear”. 

Su infancia transcurrió entre agricultura y comercio. “Nosotros subíamos a la montaña con machete a recoger leña”. En la propiedad familiar ubicada en el sector de la primavera, cerca de Buenos Aires, Imbabura, se sembraba granos y se producía quesos. Martha también apoyaba a su madre en el negocio textil. Juntas revendían prendas adquiridas en Atuntaqui en las principales boutiques de Ibarra. "Aprendí el valor del esfuerzo diario. Vivíamos con lo justo”.

En 1991, se mudó a Quito para estudiar informática en la Universidad Central del Ecuador. Para ayudarse en los gastos comenzó a vender pijamas. Viajaba los fines de semana en bus con dos o tres bultos de mercadería para distribuirla en almacenes. “Ganaba unos 100.000 sucres, con lo que pagaba el arriendo y mis alimentos”.

Su primer empleo formal fue en Petroecuador, como analista en la implementación de un sistema de inventarios. Luego estuvo en Carrasco & Asociados. “Era agotador. Entraba a clases a las siete de la mañana luego trabajaba todo el día y volvía a la universidad de cinco de la tarde a diez de la noche”. 

Después fue parte de Object Q, donde permaneció dos años y medio. La compañía cerró operaciones en Ecuador y ella se quedó sin trabajo. “Parte de mi liquidación fue el computador que usaba”.

Por esos años, su esposo Francisco Fuentes, graduado de informática en la Escuela Politécnica Nacional, también pasaba por momentos difíciles, llevaba seis meses sin recibir su sueldo. Ambos decidieron que era el momento de tener algo propio. Así comenzó Biometrika.

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En 2003 Provefrut, una empacadora agrícola buscaba modernizar el control de consumo de sus trabajadores, que todavía funcionaba con tickets de colores impresos en papel.  El primer problema apareció casi de inmediato. Las huellas digitales de muchos trabajadores prácticamente habían desaparecido tras largas jornadas en el campo. “Teníamos unas computadoras recicladas, compramos lectores de huella en México y todo fue prueba y error”. Cinco meses después desarrollaron un sistema híbrido entre códigos y biometría. “Ganamos unos US$ 2.500”.

Este proyecto les abrió nuevas opciones. Tres entidades financieras los contactaron y el boca a boca empezó a funcionar. “En esa época pocas empresas conocían la autenticación digital y las herramientas para prevenir suplantaciones”. En el camino, tuvieron que endeudarse con un amigo. “No éramos sujetos de crédito, porque no teníamos garantías, solo un carro viejo”. Tres meses después vendieron el vehículo para pagar la deuda.

En 2010, los astros se alinearon a favor de estos emprendedores. El Ministerio de Finanzas buscaba implementar un sistema que garantice la seguridad en las transacciones y evitar hackeos o usos indebidos. “Ganamos la licitación. Tuvimos que instalar en sesenta días más de mil puntos. Los lectores, incluso fueron analizados por la Policía para validar estándares internacionales de seguridad. Nos pagaron más de US$ 1 millón.  El ministerio todavía lo utiliza y anualmente les ofrecemos actualizaciones y mantenimiento”.

En 2017 se tomó una decisión crucial para poder permanecer en el tiempo. Abandonaron el modelo de pago único por el de servicios en la nube bajo suscripciones mensuales o anuales.

“Tuvimos que invertir unos US$ 2 millones para no perder competitividad, las industrias ya no querían desembolsar dinero de una. Ahora operamos con esquemas escalables según el volumen de usuarios y transacciones”.

En este cambio, crearon dos verticales de negocio. La primera Bioserver, enfocada en validación humana, mediante huella, rostro, iris del ojo y últimamente se incluyó palma y vena de mano. La segunda es D2Cloud, especializada en administración horaria, cálculo de horas extras y gestión de turnos, integrados a sistemas de nóminas.

Biometrika cuenta hoy con más de 120 clientes, entre los que están Arcos Dorados (Mc Donald's), Femsa, Solca, Moderna Alimentos, Automotores y Anexos, CMI Alimentos en Centroamérica y Vantive en Colombia. “Una empresa con 50 personas paga alrededor de US$1.000 mensuales. Una de 3.000 colaboradores, cerca de US$ 3.500 y una de 14.000 usuarios, cancela por lo menos US$ 15.000 mensuales”. 

Hoy procesan más de 200.000 transacciones biométricas diarias, manejan sobre 5.000.000 usuarios entre directos e indirectos y superan los 12.000 puntos biométricos en Latinoamérica.

En 2025 la facturación fue de US$ 1 millón. La inversion no para y la empresa destina cerca de US$ 650.000 anuales en desarrollo tecnológico y automatización. A esto se suma la certificación ISO 27001 en seguridad y privacidad de datos. “Nuestra solución no es barata, Si hay opciones más económicas, pero nosotros ofrecemos trazabilidad y seguridad confiable”.

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A sus 53 años, Martha mira en retrospectiva una historia construida entre riesgos financieros, largas jornadas y decisiones tomadas con la incertidumbre de que lo podían lograrlo. 

Sus dos hijas se preparan para continuar en el negocio familiar. Entre risas dice que en casa tratan de evitar hablar de trabajo, pero la regla se rompe fácilmente.

 En un entorno digital cada vez más interconectado Biometrika acelera su expansión internacional, en la memoria de Martha permanecen esos días en los que recorría Quito con bultos de mercadería, sin imaginar que décadas después lideraría una empresa propia. (I)