El sentimiento de ver a tantos hinchas ecuatorianos con la camiseta que representa tu nacionalidad es, sin duda, algo inigualable. Cuatro años de espera, y la rutina del mundo sigue la misma: el fútbol paraliza al planeta, y han clasificado 48 países para enfrentarse en las canchas. Todos estos representan la ilusión y la frustración en cada jugada.
Para nosotros los ecuatorianos, esta Copa del Mundo no solo es la 5ta en la cual participa la tri, sino que significó distintos viajes, distintas formas de vivir el mundial. Todos en busca de una oportunidad de estar en un estadio compartiendo una misma pasión. Para Nicolás, un joven de 25 años y su mejor amigo Federico, de su misma edad, la planificación para ir al mundial fue espontánea, no solo para compartir la amistad, sino para juntar los criterios del análisis, la práctica y la comprensión ante un juego con una pelota, que tiene signos ya de evolución.
El trayecto de Nicolás y Federico fue: viajar de Philadelphia hacia Nueva York, y ver a Francia enfrentarse contra Senegal, luego tomaron ruta hacia Pittsburgh, seguido de una parada en Indiana hasta llegar a Kansas City, Missouri. En el camino, degustaron de una parrillada típica de los estados del centro, tradicional de la unión Americana. El resultado del partido de Ecuador - Costa de Marfil no fue el soñado, ni el esperado. Con un estadio de 68.000 ecuatorianos, los gritos de gol se quedaron estancados, pero la ilusión seguía.
Cuando el viaje se armó, resultó un éxito, piensas en los gastos, y también en la calidad del esfuerzo que le pones para apoyar a tu selección, hacer lo que puedas para llegar a un partido, que incluso las distancias con más de 20 horas para manejar, se torna corta pese a haber cruzado seis estados solo para ver, nuevamente, a tu selección.
Estos dos ecuatorianos tenían un presupuesto de plan de viaje, para cada estadio en el que jugaba el Ecuador, entradas que promediaba los US$ 400 a US$ 600. Y a veces, tocaba incluir reventas en Facebook de último minuto.
El mundial sigue con este sabor amargo, y mañana será nuestra última apuesta. Los jugadores que no han podido destacar sus mejores esfuerzos en la cancha, y que si lo han hecho en sus clubs privados, deberán mañana sí, luchar por sus sueño y el de todos nosotros.
Disfrutar de este único torneo con tus seres queridos o cercanos, no solo va a reforzar ese lazo entre familia y amigos, sino que se basa también en poder nutrir con recuerdos que se viven y que nunca serán iguales, que seguramente quedarán grabados para siempre.
En el primer partido contra Costa de Marfil, los ecuatorianos que asistieron masivamente a un estadio ajeno, que les junto con el color amarillo y sus personajes de un Ecuador diverso que suena. Joaquin, que ha participado en varios mundiales desde pequeño, sintió como única, esta presencia masiva en un país lejano, con tantos ecuatorianos, sumando un aforo de alrededor de más de 60,000 ecuatorianos.
Ver un estadio ajeno con gente de tu país, no parece tener nombre como lo sintió Joaquín. Los contrastes e impacto y felicidad pura dominan sin importar cual sea el resultado. Los viajes de última hora, la reservación de alojamiento y vehículos, todo vale la pena por ellos; por los representantes que juegan en cancha y por los que salieron del país, pero su corazón se quedó allá.
El partido de este pasado 14 de junio se enfocó en la resiliencia de la selección, frente a la fuerte adversidad africana que topaba en la cancha. Como toda tensión debe estar presente en los partidos, el gol de Costa de Marfil se sintió como un balde de agua fría sobre los patriotas presentes, tal como lo describió Joaquin.
Con un ambiente algo decepcionado, Joaquin cuenta que empatar con el equipo menos fuerte del grupo, fue una gran sorpresa. Ha sido difícil mantener una actitud positiva, debido a los resultados.
Balancear la positividad con resultados negativos no es nada fácil. No hay justificación para los insultos y comentarios ofensivos que deberían limitarse, pero podría haber una justificación para el enojo de los ecuatorianos.
Esta copa del mundo transportó una parte de nuestra cultura a Estados Unidos, no solo con la presencia de los hinchas que marcaron un eco, sino con la gastronomía, accesorios, como si fuese una multitud idéntica a los festejos del estadio Atahualpa.
Emilia, que es profesora en Estados Unidos, nos contó esta anécdota que es digna de recordar a las clasificaciones que nos llevaron a otros mundiales.
Para este partido en New Jersey, Emilia cree que la selección ecuatoriana no es la mejor liderando. Tras enfrentarse con un gran rival, ella espera que la mentalidad de los jugadores cambie y puedan dedicar más ganas y empeño.
Pero…no se puede bajar los brazos! Mientras que los sentimientos se cruzan, algo queda claro: la motivación de venir a darlo todo está para quedarse. Si bien el torneo apenas empieza, nos quedamos con la motivación de poder enfrentar a Alemania… y llevarse una sorpresa contra el gigante alemán.
En la comodidad de casa, el resto del Ecuador se acomoda para poder recibir el fútbol con los que más aprecian, así sean familiares o amigos cercanos. El progreso en sí está claro: si bien hay generación que no había visto a Ecuador clasificar para el mundial, ahora podemos presenciar jugadas desde enormes estadios norteamericanos. Como pudieron confirmar los ecuatorianos en gradas del estadio o desde su salón familiar: la esperanza es lo último que se pierde. (I)