Forbes Ecuador
24 Enero de 2026 08.00

Daniela García Noblecilla Editora digital

Una hacienda imbabureña renace de la mano de dos hermanas

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Hacienda Chorlaví es una mezcla de historia, operación hotelera y memoria familiar. Dirigida por la tercera generación, el proyecto mantiene la esencia de una hacienda tradicional mientras se adapta a nuevas formas de hospedaje, experiencia y gastronomía, con una gestión que se mide por el trabajo en equipo de las hermanas Tobar.

Al filo de la carretera, un letrero anuncia la entrada a Hacienda Chorlaví. Al cruzarlo, el ruido queda atrás. El camino hacia la casa principal está marcado por un callejón natural de árboles altos e imponentes, donde el tránsito se diluye y el tiempo baja la velocidad. Así se siente. Al fondo, de frente, aparece la clásica pileta de la hacienda. 

El blanco y azul de su pintura resaltan entre el verde del césped. Todo allí se siente como lo que es, una hacienda en pleno uso, viva, con jardines en donde la historia trasciende. Conserva construcciones sólidas, patios centrales, corredores largos, jardines extensos y una relación con la naturaleza. 

En la actualidad, este sitio tiene una oferta ampliada que responde a nuevas formas de viajar y reunirse. Cuenta con 51 habitaciones remodeladas y una capacidad para recibir hasta 120 huéspedes. 

Los dormitorios tienen una estructura original de hacienda, con techos altos de madera, vigas expuestas y muebles de líneas clásicas. Los baños están llenos de mosaicos artesanales, grifería moderna, mesones amplios e iluminación natural.

Este sitio también suma espacios y servicios que cambian la experiencia como un salón para eventos sociales y corporativos que está ubicado a un costado de la hacienda. Un galpón imponente, lleno de ventanales en donde se realizan bodas destino. 

Hacienda Chorlaví Imbabura Ecuador
Uno de los nuevos espacios, la piscina. Foto: Pavel Calahorrano. 

La piscina exterior es un punto de pausa, una parada obligatoria en el recorrido de un hotel que tiene tres hectáreas de instalaciones. Allí resalta el agua con un azul intenso, perezosas y una pérgola pensada para descansar. También hay jacuzzi, sauna, baño turco, área de masajes, gimnasio, canchas deportivas, minigolf, juegos infantiles, escape room y zonas de parrilla. 

Dirigida por la tercera generación, Chorlaví es no dejar morir lo que fue construido con esfuerzo y visión. Desde hace 15 años, las nietas de José Tobar están al frente de la hacienda. Andrea Tobar, gerente General, y Carolina Tobar, gerente del Área de Alimentos y Bebidas, conducen el día a día. Aquí las decisiones se toman juntas, se acompañan y son en equipo.

“Esto era una hacienda agrícola hace 55 años. Los cuartos eran grandes porque ahí se secaban los granos. Con el tiempo, a mi abuelo le empezaron a pedir la hacienda para paseos familiares o de empresas. Entonces dijo: ‘si todo el mundo viene, voy a hacer un hotel’. Sin saber de hotelería, empezó adaptando la casa. 

“El día que abrió llegaron siete autos; mi abuela estaba en la cocina, mi mamá ayudaba a servir y mi abuelo, feliz, les invitó a todos a quedarse a dormir. Así empezó todo”. 

Los cambios responden a una inversión anual de US$ 30.000 aproximadamente. En 2025, tuvieron ingresos por más de US$ 500.000.  La modernización o la incorporación de nuevas actividades son decisiones tomadas por las propias hermanas Tobar, que recorren el lugar, detectan necesidades y ajustan sin alterar la esencia. 

Hacienda Chorlaví Imbabura Ecuador
La suite presidencial de la hacienda. Foto: Pavel Calahorrano. 

La consigna es actualizar lo necesario, cuidar los detalles y mantener viva un sitio que es un negocio, un espacio con identidad, historia, incluso en los años más complejos para el sector turístico. 

Para ellas, caminar por todos los espacios es parte de su trabajo, pero activa recuerdos. Chorlaví fue su casa antes de ser su responsabilidad. Y quizá por eso, cada visita que hacen es un ejercicio de memoria, una forma de entender que este lugar es el escenario de una historia familiar que hoy busca mantenerse viva sin renunciar a su esencia.

Tomar las riendas no fue planeado ni una transición ordenada. Llegó en medio de la enfermedad de su madre, María Eugenia Tobar, cuando ambas aún trabajaban fuera. Durante cerca de dos años, Carolina y Andrea optaron por arrendar la operación. 

Y, en ese tiempo, se bajaron los costos operativos y ellas dicen que se descuidó lo esencial. El mantenimiento, los jardines, el personal. “Esto se fue al diablo”. Y así pasaron de herederas a rescatistas.

Cuando retomaron el control, tenían poco más de 30 años y una tarea cuesta arriba. Volver a tocar puertas, visitar agencias de viajes, explicar que Chorlaví seguía ahí, que el lugar podía volver a ser lo que fue. También implicó invertir, incluso cuando vender parecía la opción más sensata. Hubo ofertas sobre la mesa. Ninguna convenció. Y entonces tomaron una decisión y lo intentaron. 

Hacienda Chorlaví Imbabura Ecuador
Locro Chorlaví, acompañado con chocho, choclo frito, chicharrón, aguacate, queso y ají de la casa. Foto: Pavel Calahorrano. 

Ambas habían estudiado hotelería y, aunque nunca fue una imposición, la vida las había preparado para ese rol. Crecieron atendiendo mesas, ayudando en la cocina, horneando pan, pasando platos, resolviendo pedidos. Este era un oficio que aprendieron desde niñas.

Estas partners tienen una dinámica de trabajo, práctica y muy conversada que les permite llegar a acuerdos y definir cada área del negocio, incluida la gastronomía. La cocina tiene comida nacional e internacional. 

El menú se analiza de forma periódica, aunque hay recetas que no se discuten, como el caldo de huevos, heredado de la abuela y presente desde siempre en la carta. Es preparado con leche, queso y huevos cocidos añadidos al final, se sirve con tostadas y abundante queso, y es uno de los principales motivos de visita. 

El menú típico, que tiene locro, carne colorada o fritada y helado de paila, tiene un costo de US$ 20, con impuestos incluidos. 

Hacienda Chorlaví Imbabura Ecuador
Postres del menú de la Hacienda Chorlaví. Fotos: Pavel Calahorrano 

El desayuno buffet está incluido en la habitación doble estándar que tiene una tarifa de US$ 139 por noche y es lo que completa la experiencia con una propuesta que va desde huevos y papas doradas tradicionales hasta panes, panqueques, fruta y granola.

Han vivido años duros, marcados por paros y pandemia, que golpearon al turismo. Aun así, siguieron adelante con “ganas y ñeque”, convencidas de que Hacienda Chorlaví tiene una segunda oportunidad. Su apuesta es que la historia, la esencia y la magia del lugar sigan vivas, y que cada visitante sienta que aquí la tradición todavía se vive. (I) 

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