David Paredes Periodista
El día que Carlos Parra, presidente de Coheco, recibió a Forbes Ecuador, celebraba junto a su equipo la ejecución del nuevo sistema SAP en la empresa. Un software avanzado que permitirá a la organización automatizar procesos y tener en una sola plataforma toda la data que se necesita para operar. Posaba para la foto oficial junto a su equipo entre las banderas de Ecuador y Japón. Una imagen histórica que marca este nuevo hito para la empresa.
La alta dirección de esta compañía, que fue adquirida por el Mitsubishi Group en 2020, invirtió US$ 1,3 millones en la adquisición de este sistema, con el que la compañía consolida su transformación digital. Implementarlo requirió estructurar un equipo multidisciplinario e internacional y constantes capacitaciones durante dos meses.
El proyecto es parte de la estrategia que Parra ejecuta desde que asumió en 2024 la presidencia de la compañía. Este ejecutivo colombiano tiene 54 años y desde hace 26 trabaja para Mitsubishi Electric, una de las líneas de negocio de la multinacional asiática. Por eso conoce del mercado, de la tecnología y de la operatividad que requiere una compañía como Coheco.
“Ya ejercía el rol de vicepresidente desde Colombia. Venía a Quito prácticamente todos los meses, antes de radicarme al 100 % al país. Fui parte de este proceso de transición de empresa familiar a ser parte de un corporativo”, recuerda Parra, mientras solicita a una de sus asistentes una taza de café.
Coheco se fundó en 1972 en Quito como una empresa familiar para la distribución de instrumentos de medición para la construcción. En 1977 la organización adquirió la representación exclusiva de la firma japonesa Mitsubishi Electric, para la venta de ascensores. Desde entonces, ese es su core de negocio.
Posteriormente, en 2020, la gigante nipona compró la totalidad de la empresa ecuatoriana. Actualmente, cuenta con un historial de más de 8.000 ascensores instalados en todo el país. De esos, 6.000 se encuentran bajo sus servicios de mantenimiento.
En 2025, la compañía registró ingresos por ventas de US$ 30,3 millones, según la Superintendencia de Compañías, Valores y Seguros. Ese año se instalaron 300 equipos, entre ascensores y escaleras eléctricas. En Mall del Alto, que se inauguró en mayo, en Cuenca, tiene 29 equipos. Esta es considerada una de sus obras emblemáticas.
Otra línea de negocios es la de domicilios. Cuenta con la línea Home, que se instala en casa y puede costar hasta US$ 27.000. En edificios, sus precios varían según la cantidad de pisos. En promedio está en US$ 100.000. En escaleras eléctricas el costo base es de US$ 45.000, según su tamaño.
“Cuando llegué a Coheco me encontré con una empresa con una visión familiar y una trayectoria de más de 40 años que se había consolidado por la venta de ascensores, pero sobre todo por su servicio técnico y atención al cliente. Mantuvimos el nombre y la estructura. También fortalecimos los servicios”.
En el país hay ascensores de más de 30 años que instaló la marca y están en su radar de mantenimiento. Para ello, la empresa cuenta con un equipo de 650 colaboradores y un servicio al cliente que atiende las 24 horas.
En 2025, más del 50 % de su facturación total vino de su servicio técnico. Parra aclara que ese porcentaje varía anualmente en función a los contratos que se firmen y la cantidad de los equipos nuevos que se instalen.
“Cuando tú vendes un ascensor, es para toda la vida. Ahí se queda instalado y dura mucho tiempo. Nosotros tenemos equipos de más de 30 años que aún funcionan”.
Apagones y un reto logístico
Uno de sus principales retos, cuando llegó el país, fue diseñar la estrategia con la que superaron la crisis energética
En 2024, el año en el que Carlos Parra asumió la presidencia de la compañía, el país vivió una crisis energética. Él, junto al resto del directorio, planificaron una estrategia para no detener las operaciones.
“El trabajo se duplicó. Pusimos a funcionar un call center que operaba las 24 horas. Muchos usuarios de los ascensores quedaron atrapados por los apagones. El equipo de mantenimiento se transformó en equipo de rescate”.
Coheco planificó cada movimiento y ruta, según los cortes programados por sector. Así buscaron ser eficientes, no detener sus operaciones y responder con agilidad al llamado de sus clientes.
Detrás de esa eficiencia hay años de trabajo en seguridad. Todos los colaboradores que ingresan a la compañía son capacitados en este valor, que para Parra es uno de los principales que tiene la compañía.
Para ello diseñaron un showroom denominado CIPAC (Centro Interactivo de Prevención de Accidentes Coheco), con sus réplicas en Guayaquil y Cuenca, donde también hay oficinas. En este espacio se explican de manera lúdica y didáctica los riesgos que hay a la hora de instalar un equipo. Tienen un falso ascensor, que al abrir sus puertas queda expuesto el motor, batería y elementos que permiten que funcione.
Ahí los operadores aprenden cómo manipular este artefacto y tomar medidas de seguridad. Para Parra este es un punto clave dentro de la organización, porque “al final del día todos queremos volver a casa sin problemas”. En lo que va de 2026, solo se registraron tres casos de accidentes laborales con pérdida de tiempo, que no fueron graves, pero tuvieron que reportar a la matriz, en Japón.
“Todos los incidentes que conlleva una incapacidad de más de tres o cuatro días se investigan para generar planes de acción y medidas correctivas y se informan a la matriz”.
El reto de la modernización
Uno de los principales desafíos de Coheco para los próximos años radica en el segmento de renovación de ascensores. Parra explica que, de los 300 equipos comercializados en 2025, solo 50 ascensores respondieron a procesos de modernización; lo que se hizo fue sustitución de los sistemas de transporte que ya habían cumplido su ciclo de vida útil.
“Es una cifra baja frente al verdadero potencial de modernización que existe en Ecuador. Mitsubishi recomienda evaluar seriamente la renovación cuando los equipos alcanzan los 25 años de antigüedad, aunque contamos con ascensores que superan los 30 años y continúan operando de forma impecable”, señala.
Para el ejecutivo, modernizar un ascensor no solo representa una actualización tecnológica, sino también una garantía de seguridad para los usuarios. “El cambio de un equipo constituye una inversión relevante, pero se compensa de inmediato con el ahorro en los costos de mantenimiento preventivo y correctivo que demandan los sistemas antiguos”. También implica eficiencia energética.
“Llegará el día en que la nueva tecnología no sea compatible con los ascensores viejos. Ahí será complejo prestar servicio de mantenimiento”, dice.
La compañía tiene una amplia red de clientes. Trabaja con la mayoría de constructoras que tienen proyectos de desarrollo inmobiliario modernos en las principales ciudades del país. También está presente en centros comerciales con sus ascensores y escaleras eléctricas.
Además de los equipos, se desarrollan localmente los sistemas de control de acceso modernos con tecnología avanzada, mediante tarjetas para activar y programar el uso de los ascensores.
Una mirada hacia el futuro
En los planes de la empresa está diversificar su oferta. En las oficinas de Guayaquil instalaron un aire acondicionado Mitsubishi y están en fase de desarrollo de su Building Management Systems (BMS), un sistema que permitirá automatizar y administrar de forma integrada los accesos, el aire acondicionado y otros servicios para lograr eficiencia y ahorro energético.
“El futuro está en estos sistemas integrados. El mercado necesitará soluciones completas que generen en el usuario final una mejor experiencia. Por ejemplo, que los huéspedes de un hotel puedan llegar a su habitación y la temperatura esté regulada según sus requerimientos y que la iluminación sea perfecta. Todo esto controlado desde un centro que los administra”.
El recorrido del CEO
Su carrera en Mitsubishi Electric arrancó como asistente financiero y se enfocó en planificación, estrategia y tesorería. Con el tiempo, asumió mayores responsabilidades en el área y eso le permitió internacionalizarse.
En 2003 salió por primera vez de Bogotá. Viajó hasta Santiago de Chile para asumir la gerencia financiera. “Ahí cumplí como representante de la firma y velaba por sus intereses. La compañía era local, pero Mitsubishi tenía el 50 % de las acciones”, reconoce. En ese cargo estuvo hasta 2005.
Regresó a Colombia para asumir gerencias menores y la dirección financiera. Y en 2014 viajó a Estados Unidos para trabajar en otra línea de negocio de la compañía nipona. “Trabajaba en el área administrativa en la fábrica que producía autopartes, que servían para todas las marcas”. Aclara que Mitsubishi Electric y Mitsubishi Motors tienen dos giros de negocio diferentes.
En 2018 regresó nuevamente a su país para asumir el cargo de vicepresidente de planeación para toda la región en la casa matriz regional. Desde este rol, y particularmente a partir de 2020, ejerció también como vicepresidente de Coheco, viajando constantemente a Ecuador para liderar la transición de la empresa hacia el modelo corporativo de la multinacional.
“Cuando llegué, me encontré con una empresa bien estructurada y con una participación del mercado importante. Lo complejo fue esa transición a una estructura corporativa”, aclara.
Hoy, disfruta de las cosas sencillas. Se desconecta a través de la lectura y del deporte. Practica natación y juega al golf, deportes en los que asegura aún está perfeccionando su técnica. (I)