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Becker Chicaiza
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Becker Chicaiza
Fotos : Cortesía

Ambato, París, Greenwich… el estilista que levantó dos negocios de US$ 3 millones

Doménica Quintana

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Becker Chicaiza dejó Ambato a los 19 años, aprendió peluquería en París y empezó de cero en Estados Unidos. Tiene 51 años y su salón facturó US$ 1,7 millones en 2025. Su meta es llevar su marca y capacitaciones para estilistas a Ecuador y a toda América Latina.

3 Noviembre de 2026 13.50

Becker Chicaiza nació en Ambato el 17 de septiembre de 1975 y creció entre los puestos de la Plaza Urbina, donde su madre, Marta, vendía pollos. Ella empezó el negocio cuando él tenía tres años y pronto Becker también estaba trabajando. "Yo ya trabajaba desde los cuatro años de edad", recuerda.

Entre las mujeres indígenas que laboraban con su madre descubrió su vocación. Los lunes, en su día libre, ellas se arreglaban el cabello con trenzas y él las miraba. A los 13 años tomó las tijeras de su mamá, cortó y afeitó a una persona por primera vez. "Joven, usted tiene talento, usted debería ser un peluquero, poner una peluquería", le dijo esta persona.

Su sueño tenía un obstáculo. Becker cuenta que desde niño supo que era gay, en una ciudad donde a finales de los años ochenta el tema era totalmente tabú. Su padre, un ambateño conservador, era muy estricto y Becker temía que descubriera que quería ser peluquero. "Hoy los niños tienen libertad y apoyo", dice.

A los 15 años encontró cómo estudiar para peluquero sin que en su casa se enteraran. En esa época los estudiantes debían hacer trabajo comunitario o aprender un oficio técnico. Les decía a sus padres que iba a alfabetizar, pero se iba a la academia de belleza, en el centro de Ambato. 

Al vivir en un entorno de escasos recursos y no poder salir a otra ciudad a estudiar, se inscribió en la carrera de Administración de Empresas, en la Universidad Técnica de Ambato donde egresó en junio de 1995. Con su certificado de fin de carrera, le dijo a su madre quién era y que quería irse a París, donde ya vivía un amigo cercano. Ahorró cerca de US$ 2.000 cortando cabello y haciendo trabajos; viajó a Europa, cuando el país atravesaba una severa crisis económica y social.

Entró al salón de Alexandre de Paris, un ícono de la peluquería editorial, la técnica de diseñar peinados creados para revistas de moda, campañas publicitarias, catálogos, videoclips o pasarelas. Empezó barriendo y limpiando, luego fue asistente y viajó por Europa para trabajar en distintas producciones editoriales. Así aprendió el corte con navaja y balayage, técnicas que hoy usa y enseña. Vivió en Europa hasta marzo de 2000.

Becker Chicaiza - Fotos : Cortesía
El peluquero Becker Chicaiza. Foto: Cortesía

Ese año decidió mudarse a Estados Unidos. Tras un trayecto muy duro y varias semanas detenido por las autoridades migratorias, logró entrar al país el 8 de septiembre de 2000. En Connecticut lo esperaba su padre, quien le cobró US$ 350 de arriendo y le consiguió trabajo en Greenwich Country Club. Becker lavaba manteles y barría por US$ 6,75 la hora, a las dos semanas le ascendieron a ayudante de comedor. 

Mientras trabajaba en el club, recorrió salones de Greenwich Avenue, hasta que lo probaron lavándole el cabello a una clienta de 90 años. Lo contrataron como asistente por US$ 375 a la semana. En menos de tres meses era estilista principal y llegaba a ganar más de US$ 200 diarios solo en propinas.

En 2004 pasó al equipo de John Caparelli, uno de los estilistas más prestigiosos de Greenwich. Cuenta que se quedaba con el 50 % de comisión y generaba entre US$ 10.000 y US$ 18.000 semanales para el local. 

Había llegado el momento de crear su propia marca. En abril de 2007 se independizó y abrió su primer salón, en Mason Street, con una inversión de US$ 70.000. El local medía 84 metros cuadrados, Becker empezó trabajando solo, sin asistentes y con los años el negocio creció hasta tener 14 personas en el equipo. Sin embargo, cuenta que aunque le iba bien en lo económico, fue una etapa de mucho estrés por lo que él llama envidias y roces entre los empleados, algo común en esa profesión.

En esos años también recibió una propuesta que no aceptó. Un cliente químico le propuso invertir en una línea de champú y le llevó una muestra en una botella con los colores de la bandera de Ecuador, llamada Diva. Becker dijo que no, el producto olía demasiado a pino y le pareció de mala calidad, pero sobre todo eso no representaba lo que era él. 

Ocho años después, el 22 de enero de 2015 inauguró su salón principal en Greenwich Avenue, con US$ 450.000 de inversión. Siete meses después conoció a Zim, su esposo, quien asumió la gestión financiera y la estrategia en redes sociales. De 200 seguidores en Instagram pasaron a una comunidad de más de 1,5 millones entre TikTok (828.000), Instagram (497.000) y Facebook (202.000), con más de 1.000 millones de reproducciones en sus videos.

El salón atiende solo con cita previa. Becker hace el color, el corte, el peinado y las extensiones. Recibe a más de 550 clientas al año, que viajan desde todo Estados Unidos y del exterior. Entre sus clientes han estado Jennifer Lopez y Sarah Paulson. 

Un corte con él cuesta US$ 450, el balayage (una técnica francesa de coloración capilar) cuesta US$ 500; el retoque de raíz US$ 195; y las extensiones van de US$ 1.000 a US$ 10.000. Una visita a domicilio tiene una tarifa de US$ 10.000, más los servicios. También enseña su corte insignia Twist & Texture, su balayage francés y sus blowdries de París y Nueva York. Una sesión privada parte de US$ 2.000. 

El salón facturó US$ 1,25 millones en 2023, US$ 1,45 millones en 2024 y US$ 1,7 millones en 2025; este año proyecta cerrar con cerca de US$ 2 millones.

En 2018 llegó Be Chic Haircare, una línea de productos de origen vegetal que creó junto a su esposo, desarrollada con un laboratorio en Francia e inspirada en su infancia en Ecuador. Su nombre nace del suyo y arrancó con una inversión inicial de US$ 15.000. Se vende a través de su tienda en línea, con envíos a todo Estados Unidos y al exterior, en Amazon y TikTok Shop. 

El tratamiento Power Healer, una mascarilla hidratante y un aceite capilar cuesta US$ 120. Con un equipo de cuatro personas y aliados externos en logística y diseño, la marca pasó de tener ingresos por US$ 1 millón en 2023 a US$ 1,4 millones en 2025.

Han pasado casi cinco décadas desde que Becker Chicaiza, con apenas cuatro años, empezó a trabajar entre los puestos de la Plaza Urbina. Hoy, a los 51, tiene dos empresas que sumaron más de US$ 3 millones en 2025, un edificio propio en Greenwich y una comunidad de más de 1,5 millones de seguidores. 

Pero su meta no se queda allá, quiere llevar Be Chic y sus capacitaciones a Ecuador y a toda América Latina, formar gratis a jóvenes estilistas ecuatorianos y junto con su esposo, consolidar la fundación How You Feel para apoyar a niños de escasos recursos. Lo esencial, dice, lo aprendió de su madre en Ambato: "ponerse metas y nunca decaerse, siempre estar para adelante". (I) 

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