"Este es el negocio de mendigar", dijo Mike Hollingshead, con un marcado acento del sur de Estados Unidos, durante una húmeda mañana de verano en Tennessee. Para el presidente de Smyrna Ready Mix (SRM), una empresa dedicada al hormigón elaborado, pasar el día en la oficina es poco habitual. Él prefiere recorrer las obras y estar cerca de la operación. "Tuve que mendigar plata toda mi vida y sigo mendigando hoy porque siempre quiero crecer más rápido de lo que ellos están dispuestos a prestarme", señaló.
Con sus habituales jeans y zapatos de trabajo, Hollingshead no bromea. Hijo de un camionero, tiene 56 años y creció junto a seis hermanos y hermanastros en una casa prefabricada ubicada a tres kilómetros de la sede actual de SRM. Uno de ellos terminó preso por delitos vinculados a las drogas. A los 18 años, empezó como alisador de hormigón, el encargado de emparejar y dar terminación a la mezcla recién volcada, y a los 20 comenzó a trabajar por su cuenta. "¿Si no tuviera deudas, cómo habría llegado hasta acá?", preguntó.
El endeudamiento nació por necesidad, pero con el tiempo se convirtió en la estrategia habitual de SRM. En casi dos décadas, la compañía destinó US$ 3.000 millones a más de 120 adquisiciones, entre ellas US$ 1.500 millones en ocho operaciones de gran escala. Según Hollingshead, esa era la única forma de transformar su empresa familiar en una de las principales compañías del sector sin salir a bolsa ni ceder participación accionaria. Así podía evitar la presión de inversores centrados en resultados a corto plazo y mantener el control de la empresa en manos de la familia.
Hasta ahora, la apuesta dio resultados. Si bien SRM arrastra una deuda de US$ 3.700 millones, actualmente posee y opera 563 plantas de hormigón, 33 canteras de donde extrae piedra y otros áridos y 12 terminales de cemento, y emplea a más de 8.500 personas en 24 estados. En 2025, los ingresos llegaron a US$ 3.500 millones, casi seis veces más que seis años atrás. Las ganancias antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones se multiplicaron por más de cinco en ese mismo período y alcanzaron los US$ 630 millones. Incluso después de afrontar semejante nivel de deuda, la compañía mantuvo la rentabilidad. El año pasado registró una ganancia neta de US$ 124 millones, casi siete veces mayor que la de 2019.
Hollingshead y su familia son dueños del 100% de SRM. Además, poseen otros activos valuados en US$ 750 millones, entre ellos US$ 245 millones en terrenos y reservas minerales, así como una empresa de jets privados que opera desde el pequeño aeropuerto público de Smyrna. En total, Hollingshead tiene una fortuna estimada en US$ 7.200 millones. Ese patrimonio le permitió debutar este año en la lista Forbes 400 de los estadounidenses más ricos, en el puesto 238. También aparece en el puesto 52 de la lista de los 250 constructores más importantes de Estados Unidos.
"SRM tuvo una sincronización impecable", afirmó Clay Shirley, banquero de First Commerce Bank, entidad que financió muchas de las primeras operaciones de SRM. "Les presté bastante plata en los últimos 15 años y pude dormir tranquilo todas las noches, sin preocuparme nunca, porque son implacables en lo que hacen", aseguró.
"Empecé de la nada. Nadie en mi familia tenía nada", dijo Hollingshead. Nació en Little Rock, Arkansas, en 1969, y a los 5 años se mudó junto con su familia a Smyrna. Conoció a su esposa, Melissa, cuando ambos tenían 16 años y trabajaban en un restaurante. Él lavaba platos y ella atendía las mesas. Se casaron unos cuatro años después, en 1989, el mismo año en que nació su primer hijo, Jeff.
Un encuentro casual, menos de dos años antes, cambió el rumbo de la vida de Hollingshead. "En aquel entonces, yo era un bebedor habitual y, una noche, estábamos en un bar y conocí a este tipo", contó Hollingshead. "Me dedicaba a la jardinería y a cualquier trabajo que pudiera hacer para ganar algo de plata. Este tipo me dijo: 'Te pago 100 dólares por trabajar conmigo mañana", recordó. Hollingshead se presentó al día siguiente y empezó a alisar el hormigón de la entrada para autos de una casa.
Cuando su jefe se mudó a Texas en 1989, le propuso que comprara el hormigón necesario y terminara los trabajos que todavía quedaban pendientes. Pero Hollingshead no tenía plata para hacerlo. Su jefe le dio un consejo: emitir un cheque sin fondos. En cambio, Hollingshead consiguió que sus clientes le pagaran directamente a Metro Ready Mix, hoy parte de SRM, al momento de recibir el hormigón, hasta que obtuvo la posibilidad de comprar a crédito.
Durante gran parte de la década siguiente, Hollingshead trabajó sin descanso para sacar adelante Hollingshead Concrete y, al mismo tiempo, mantuvo un empleo en una fábrica metalúrgica. Sin embargo, tanto él como el negocio atravesaban dificultades. "Salía de fiesta, bebía. No me concentraba", dijo Hollingshead. "Me pasaba la noche fuera", agregó. Mientras él salía de fiesta, Melissa, hoy de 57 años, llevaba a sus hijos a rezar tres veces por semana a la cercana Iglesia Calvary. Cansada de la situación, pensó en dejar a su marido hasta que él aceptó acompañar a la familia a un culto religioso. Hollingshead afirmó que ese primer domingo fue "salvado por Dios" y que nunca volvió a beber.
Por entonces, el negocio de terminación de hormigón de Hollingshead atravesaba un gran momento, pero enfrentaba un problema: los proveedores poco confiables muchas veces entregaban con horas de demora el hormigón, un material que comienza a endurecerse poco después de su preparación. Una noche, cerca de las dos de la madrugada, se le ocurrió construir una planta de hormigón elaborado en el patio de su casa. El material no necesita una fórmula demasiado compleja. Se produce, básicamente, con cemento, agua, arena y piedra triturada o grava. En 1999, ya tenía su primera planta, financiada con un préstamo bancario, justo detrás de la casa familiar, que tenía unos 84 metros cuadrados.
Pero Hollingshead necesitaba camiones. Llamó al banco para pedir un crédito adicional. "No tenemos fondos suficientes", le dijeron. Finalmente, la entidad aceptó prestarle US$ 50.000 para comprar cinco camiones usados y en muy mal estado en una subasta en Indiana. Poco después de emprender el regreso, el motor de uno de los vehículos se rompió. Hollingshead tuvo que dejarlo al costado de la ruta porque ya no tenía plata para pagar el remolque durante los 320 kilómetros que faltaban hasta su casa. Un segundo camión se averió en Nashville, aunque esta vez pudo pagar el traslado hasta Smyrna, ubicada a unos 45 minutos.
El plan inicial consistía en producir apenas el hormigón necesario para el negocio de terminación de Hollingshead, pero los clientes pronto comenzaron a pedirle que también les vendiera hormigón elaborado. Entonces, le indicó a un empleado que cobrara US$ 66 por yarda cúbica, una medida equivalente a unos 0,76 metros cúbicos. El precio quedaba US$ 10 por encima de su costo de producción.
La crisis financiera de 2008 casi destruyó a SRM, cuyas ventas cayeron un 40 %. Por entonces, Jeff, el hijo de Hollingshead, tenía 19 años y acababa de empezar a trabajar a tiempo completo en la empresa. Después de una reunión nocturna en la habitación de sus padres, los tres decidieron que, en lugar de retroceder, apostarían por la recuperación y seguirían adelante. Poco después comenzaron a comprar empresas rivales en dificultades por apenas 30 centavos por dólar.
"Uno mejora desde la primera adquisición hasta la número 120", dijo Jeff, quien asumió el cargo de CEO en 2014, a los 24 años. En 2015, apenas un año después, también se convirtió en el primer integrante de su familia en obtener un título universitario, tras cursar de noche en la Universidad de Belmont, en Nashville. "Aprendés a ser más paciente, a conectar con la gente en su propio contexto" y a evitar "imponer cambios sin conocer primero cómo funciona cada empresa", sostiene.
Fue una coincidencia favorable que, justo cuando SRM empezó a comprar empresas de hormigón elaborado, algunas de las mayores compañías de materiales de construcción que cotizan en bolsa, como Martin Marietta Materials, con una capitalización bursátil de US$ 35.000 millones, y Vulcan Materials, con US$ 32.000 millones, decidieran desprenderse de esos negocios para concentrarse en productos con mayores márgenes de ganancia y menos expuestos a los ciclos económicos. De hecho, SRM concretó tres de sus ocho mayores operaciones, por un total cercano a US$ 1.100 millones, con Martin Marietta, con sede en Carolina del Norte, y Vulcan, con sede en Alabama.
La deuda de SRM generó cierta preocupación. En julio, la agencia de calificación crediticia Fitch bajó su nota a B+, con perspectiva estable, una categoría considerada especulativa y que refleja un riesgo crediticio mayor. Así, SRM quedó en un nivel de riesgo similar al de otras compañías con alto endeudamiento en sectores sensibles a los ciclos económicos, como American Airlines, con una capitalización bursátil de US$ 9.000 millones, y la refinería de petróleo CVR Energy, controlada por Carl Icahn, valuada en US$ 5.000 millones.
Esto significa que, si bien SRM cumple actualmente con sus compromisos financieros, Fitch considera que existe un riesgo significativo de incumplimiento de pagos si empeoran las condiciones económicas o del negocio. Moody's y S&P mantienen calificaciones similares para SRM: B1 con perspectiva estable y B+ con perspectiva estable, respectivamente.
Hollingshead no se inmuta. "Creo que mi nivel de endeudamiento actual es mucho menor que al principio", afirmó. "Si ahora estoy cinco veces apalancado, antes lo estaba treinta veces", agregó. En términos financieros, se refiere a la relación entre la deuda de la compañía y su capacidad para generar ganancias. Es cierto que hoy enfrenta varias presiones, entre ellas el aumento del precio del combustible, la escasez de camioneros y la debilidad del mercado de la construcción residencial, que representa el 30 % de las ventas de SRM, frente al 60 % de hace un par de años.
Sin embargo, los grandes proyectos comerciales compensan con creces esa caída. Actualmente, SRM participa en la construcción de 13 centros de datos en distintos puntos de Estados Unidos, propiedad de compañías de hiperescala como Meta, Oracle y Google, grandes empresas tecnológicas que operan enormes redes de centros de datos y capacidad informática.
Aunque el hormigón elaborado todavía genera el 85% de los ingresos de SRM, la empresa también avanzó sobre algunos de los principales insumos que necesita para producirlo. El cemento representa el 7% de los ingresos y la roca triturada o "áridos", otro 4%. Ryan, el hijo menor de Hollingshead, de 33 años, está al frente de este último negocio, que vende tanto a SRM como a otras compañías del sector.
En 2025, el negocio de áridos aportó el 13% del EBITDA total de SRM. Al controlar una mayor parte de su propia cadena de suministro, la compañía consigue mantener un margen de EBITDA cercano al 20%, casi el doble que el de la mayoría de sus competidores en el negocio del hormigón elaborado.
La prioridad inmediata de Hollingshead pasa por reducir el nivel de deuda de la empresa, aunque SRM todavía tiene grandes ambiciones. El próximo objetivo es convertirse en la mayor compañía de materiales de construcción de Estados Unidos, afirmó Jeff. Su padre apunta incluso más alto: quiere que sea la más grande del mundo. "Espero que la gente entienda esto: apenas empezamos. No estoy donde me gustaría estar. Simplemente creo que la gente no se da cuenta", sentenció Hollingshead.
*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.