Cuando el cierre era inminente, Julio Tigua apostó por Envasur
Julio Tigua Narváez rescató Envasur cuando enfrentaba su momento más crítico. La compró y la transformó en una operación de US$ 32 millones. Sus decisiones se rigen por una regla clara, en la industria del atún equivocarse no es una opción.

En 2019, esta empresa dedicada al procesamiento y exportación de productos de mar enlatados estaba a punto de poner candado en su puerta. Perdía aproximadamente US$ 1,5 millones anuales y pese a que facturaba cerca de US$ 19 millones, no lograba sostenerse.

Julio Tigua decidió que podía cambiar este destino. Este ejecutivo por cerca de treinta años ha tomado decisiones en escenarios donde no hay margen para el error. @@FIGURE@@

 Lo aprendió desde joven, frente a un pescado abierto, donde el color de una branquia puede definir el destino de toda una carga. “Las agallas te dicen todo, si están rojizas significa fresco, pero si se ven amarillentas, es un producto perdido”.

Tigua estudió Biología Pesquera, con enfoque en  acuacultura en la Universidad Eloy Alfaro de Manabí. Durante sus prácticas en Promasa recibió formación en análisis organoléptico, es decir evaluar el pescado con la vista, el olfato, el tacto y el gusto, sin necesidad de pasar por un laboratorio. “Todos los días revisaba cientos de atunes y sardinas, muchos no eran aptos para consumo. No podía equivocarme, porque después no había opción de corregir”.

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A los 23 años entró a Real como supervisor de enlatados.  Coordinaba operaciones que superaban las 200 toneladas diarias y manejaba un equipo de 90 personas. 

Pronto su nombre empezó a resonar en la industria. 

En 2002 asumió como superintendente de planta en StarKist, una multinacional estadounidense que abrió una de sus plantas en Manta. El salto internacional llegó tres años después, cuando le llamaron para gerenciar Sardimar en Costa Rica. “Siempre hay que tener los ojos abiertos. En los cuatro años que estuve, aprendí a hacer atún enlatado en frasco de vidrio”.  El siguiente paso fue Grupomar en Manzanillo, México. “Fue una experiencia difícil. El crimen organizado empezaba con sus intervenciones. La empresa fue vacunada, nos pusieron guardaespaldas. Ya no era vida para mi esposa y dos hijos”.

Renunció y volvió a Ecuador. Se reincorporó a Real como gerente de producción.  “Manta ya no es la ciudad tranquila que dejé. Tuve que colocar cámaras en la casa y regular las salidas con la familia”. 

En 2016 Tigua sintió que necesitaba parar y reordenar sus ideas. “Me tomé un año sabático, Luego me llamaron para la construcción de una planta de congelados en Chimbote, Perú con una inversión de US$ 8 millones”.

La historia de Julio Tigua está marcada por su poder de adaptación, decisiones firmes y no tener temor a arriesgarse.

La decisión que lo cambió todo

En 2019, llegó una llamada inesperada.

Los entonces propietarios de Envasur, tras la muerte del fundador, querían cerrarla porque tenía pérdidas superiores a los US$ 1, 5 millones, procesaba 30 toneladas entre atún y sardina. Pese a que facturaba US$ 19 millones no lograba sostenerse. 

“La propuesta fue directa. Dos años para recuperarla y venderla, Yo era la primera opción”.  En ese entonces la compañía estaba valorada en US$ 2 millones y Tigua sabía que era una oportunidad que no podía dejarla pasar.

Trabajó contra reloj para poner el negocio en orden, reordenó la estructura, ajustó costos y tomó decisiones difíciles. Consiguió poner los números en verde y se volvió propietario. “Todavía sigo pagando la deuda al banco”.

La nueva cara de un negocio que depende del mar

Hoy, Envasur procesa 65 toneladas diarias, ha desarrollado un portafolio de 12 productos y exporta a 10 países. Entre los que están México, El Salvador, Costa Rica, Colombia, Venezuela, Perú, Chile, Lituania y Emiratos Árabes. Además, maquila cuatro marcas de sardinas para Corporación Favorita. 

Cuenta con 266 colaboradores y cerró 2025 con ingresos de US$ 32 millones.

El crecimiento ha sido metódico. 

Invirtió más de US$ 2 millones en infraestructura, maquinaria y tecnología. Y ya está en marcha el siguiente paso. En la vía Manta-Montecristi se construye en un terreno de siete hectáreas una nueva fábrica de producción que costará US$ 8 millones y una planta solar de US$ 750.000.

Tigua habla con pasión. Asegura que el océano es su vida. @@FIGURE@@

En su casa el atún no puede faltar. Todos los meses compra 300 unidades y sus favoritos son el ahumado y el con ají.

El entorno no da tregua. Desde finales de febrero la guerra en Medio Oriente genera volatilidad en el mercado “Ahora una tonelada está en US$ 1.950. Hace tres semanas estaba US$ 1.850 y no puedo trasladar ese ajuste a mis clientes”.

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Según el Banco Central del Ecuador, el 2025 las exportaciones de enlatados de atún fueron de US$ 1.848 millones. En términos de volumen, fueron 360.417 toneladas,

La segunda generación empieza a formarse. Su segundo hijo se está incorporando al negocio. “Primero debe aprender a oler el pescado”.

A sus 48 años acaba de convertirse en abuelo. “Valentina llegó a romper mis esquemas. Ayer no trabajé por llevarle a vacunar”. 

 Antes de concluir esta entrevista con Forbes, Tigua afirma que su camino ha sido de aprendizajes acelerados, pero que todavía tiene mucho que recorrer. (I)