Entre lanas y máquinas, facturan US$ 1,2 millones
Lucy Calderón y Darío Posso lideran Protextil, una empresa fundada en 1978 en Atuntaqui que hoy produce más de 150.000 prendas al año. La compañía abastece a cadenas de retail y clientes corporativos.

El origen de la industria textil moderna en Imbabura está ligado a una fábrica que durante décadas marcó el destino económico de la provincia.

En 1924, los hermanos españoles Francisco y Antonio Dalmau fundaron en la parroquia Andrade Marín, a pocos kilómetros de Atuntaqui, la Fábrica Textil Imbabura, bajo el nombre de "La Industria Algodonera". Durante décadas, fue uno de los motores económicos de la provincia. Dio empleo a más de 2.000 personas, contribuyó con la instalación de primera red eléctrica de la zona y fortaleció las rutas del ferrocarril.

Sin embargo, la falta de reinversión en tecnología y las deudas llevaron a esta industria a su fin. En los años setenta la maquinaria estaba obsoleta y los pasivos con el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) se volvieron inmanejables. El IESS los embargó y en 1997 las puertas se cerraron definitivamente.

La mayoría de los extrabajadores decidieron aplicar sus conocimientos textiles y comenzaron a producir prendas en los garajes de sus casas. Poco a poco Atuntaqui se volvió en la capital de la moda ecuatoriana. 

Según reportes del Servicio de Rentas Internas (SRI) y de la Asociación de industriales Textiles del Ecuador (AITE), la facturación anual del sector en el cantón superó los US$ 67 millones en 2025. De acuerdo con el último censo poblacional cuatro de cada diez habitantes están vinculados a esta actividad.

Y es aquí donde aparece Protextil. La empresa fue fundada en 1978 aunque su historia empezó mucho antes, Segundo y Lucila Calderón tejían suéteres a mano y los vendían en ferias populares. La tradición siguió con su hijo Rubén y hoy está en manos de Lucy Calderón y su esposo Darío Posso.

“Yo prácticamente crecí aquí, entre lanas y el sonido de las máquinas. Este siempre fue mi sueño”, dice Lucy. Hoy, a sus 47 años, ella recorre la fábrica con la misma familiaridad con la que lo hacía de niña. 

Su formación como contadora y auditora le permitió entender no solo el proceso, sino también la estructura financiera del negocio. Esa combinación entre tradición artesanal y visión empresarial sería clave para el crecimiento de la compañía.

Al principio, con un solo telar, producían cerca 30 sacos de lana mensuales. El trabajo era totalmente artesanal. “Mi mamá confeccionaba las prendas y yo salía a vender en ferias. Los lunes en Ambato, martes en la calle Mideros en Quito y los jueves en Tulcán”. 

La primera máquina costó 20 millones de sucres y se adquirió con un crédito de la Corporación Financiera Nacional. Una de las decisiones claves para el crecimiento fue la importación desde Italia de una máquina electromecánica que costó alrededor de US$ 25.000. 

Hoy Protextil opera con 26 equipos de tejido y 30 de confección. La planta funciona en un edificio de cuatro pisos y la capacidad instalada supera los US$ 500.000 de inversión. 

El portafolio incluye suéteres gorras, bufandas, ponchos, pantalones, medias, faldas y abrigos. 

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Actualmente la empresa produce 150.000 prendas al año. El 80 % corresponde a suéteres, que suman alrededor de 100.000 unidades anuales.

“Un día un cliente me preguntó si podemos fabricarle un modelo y sin titubear le dijimos, lo que sueñes, nosotros te tejemos”.

Para sostener ese volumen, Protextil importa materia prima desde India y Brasil. Cada mes destina más de US$ 50.000 a la compra de insumos. Cuenta con 40 colaboradores directos y unas 10 maquilas que apoyan en la producción.

“Antes del Covid facturábamos unos US$ 300.000 y teníamos varios locales propios. Ahora solo mantenemos uno”.  Apostaron por el comercio digital y la empresa maneja una base de 15.000 clientes en línea.

“También trabajamos con cadenas de retail como De Prati, Etafashion y RM. Por lo menos tenemos unos 30 clientes corporativos a los que les desarrollamos sus marcas”.  En 2025 cerraron con ventas por US$ 1,2 millones.

“El éxito está en el cariño que ponemos en cada prenda. Si el cliente queda satisfecho, vuelve y nos recomienda”.

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Hace una década laa pareja decidió dar un paso adicional y creó Insutotal PC una empresa dedicada la distribución de etiquetas y empaques de la empresa Marcas Etiquetas . El negocio se volvió en un aliado estratégico para varias marcas del sector. Venden más de un millón de etiquetas tejidas y sobre los dos millones de cajas y fundas de cartón. La facturación en 2025 fue de US$ 400.000.

Lucy y Darío llevan 23 años casados y tienen dos hijos. El mayor está estudiando finanzas y pronto se integrará al negocio, continuando con una tradición textil que ya suma tres generaciones. (I)