Cuando los hermanos y cofundadores de la marca de bienestar femenino O Positiv, Bobby y Brianna Bitton, lanzaron su probiótico vaginal, se toparon con una traba inesperada: Meta no les permitía usar las palabras vagina ni vaginal en sus plataformas.
La salida más simple era apelar a eufemismos, pero los dos resistieron esa presión. Después de meses de reclamos y gestiones, su marca quedó entre las primeras compañías de salud femenina autorizadas a usar lenguaje anatómico preciso en la publicidad de Meta. Más tarde, también lograron que TikTok, Google y Amazon cambiaran esa política.
Hoy, O Positiv es una empresa de nueve cifras, con presencia en las góndolas de Target, Walmart y CVS. Además, mantuvo un crecimiento anual de ingresos de cerca del setenta por ciento desde 2020 y, según versiones del mercado, analiza una venta con una valuación de diez cifras. La compañía ya vende productos que acompañan a las mujeres en etapas que van de la primera menstruación a la menopausia y más allá. Pero la pelea por una sola palabra te da una idea bastante clara de todo lo que les costó llegar hasta ahí.
Una empresa que nació después de ser ignorada
En 2018, Brianna Bitton faltaba al trabajo por los síntomas de su período y les mentía sobre el motivo. "Es como, oh, tengo un problema estomacal", dice. "Tenés que hacerlo, porque no se lo valida como una condición médica real", aclara.
Los médicos no le daban respuestas. Cuando Bitton buscó tratamiento por un síndrome premenstrual incapacitante y por problemas hormonales al comienzo de sus veinte, le dijeron que tenía que aguantarlo o tomar anticonceptivos. "Durante mucho tiempo, a las mujeres se las condicionó para creer que eso era simplemente parte de la vida", me dice durante nuestra entrevista para el podcast The Failure Factor. "Es parte de ser mujer. Tenés que apretar los dientes y soportarlo", expresa.
Entonces, los hermanos hicieron lo que su familia siempre les enseñó: se propusieron resolver el problema por su cuenta. Después de revisar investigaciones clínicas, Brianna descubrió que ingredientes como la vitamina B6 y la melisa ya mostraban beneficios para aliviar los síntomas del síndrome premenstrual. Lo que no existía era un producto accesible, orientado a resultados y pensado específicamente para las mujeres, y mucho menos uno promocionado sin un lenguaje edulcorado ni esa vergüenza inconsciente.
Dos años después, con más de veinte rechazos de fabricantes y varias tarjetas de crédito al límite, los dos lanzaron FLO, la primera gomita con vitaminas para el síndrome premenstrual. "Llamábamos a todos los fabricantes que aparecían en las primeras tres páginas de Google y cada vez nos cerraban la puerta en la cara", dice Bobby. "Nos decían: 'Ni siquiera permitimos ingredientes botánicos en nuestra planta'", recuerda.
Cuando FLO salió al mercado, la teoría de los Bitton sobre la demanda que podía tener el producto encontró respaldo enseguida. La respuesta fue inmediata, y muchas mujeres compartieron sus historias y dejaron reseñas por iniciativa propia en las que contaban cambios concretos que podían ver y sentir. Los Bitton aprovecharon esos comentarios y los volvieron muy visibles en su estrategia de marketing, en lugar de apoyar la venta del producto en un mensaje de marca. "Eso cambió el negocio por completo", explica Bobby.
Prohibidos por decir "vagina"
Pero cuando O Positiv se expandió al terreno de la salud vaginal, se topó con esa traba que ya había aparecido antes: Meta e Instagram les bloqueaban la cuenta de manera reiterada por publicitar que tenían un probiótico vaginal.
Para una empresa cuya principal fuente de ingresos era la publicidad en redes sociales, eso podía hundir a la compañía.

También dejó expuesto un problema más profundo. Una investigación publicada en Sex Roles encontró que cerca de un tercio de las mujeres recurre a eufemismos o a términos infantilizantes para nombrar sus genitales, un uso del lenguaje que los investigadores vincularon con "una presencia persistente de vergüenza genital". En cambio, las mujeres que usaban términos anatómicos como "vagina" solían sentirse más empoderadas y más informadas sobre su propio cuerpo. En otras palabras, las palabras que usamos moldean la forma en que sentimos nuestro cuerpo. Que las plataformas prohibieran el lenguaje anatómico no era apenas un problema publicitario: también reforzaba esa vergüenza.
"Te ponés a la defensiva y decís, ¿sabés qué? Ahora voy a decir vagina", afirma Brianna. "Vamos a defender con convicción el uso de los términos correctos y no vamos a andar con vueltas con palabras como ‘coochie’ o ‘hoo ha’", sostiene.
El proceso para cambiar la política de Meta llevó meses. Hizo falta presentar cartas del consejo asesor médico de la empresa, sumar la intervención del equipo legal y, sobre todo, poner a Brianna frente a quienes tomaban las decisiones para que contara su historia y le diera una dimensión humana al tema.
"No fue algo así como: che, acá tenés, ya está, listo para siempre", dice Bobby. "Fue más bien: te vamos a dar una oportunidad y más vale que actúes con responsabilidad", cuenta.
O Positiv quedó entre las primeras marcas de salud femenina autorizadas a usar lenguaje anatómico preciso en la publicidad de Meta. Con ese impulso, la empresa fue por más. "Cambiamos la política en Meta. Cambiamos la política en TikTok. Cambiamos la política en Google y Amazon", dice Bobby. "Nosotros caminamos para que ellas pudieran correr", completa.
Las mujeres empezaron a hablar
Su decisión de no suavizar el lenguaje atrajo a mujeres que no tenían otros espacios para hablar con libertad sobre salud hormonal y vaginal. "Nuestros anuncios casi se transformaron en pequeños foros de mensajes en vivo", dice Brianna. “Mujeres hablando entre sí sobre su salud”, agrega.
Y una vez que pudieron decir con claridad para qué servían sus productos, apareció un mensaje que valía la pena difundir, y TikTok les dio la plataforma para que fueran las propias clientas las que lo hicieran circular. A diferencia de las plataformas tradicionales, cualquier contenido podía llegar a millones sin importar la cantidad de seguidores. O Positiv apostó por relatos impulsados por afiliadas y envió productos a mujeres comunes que querían contar su experiencia de manera abierta. "Muchas veces, lo mejor que puede hacer una marca es correrse del medio de la historia y dejar que las mujeres hablen entre ellas", explica Bobby.
Cuando los médicos los ignoraron, los fabricantes les cerraron la puerta y las plataformas de redes sociales los bloquearon, los Bitton podrían haberse alineado con la mirada de las autoridades y adaptarse a las reglas de la industria. Pero, en vez de tomar esos obstáculos como una prueba de que estaban equivocados, los entendieron como la muestra de que la industria necesitaba un cambio y de que ellos tenían que impulsarlo.
Hoy, gracias a esa pelea, más empresas y más mujeres tienen respaldo para hablar de su cuerpo sin rodeos. Vagina ya no es una mala palabra. Es, simplemente, anatomía.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com