La receta de un negocio con 12 variedades de arroz
Julissa VillanuevaPeriodista
Julissa VillanuevaPeriodista
En 1989, Fernando Alarcón Cedeño encontró una oportunidad en el kilómetro 21 de la vía Durán - Yaguachi (Guayas). Vinculado con el cultivo de arroz, compró una pequeña piladora que apenas podía procesar entre siete y ocho quintales por hora. Era un negocio todavía marcado por la dinámica tradicional del campo, cuando el agricultor llegaba con su cosecha, se pesaban los sacos manualmente y el pago se hacía en efectivo.
Su hijo, Daniel Alarcón Mawyín, creció alrededor de ese mundo. Los recuerdos de infancia están ligados a los viajes desde Guayaquil hacia la finca familiar y a los recorridos en canoa para llegar hasta los cultivos. El arroz, el campo y la empresa fueron parte de su entorno antes de convertirse en su profesión.
"Cuando era niño en las vacaciones también, no solamente en clases, íbamos a la hacienda. Él nos llevaba y nosotros íbamos hasta el pueblo de Yaguachi, parqueaba el carro y nos tomábamos una canoa hasta llegar a la hacienda. Era difícil, pero no estabas en el campo solamente jugando, tenías que correr por todos lados", menciona.
Después de 36 años, la empresa tuvo un giro y hoy procesa entre 200 y 220 quintales por hora; pasó de facturar US$ 12 millones, en 2022, a US$ 18 millones, en 2025, según la Superintendencia de Compañías, Valores y Seguros. Para 2026, proyecta un incremento de entre 18 % y 20 % en toneladas comercializadas.
Daniel tiene 54 años y su trayectoria no comenzó directamente en la empresa familiar. Después de estudiar el colegio en Guayaquil y la universidad en Estados Unidos, donde se formó en negocios, pasó por el sector financiero y trabajó en el Banco Guayaquil. Esa experiencia le dejó una idea que después trasladaría a Agrosylma, procesos, controles y orden para crecer.
"De niño siempre me gustaron los negocios. Tuve claro que era lo que quería estudiar y quería administrar empresas. Me gustan mucho los negocios y para mí esto no es trabajo, es diversión; entonces, eso hace que todo funcione".

En 2004, la operación familiar se formalizó como empresa bajo el nombre de Productos del Agro Sylvia María Agrosylma. Sylvia María es la marca que comercializan en los supermercados y es el nombre de la hermana menor de la familia Alarcón Mawyín.
El cambio no fue solamente societario. Con el paso de los años, la compañía transformó su lógica de una piladora tradicional para convertirse en una operación industrial con mayor capacidad, tecnología y una oferta dirigida también al canal moderno.
Este crecimiento no se quedó en la infraestructura. Hace aproximadamente una década, la empresa comenzó a desarrollar su propia línea de productos y a buscar espacio en el canal moderno de retail. El objetivo era construir un portafolio capaz de responder a nuevos hábitos de consumo y no depender únicamente del negocio tradicional de la piladora.
Agregaron a su catálogo arroces especializados de grano largo, integrales, envejecidos y nuevas presentaciones que sirven para la elaboración de platillos asiáticos. También importan el arroz japónico (que se utiliza en el sushi y ramen) y arbóreo (para risottos y otras preparaciones).
Además, cuentan con arroces saborizados y opciones con semillas, proteínas y minerales, dirigidas a consumidores que buscan alternativas distintas al convencional, que se elaboran en el país.
"Hace 10 años solo tenía un tipo de arroz. Ahora hay entre 10 y 12 tipos distintos. El mercado ha crecido mucho porque ahora el consumidor toda esta variedad de productos."
El salto más importante llegó después de una autocrítica. Alrededor de 2015, mientras buscaba una carpeta, Daniel encontró un documento bancario de años atrás y revisó las fotografías y registros de la empresa. La conclusión fue incómoda: durante años prácticamente no habían cambiado las máquinas ni las instalaciones.
"Me di cuenta de que nos habíamos quedado estancados. No habíamos hecho inversiones, seguíamos al vaivén del viento y de la marea sin que nosotros tomáramos una dirección de crecimiento. Estábamos en una zona de confort en la cual no habíamos salido. Ese fue el último año que estuvimos igual".
La planta, que entonces tenía 1.600 metros cuadrados, comenzó a crecer con proyectos de silos, secado, recepción y almacenamiento de grano. Hoy la infraestructura ronda los 20.000 metros cuadrados y la capacidad de procesamiento se ubica entre 200 y 220 quintales por hora. La instalación fue concebida para arroz, pero también puede operar con otros granos como maíz, trigo o soya.
El ritmo de inversión se aceleró en los últimos años. Entre 2025 y 2026, Agrosylma destinó alrededor de US$ 1,5 millones a diferentes proyectos. En febrero de 2026 inauguró una nueva planta que elevó la capacidad operativa instalada de aproximadamente 140-150 a 220 quintales por hora. Un mes después abrió sus nuevas oficinas administrativas, con unos 340 metros cuadrados y espacios para las áreas comercial, atención al cliente, crédito, capacitación y otras funciones.
Daniel ve allí una oportunidad para que la compañía deje de ser únicamente proveedora y se convierta en socio comercial de sus clientes.
Esa búsqueda de nuevos mercados ocurre mientras el sector arrocero enfrenta cambios de precios y otras variables. Alarcón asegura que hasta el cierre del segundo semestre de 2026 será un período particularmente movido, tanto por las condiciones nacionales como por el comportamiento de los precios internacionales. En ese contexto, la capacidad de ajustar la oferta y observar de cerca al consumidor se volverá parte de la estrategia.
La pandemia también dejó una marca en la familia. Daniel perdió a uno de sus hermanos en 2021 por COVID-19 y, dos años después, falleció su padre. Para esta compañía familiar, fueron años difíciles, pero la operación continuó. El proceso de sucesión ya estaba en marcha. Algunos integrantes de la familia ya tenían responsabilidades en la organización.
Sus hermanos participan en distintas áreas. Uno está vinculado a las compras y al análisis técnico del arroz en cáscara; otro integrante de la familia trabaja en el área comercial. La estructura familiar se combina con un equipo al que Daniel busca dar mayor autonomía.
En paralelo, la tercera generación comienza a ocupar su lugar. Daniel tiene cuatro sobrinos que ya están vinculados a la compañía, en áreas estratégicas como la legal, financiera, contabilidad, comunicación y marketing.
Su visión de gestión parte de una premisa: el crecimiento no depende solamente de comprar máquinas. También requiere desarrollar a las personas que las operan y darles responsabilidad para tomar decisiones.
"Nuestros colaboradores son nuestros amigos. Nosotros pasamos con ellos todos los días, pasamos más tiempo con ellos que en nuestra casa. Entonces se comienza a crear una relación de amistad, de mucho respeto. Siempre hemos buscado eso y su crecimiento y bienestar"
La innovación tecnológica es otra faceta de esa transformación. Agrosylma incorpora sensores y sistemas automatizados para mejorar el control de la planta y reducir riesgos. Además, implementó un nuevo sistema CRM para fortalecer el seguimiento de clientes. La compañía también cambió su ERP y está levantando información de sus diferentes áreas para identificar pequeñas obras que permitan aumentar la eficiencia durante 2026 y hasta mediados de 2027.
La innovación, para Daniel, también implica salir de la planta y observar lo que ocurre en el mercado. Por eso la empresa participa en ferias y encuentros con clientes y proveedores. Uno de ellos fue un evento organizado por La Favorita, donde sus proveedores pudieron relacionarse directamente con responsables de compras, almacenes y cafeterías. Agrosylma prevé mantener su participación en este tipo de espacios.
La experiencia adquirida, más su formación en el exterior, también marcó su manera de entender el negocio y regresar con nuevas perspectivas. Hoy, esa mirada vuelve a ser relevante ante uno de sus próximos desafíos, que es profundizar la llegada al canal Horeca (hoteles, restaurantes y cafeterías), un segmento que exige adaptar la oferta, entender nuevas necesidades y competir con una propuesta de mayor valor. Es, en cierto modo, otra forma de llevar a la empresa fuera de su zona conocida y convertir lo aprendido en nuevas oportunidades de crecimiento. (I)