Snob: unos envases y miles de sueños cumplidos
Guillermo Narváez comenzó Snob como un emprendimiento en Puembo, en 1980, cuando todavía era una parroquia principalmente agrícola. El año pasado, la compañía facturó US$ 12,62 millones y ahora tiene 220 trabajadores.

Guillermo Narváez tuvo la idea de comenzar un negocio de enlatados, mientras trabajaba en una procesadora de champiñones. Antes, este ingeniero agrónomo cumplió labores de escritorio durante cinco años en el Ministerio de Agricultura. Pero su vocación estaba en el campo.

"Siempre tuve la visión de que se podía hacer algo más", cuenta a Forbes Ecuador. En 1980, cuando tenía 34 años, Narváez montó Snob en una propiedad en Puembo, entonces dedicada a la producción agrícola. Hoy, la empresa familiar produce 180 tipos de productos, emplea a 220 personas y facturó US$ 12,62 millones en 2025, según la Superintendencia de Compañías.

A sus 80 años, Narváez sigue al frente de las operaciones. Cuando su hija Johanna, coordinadora general, piensa en la carrera de su padre se llena de orgullo. "Mi papá es una de esas personas que nunca se quedan sentadas", dice. "Siempre ha tenido esa necesidad de buscar nuevas ideas y explorar posibles caminos"

¿Cómo llegó a construir la empresa?

Guillermo Narváez nació en Quito en 1946, hijo de un médico y una ama de casa. Sus padres lo inscribieron en el colegio Mejía, donde descubrió su amor por las ciencias. "Desde el colegio me encantaba todo lo que tenía que ver con la biología".

En su juventud, ayudaba en la empresa de arquitectura de sus dos hermanos mayores. Todavía recuerda cómo, al salir del colegio, llegaba todos los días a las obras. "Yo transportaba el cemento y materiales de construcción". Esa experiencia le dio disciplina y orden, dos cualidades que utilizaría más tarde en su carrera.

Al terminar el colegio, ingresó a la Universidad Central del Ecuador, donde se graduó como Ingeniero Agrónomo a los 23 años. Ese mismo año se casó. Después hizo una maestría en Ingeniería Industrial en la Escuela Politécnica del Ejército (ESPE).

Al finalizar sus estudios, ingresó a su primer trabajo formal en el área de servicio del Ministerio de Agricultura. Pero le tomó poco tiempo darse cuenta de que no estaba satisfecho. "No me gustaba trabajar sentado atrás de un escritorio. Quería estar en el campo, en el sector agricultor".

A los 28, comenzó a trabajar en una procesadora de champiñones, un producto novedoso para los años setenta. Él quería empezar a procesar otros alimentos: "Tuve la idea de producir enlatados que no solo se limitaran a champiñones". 

Así que comenzó a buscar financiamiento para montar su emprendimiento. "Me di cuenta de que había una procesadora de azúcar a la venta en Puembo, cerca de donde trabajaba". 

Para comprar la propiedad de 180 metros cuadrados acudió al Banco de Desarrollo del Ecuador (BEDE) y al Banco Caja de Crédito Agrícola-Ganadero. Así obtuvo una línea de crédito en sucres que eran aproximadamente US$ 20.000. 

Narváez luego llegó a expandir la planta a 1.000 metros cuadrados. Actualmente, mide 3.000 metros cuadrados.

La fábrica de Snob. Fotos: Armando Prado Viteri para Forbes Ecuador

Así fue, que, junto con un socio, arrancó con una línea de enlatados vegetales. Un año después, la empresa se estableció formalmente.

Pero el producto inicial no era suficiente para el emprendedor. "No todos quedaban bien, como por ejemplo en el caso de las frutillas", recuerda. "La fruta se encogía sustancialmente, entonces decidimos convertirla en un concentrado". Así nació su segunda línea, la más popular: las mermeladas.

La empresa elabora 260.000 kilos de productos al mes, entre concentrados, enlatados, encurtidos y envasados. Cuenta que los productos más populares son la mermelada de frutimora, los pepinillos y el ají con chocho.

Este empresario quería más. Viajó a ferias internacionales con dos propósitos: introducir productos ecuatorianos en el mercado global y explorar ofertas para importar. Logró ambos.

Snob comenzó a exportar palmitos en 2001, un negocio que concretó gracias a un socio externo con quien entabló una amistad. "Tenía una buena relación con la persona de marketing de una empresa chilena, él fue quien nos empezó a solicitar palmitos". Ese negocio sigue siendo clave en sus operaciones. 

Actualmente, el 7 % de sus ingresos proviene de exportaciones a Canadá, EE.UU., Alemania, México y otros países. Exportan palmito, ají de chocho, piña en conserva, mermeladas y otros productos. 

Cuando se trata de importaciones, Narváez siempre buscó oportunidades. "Las ferias fueron una gran forma de conocer lo que se estaba produciendo afuera y luego traerlo acá", explica. "En uno de los primeros viajes encontramos el vinagre balsámico, las aceitunas y productos más gourmet que no se encontraban en el Ecuador". Hoy importa vinagre balsámico, aceitunas, entre otros productos.

El futuro de la marca

Hace 10 años, Narváez compró el 100 % de las acciones de la empresa. Hoy, él y sus dos hijas son los tres socios de Snob.

La compañía tiene una red de 1.280 agricultores a través de los cuales obtiene su materia prima. Además, cuenta con 40 distribuidores, como Laura Narváez, en Cuenca, y Encomeca, en Ambato.

"Vendemos a los lugares más lejanos como en Sucumbíos, Loja y hasta Galápagos", dice el gerente general. "Esto es gracias a las alianzas que tenemos con distribuidores que trabajan con nosotros más de 20 años".

Desde 2024, la empresa ha destinado US$ 7 millones para levantar una nueva planta de producción en Puembo. Sin embargo, se han encontrado con problemas de escasez de materia prima. "No hay oferta suficiente de producto agrícola por lo cual es difícil cumplir con la demanda que viene del exterior", dice. "Por eso, se debe prestar mucha más atención al desarrollo del campo".

Su meta para el futuro es duplicar sus ventas, especialmente en el mercado externo. (I)