Apostar por lo imposible: la lección de Microsoft y OpenAI para los economistas
Una apuesta temprana muestra cómo el capital privado y el riesgo extremo pueden impulsar saltos productivos que ningún banco central puede garantizar.
Una apuesta temprana muestra cómo el capital privado y el riesgo extremo pueden impulsar saltos productivos que ningún banco central puede garantizar.
La exingeniera de Google, Cecilia Shen, cofundó Utopai para descifrar el código de la creación de contenido extenso mediante inteligencia artificial. Y gracias a una inversión de la leyenda de la NBA Carmelo Anthony, esta exconcursante de Under 30 ahora dirige un estudio multimillonario.
Un jurado determinó el lunes por la tarde que Elon Musk presentó demasiado tarde su demanda contra OpenAI y Sam Altman, al considerar que los demandados no eran responsables de ninguno de los reclamos y poner fin a un dramático enfrentamiento judicial entre dos de los multimillonarios más importantes de la industria de la inteligencia artificial.
Cofundada en 2019 por la exconsultora Jennifer Smith, Scribe ayuda a cientos de miles de empresas a documentar las tareas de sus empleados con un objetivo claro: preparar el terreno para que los agentes de IA asuman, más adelante, procesos repetitivos.
El CEO de Nvidia trepó al séptimo puesto del listado de Forbes tras el alza bursátil de la compañía, que volvió a marcar un récord global impulsada por la inteligencia artificial.
Deepfakes, estafas y réplicas empujan a celebridades, políticos, marcas y plataformas a disputar nuevos límites legales sobre consentimiento, licencias y responsabilidad digital.
Jan Zoltkowski creó Janitor AI, un sitio donde millones de usuarias escriben y protagonizan historias románticas interactivas con chatbots. Con una estructura mínima y costos ajustados, la startup busca transformar el boom de la fantasía en un nuevo negocio de entretenimiento digital.
Amazon, Microsoft, Alphabet, Meta y Tesla proyectan destinar cifras récord a la construcción de infraestructura para IA. Pero la demanda de energía ya pone frenos y la construcción de data centers empieza a frenarse.
El presidente Donald Trump está sopesando la posibilidad de que el gobierno supervise los nuevos modelos de IA antes de su lanzamiento público, según informó el lunes el New York Times, lo que supone un cambio de postura de Trump respecto a esta tecnología tras un desacuerdo entre su administración y Anthropic.
El conflicto alrededor de OpenAI amenaza con sacudir la reputación de la compañía y vuelve a poner en discusión el delicado equilibrio entre rentabilidad y beneficio público.
La nueva generación del modelo visual de OpenAI apunta a algo más que imágenes atractivas: busca producir piezas estructuradas, coherentes y verificables, con impacto potencial en marketing, diseño, robótica, conducción autónoma y servicios empresariales.
Mientras la logística puede explicar hasta el 40% del precio de un producto, una empresa argentina logró reducir esos costos en hasta un 22% combinando algoritmos avanzados e inteligencia artificial.
La inteligencia artificial acelera la creación de código y redefine el trabajo de los desarrolladores, mientras empresas y especialistas debaten si el valor profesional ya no está en escribir líneas, sino en diseñar soluciones, supervisar procesos y dominar nuevas herramientas.
La compañía detrás de ChatGPT gana libertad para vender sus desarrollos fuera de Azure, mientras el gigante tecnológico conserva una participación clave y redefine los términos económicos de uno de los pactos más influyentes del sector.
Los niños de primaria Jackson y Quincy Fuller no solo juegan con ChatGPT; lo utilizan para dirigir Stuffers, una empresa emergente corporativa de artículos de oficina con una facturación de seis cifras (con la ayuda de sus padres).
La nueva generación de modelos de IA ya no se alimenta solo de datos públicos, sino que empieza a registrar cada clic, tecla y movimiento en el entorno laboral, lo que abre una poderosa oportunidad tecnológica, pero también un frente crítico de vigilancia y privacidad para empleados y reguladores.
Más que una inyección de capital, el acuerdo fija prioridad sobre capacidad aún no construida, en plena carrera global por abastecer el salto de la inteligencia artificial.
Andon Labs puso a una inteligencia artificial a cargo de una boutique en San Francisco, con tarjeta corporativa, acceso a internet y una sola instrucción: ser rentable. Ahora repite el experimento en Estocolmo. Lo que encontraron en el camino plantea preguntas incómodas sobre el futuro del trabajo.
Un informe internacional dejó al desnudo la ventaja del país asiático frente al resto del mundo, incluido Estados Unidos, en una industria con impacto económico y fundamental desde la óptica militar.