Argentina: ¿dolarizar o no?
Las realidades entre países nunca son iguales, por lo que es esencial observar las bondades y los riesgos de un determinado régimen cambiario para cada caso. Pero debe recalcarse, sin orden fiscal ningún sistema cambiario funcionará eficientemente.

La dolarización aplicada en el Ecuador durante 23 años, sin citar las múltiples razones que llevaron a que se opte por esta decisión económica, arroja un saldo claramente favorable. Este resultado positivo de ninguna manera quiere decir que ha sido suficiente para todo lo que se requiere ni tampoco significa que ha resuelto todos los problemas.

Entre los factores a los que se le puede atribuir un beneficio directo de dolarizar la economía está el plazo y las condiciones en el otorgamiento de créditos en el mercado interno. Si bien es cierto que esto habría sido imposible sin una baja sensible de la inflación, ésta última también atada al esquema cambiario, la historia previa al año 2000, muestra que era muy difícil encontrar financiamiento a plazos mayores de 180 días y las tasas de interés en moneda nacional eran excesivamente elevadas. Si bien es cierto que en dólares éstas siguen altas por el riesgo país, las mismas medidas en términos reales aparecen como menos onerosas que aquellas experimentadas en moneda nacional. Otro beneficio de la dolarización fue evitar que los desequilibrios fiscales se “cubran” con emisión de dinero o con depreciación del tipo de cambio. Al no contar la economía con la opción de depreciar la moneda, no puede entregar mas recursos al fisco que no sean los que realmente dispone. Por esa razón, ya no existen presiones cambiarias o fiscales que alimenten al nivel de precios y produzcan más inflación. Ecuador mantiene una de las menores tasas de inflación de la región que, por lo anotado, es fuertemente atribuida más al régimen cambiario que a las gestiones de política económica de los gobiernos de turno. Tampoco debe olvidarse que la inestabilidad política del Ecuador y sus impactos en la economía, han sido mejor sorteados y menos perjudiciales por el solo hecho de contar con moneda extranjera y evitar ciertas válvulas de escape como la depreciación cambiaria y la inflación.

La certidumbre que irradia una economía con tasas de inflación bajas y el uso de una moneda aceptada internacionalmente, es un aliciente para adoptar decisiones de inversión y también para atraer recursos externos que no se diluyan con la depreciación cambiaria. Sin embargo, es importante señalar que a pesar de estar la economía ecuatoriana dolarizada, los beneficios de esto no se han plasmado en valores de inversión extranjera significativas, que no fuera aquella derivada de la construcción del Oleoducto de Crudos Pesados que permitió un impulso importante para el crecimiento económico del 2004 de más del 8% anual.

Es importante señalar que los efectos de los errores de política económica con moneda propia en el caso ecuatoriano, se reflejaban mayoritariamente en precios antes que en cantidades. Esto quiere decir que se producían aumentos en las tasas de interés, depreciaciones cambiarias aceleradas e inflaciones crecientes. Los impactos de un manejo económico inadecuado luego de iniciada la dolarización, se han manifestado mayoritariamente en variables de cantidad, es decir, reducciones del empleo, incrementos de la pobreza y atado a esto, un menor crecimiento económico. Lo anterior en absoluto implica que no se produzcan problemas de crecimiento económico o de empleo en una economía con moneda propia, de hecho eso fue parte del pasado, pero la secuela de efectos con y sin moneda, son principalmente en las variables anotadas.

Es difícil recomendar con precisión cuál es el estado previo adecuado para que una economía, como es el caso argentino, decida dolarizar. 

El Ecuador inició el proceso de la dolarización en una profunda crisis económica tanto de precios como de actividad económica obteniendo resultados favorables como se indicó. Tampoco es correcto afirmar que debe esperarse que las reservas internacionales se recuperen totalmente o que la situación fiscal muestre solidez para decidir dolarizar, pues en ese hipotético caso, ¿para qué dolarizo y pierdo el tipo de cambio como un instrumento de política económica, si la economía ha mejorado sin estar dolarizada? 

Por lo analizado, es una decisión que debe incorporar el pasado de la economía en cuestión, la coyuntura económica, la vulnerabilidad económica frente a factores externos y la relación existente entre el Ejecutivo, que es el promotor de la política económica y la legislatura, instancia que apoya o descarta las reformas económicas que pretenda impulsar el gobierno. En la actualidad, Argentina registra alta inflación, reservas internacionales insuficientes con una fuerte depreciación cambiaria y una profunda debilidad fiscal con presiones permanentes para subir el gasto público. El pasado argentino también denota una gran dosis de populismo económico y de despilfarro, lo que es un antecedente de indisciplina en manejo de las finanzas públicas.

Por lo anotado, si el nuevo gobierno puede garantizar un estricto manejo fiscal, la instauración de reformas económicas que requiere esa economía, si se compromete a un mercado laboral más flexible y busca frenar las presiones desestabilizadoras del futuro, probablemente dolarizar esa economía puede ser una alternativa viable, siempre reiterando que por sí sola la dolarización no resuelve todos los problemas y se pierde casi todo el ámbito de acción de la política monetaria y cambiaria. Así mismo, es muy relevante indicar que un buen manejo económico requiere un norte, con oportunidad en la adopción de decisiones, objetivos claros, perseverancia y consistencia, sea en un país con moneda propia o no.

Las realidades entre países nunca son iguales, por lo que es esencial observar las bondades y los riesgos de un determinado régimen cambiario para cada caso. Pero debe recalcarse, sin orden fiscal ningún sistema cambiario funcionará eficientemente. (O)