Durante los últimos años, la Inteligencia Artificial (IA) ha desatado una euforia sin precedentes. Esta "locura" alcanzó niveles paradójicos: mientras en ciudades como Guayaquil se promocionaban eventos masivos sobre IA en 2024 bajo un sistema eléctrico colapsado por apagones, en Wall Street cualquier anuncio de inversión en el sector disparaba las valoraciones de forma inmediata. Sin embargo, detrás de los algoritmos existe una realidad física ineludible. El desarrollo de modelos avanzados exige capacidades masivas de cómputo, almacenamiento, energía y microchips, obligando a las tecnológicas a incursionar en sectores ajenos a su naturaleza original.
Esto ha obligado a las empresas que quieren liderar el desarrollo de IA a aumentar sus inversiones en diversos sectores donde antes no tenían interés. Así nos encontramos a empresas de software y de comercio electrónico comprando plantas nucleares e invirtiendo en el desarrollo de data centers. Vemos a empresas de marketing comprando microchips y a empresas de microchips invirtiendo en empresas de desarrollo de software. También encontramos a empresas de crypto-minería cambiarse a ofrecer servicios de procesamiento de datos, para satisfacer la demanda.
Según reportes de Forbes Internacional, las 4 firmas tecnológicas más grandes preparan para invertir la cifra récord de US$ 650,000 millones en CAPEX (inversiones en activos fijos como chips o centros de datos) este año, lo que representa un incremento del 60% frente al periodo anterior y marca uno de los aumentos de gasto más significativos en la historia del sector tecnológico. Lideradas por planes de inversión de US$ 200,000 millones de Amazon y de US$ 185,000 millones de Google, este ritmo acelerado se parece más a una carrera armamentística por la IA que a la industria del software tradicional.
Todo esto tiene consecuencias financieras. El desarrollo de esta infraestructura requiere efectivo y drena el flujo de caja de empresas que antes no estaban acostumbradas a un CAPEX tan alto. Históricamente, el sector del software fue el "consentido" de Wall Street por su modelo de activos ligeros (asset-light) y bajo CAPEX, donde la escalabilidad era casi infinita y el costo marginal cercano a cero; sin embargo, la IA ha roto este paradigma al exigir que el software "viva" en supercomputadoras propias y consuma chips de US$ 30,000 con un gasto eléctrico masivo.
Esta transición ha obligado a las tecnológicas a dejar de alquilar nubes externas para construir sus propios centros de datos y diseñar chips a medida, transformando a empresas de servicios como Google o Meta en gigantes industriales cuyos balances financieros se asemejan hoy más a los de una empresa de energía o telecomunicaciones que a los de una start-up de Silicon Valley. Para los inversionistas, esta es una novedad incómoda, ya que el CAPEX masivo está erosionando los altísimos márgenes de beneficio acostumbrados al introducir la necesidad de depreciar maquinaria pesada, planteando la duda de si los ingresos futuros por servicios de IA serán suficientes para justificar la inversión en estas costosas fábricas digitales de miles de millones de dólares.
Aquí es donde entra la “fuerza de gravedad” de los mercados financieros. A cada rato surgen nuevas modas, como se ha visto en los últimos años con internet de las cosas (IoT), impresión 3D, metaverso y criptomonedas, pero eventualmente se pierde el entusiasmo cuando se cae en cuenta que no se generan las ganancias prometidas. En los dos primeros meses del 2026, las valoraciones de las Big Tech atravesaron una fase de corrección y volatilidad denominada el "pánico del CAPEX", donde el mercado ha pasado del optimismo ciego a castigar a las empresas que no demuestran un retorno de inversión inmediato. Oracle lidera los retrocesos con una baja del 27.89%, seguida de Microsoft con una baja del 16.95% y Amazon con un -7.28%, tras anunciar planes de inversión sin precedentes que despertaron temores. El índice tecnológico NASDAQ refleja esta situación con un retroceso del 3.46%. Esto llama la atención, ya que el sector ha venido liderando las rentabilidades en los últimos años.
Una empresa tecnológica líder que no he mencionado hasta ahora es Apple. A diferencia de sus competidores, la compañía ha logrado evitar la explosión de CAPEX, al negarse a entrar en la competencia por construir más que el resto, a pesar de ser criticados por haberse quedado en la carrera por la IA. Más bien, da la impresión de que esperaron a ver cuál es la empresa que genera la mejor experiencia para aliarse con ella. Esta disciplina estratégica ha mantenido el flujo de efectivo de de Apple en niveles históricos, registrando una caída mínima frente a los desplomes en el sector, demostrando que en lo que va del año el éxito bursátil depende más de proteger la rentabilidad y la eficiencia que de ganar la carrera armamentista. A veces, evitar seguir modas puede ser lo más rentable. (O)