Sobre el dinero, también se debe enseñar
Administrar mejor la escasez no equivale a superar la escasez. Una persona puede aprender a hacer un presupuesto, controlar gastos y evitar deudas abusivas, y aún permanecer atrapada en ingresos insuficientes. Por eso, la educación financiera debe ser el punto de partida, no el punto de llegada.

Sobre el dinero se debe enseñar y aprender. Sin embargo, nada o muy poco se enseña en las escuelas, colegios y universidades del Ecuador y de muchos países del mundo. La reciente Ley Orgánica de Educación Financiera abre una oportunidad que el Ecuador no debería desperdiciar, ya que busca incorporar conocimientos sobre ahorro, crédito, endeudamiento, fraude digital y uso responsable de los servicios financieros.

En donde muchas decisiones económicas se toman por intuición, urgencia o impulso, entender el dinero no es un lujo académico, sino más bien, una forma inteligente de protección ciudadana.

La educación financiera sirve para defenderse del sobreendeudamiento, del mal uso de las tarjetas de crédito, de los préstamos informales, de las captadoras ilegales, de las estafas digitales y de esa falsa idea en el sentido de que, consumir más equivale a progresar. Quien no entiende intereses, plazos, riesgos y obligaciones, firma contratos a ciegas. Y quien firma a ciegas, corre el riesgo de  pagar costosos errores que pudieron ser evitados.

Pero hay una distinción decisiva. Una cosa es la educación financiera y otra, relacionada pero distinta, es la educación para crear riqueza. La primera enseña a ordenar, proteger y administrar el dinero. La segunda enseña a producirlo, multiplicarlo y convertirlo en independencia. Ambas son necesarias, pero no son lo mismo.

Administrar mejor la escasez no equivale a superar la escasez. Una persona puede aprender a hacer un presupuesto, controlar gastos y evitar deudas abusivas, y aún permanecer atrapada en ingresos insuficientes. Por eso, la educación financiera debe ser el punto de partida, no el punto de llegada.

El siguiente paso es formar ciudadanos capaces de generar valor. Emprender, vender, negociar, invertir, calcular costos, entender márgenes, asumir riesgos razonables y construir patrimonio.

La vieja frase dice: “si le das un pescado a un hombre, comerá un día; si le enseñas a pescar, comerá toda la vida”. En el mundo actual habría que añadir algo más: enséñale también a vender, presencial y digitalmente, y podrá generar riqueza para sí mismo, su familia y su entorno.

Vender no es manipular. Vender, bien entendido, es identificar una necesidad, resolver un problema y recibir una retribución legítima por el valor creado y aportado. Vende el agricultor que coloca mejor su cosecha, el profesional que ofrece un servicio confiable, el artesano que transforma talento en ingreso y el emprendedor que convierte una idea en empresa.

Ese enfoque es importante para los sectores populares. La inclusión financiera no puede reducirse a bancarizar a más personas para que accedan a crédito de consumo. Debe servir para que más ecuatorianos entiendan cómo financiar un pequeño negocio, separar las cuentas familiares de las del emprendimiento, calcular si una deuda produce o destruye valor, distinguir activos de pasivos y pasar de la supervivencia a la formación de patrimonio.

La riqueza, entendida con seriedad, no es ostentación; es autonomía y responsabilidad. Es decidir con menos miedo, depender menos del favor político, resistir mejor las crisis, educar mejor a los hijos y ejercer la libertad con mayor criterio. Una sociedad con ciudadanos económicamente capaces es también una sociedad menos manipulable y más responsable.

La ley puede ser un gran paso si se implementa con rigor. Pero su éxito no dependerá de añadir una asignatura más a la malla educativa ecuatoriana, sino de cambiar la relación cultural del país con el dinero, el trabajo, el riesgo y la productividad. Enseñar a detectar una estafa es indispensable. Enseñar a construir valor es transformador.

El Ecuador necesita ciudadanos que sepan ahorrar, sí; pero también ciudadanos que sepan vender, invertir, emprender y crear. La educación financiera enseña a cuidar el dinero. La educación para crear riqueza enseña a hacerlo nacer y crecer. Y allí empieza una forma más profunda y poderosa de Libertad. (O)