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La leche no es solo leche: el queso como expresión de diversidad y valor agregado

Verónica Chávez

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Uno de los grandes aportes del queso: demostrar que la leche no es un producto único, sino una base sobre la cual se desarrolla una oferta diversa, adaptable y en constante evolución.

24 Abril de 2026 14.51

En Ecuador, el queso es mucho más que un acompañamiento. Está en el desayuno, en la cocina diaria, en la gastronomía y en distintas tradiciones regionales. A propósito del Día Mundial del Queso (27 de marzo), vale la pena detenerse en este alimento y en lo que representa: diversidad, adaptabilidad y valor agregado dentro de la cadena láctea.

Un estudio reciente sobre la favorabilidad de los lácteos en el país confirma que el queso es uno de los productos con mayor presencia en los hogares ecuatorianos. Más del 90% de los consumidores lo ha incorporado en su alimentación en semanas recientes, lo que evidencia su carácter transversal: se consume en distintas edades, niveles socioeconómicos y momentos del día.

Parte de esa fortaleza está en su diversidad. En Ecuador conviven múltiples tipos de queso —frescos, semimaduros y maduros; artesanales e industriales; suaves o intensos— que responden a diferentes preferencias de sabor, necesidades nutricionales y capacidades adquisitivas. Esta amplitud hace que el queso no sea un producto único, sino una categoría que se adapta a realidades muy distintas.

Para algunos hogares, el queso fresco es un alimento cotidiano, accesible y presente en la mesa diaria. Para otros, los quesos maduros o más especializados representan una experiencia distinta, más ocasional o incluso aspiracional. En ambos casos, el queso cumple un rol claro: acompañar, complementar y diversificar la alimentación.

Desde lo nutricional, el queso es una fuente importante de proteínas de alta calidad, calcio y micronutrientes esenciales. Además, en etapas de la vida donde la leche pierde protagonismo —como en la adultez— el queso se mantiene como una alternativa valorada, inclusive por su mejor tolerancia en ciertos casos.

Pero el queso no es solo nutrición. Es también cultura.

Estudios cualitativos muestran que, especialmente en su versión artesanal, el queso está profundamente vinculado al territorio y a la identidad. Su sabor, textura y origen lo convierten en un alimento cercano que conecta con la memoria y las tradiciones de los ecuatorianos. En muchos casos, más que un producto es una experiencia.

También es una de las principales formas de valor agregado dentro de la cadena láctea. En este sector, la diferenciación no está solo en la materia prima, sino en lo que se construye a partir de ella: variedad, calidad y nuevas propuestas para el consumidor.

Ahí está uno de los grandes aportes del queso: demostrar que la leche no es un producto único, sino una base sobre la cual se desarrolla una oferta diversa, adaptable y en constante evolución.

En un entorno de consumo cada vez más dinámico —marcado por cambios en hábitos y nuevas tendencias alimentarias— el queso tiene una ventaja clara: su capacidad de adaptarse. Porque si algo lo caracteriza es que logra estar, al mismo tiempo, en lo cotidiano y en lo especial, en lo accesible y en lo diverso, en lo tradicional y en lo moderno. (O)

Y quizá por eso, más allá de cifras o tendencias, el queso sigue ocupando un lugar privilegiado en la mesa de los ecuatorianos: porque es cercano, versátil y, sobre todo, porque nos gusta. Al final, la leche no es solo leche. También es diversidad. Y en esa diversidad, el queso ocupa un lugar central. (O)

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