De Bruselas a Bonn, a dedo
Aquel viaje no me convirtió en europeo ni en cosmopolita de manual. Me dio algo más valioso: una medida y comprensión distinta del mundo. Me enseñó que la aventura necesita carácter; y que la libertad sin responsabilidad puede terminar, literalmente, en un inolvidable patio helado y frente a una puerta cerrada.