De los placeres sin pecar
Además de la muerte y pagar impuestos, el baño es ese lugar que nos hace semejantes unos con otros: reyes, presidentes, artistas, abogados, futbolistas, ingenieros, ricos, pobres, todos somos iguales es este recinto.

Todo puede faltar durante el día, menos comer e ir al cuarto de baño (que viene siendo la culminación de lo mismo). Es imposible vivir sin ir en algún momento del día al baño: lavarnos los dientes o las manos, darnos un modesto duchazo, hacer pipí, sentarnos a leer como en el más cómodo de los despachos o simplemente un lugar para el ocultamiento y el regocijo. El baño es un buen pretexto para llevar un libro o un dispositivo electrónico para distraerse viendo noticias o pornhub. 

En este espacio, donde se respira un aire inconfundible, acudimos la mayoría de las veces con una necesidad apremiante. Seguramente por esta urgencia, ir al baño al apuro hace que lo miremos como un lugar que solo sirve para descargar los instintos más urgentes y básicos del ser humano, cuando en realidad puede llegar a ser un lugar de meditación trascendental para la toma de ciertas decisiones o un sano lugar de esparcimiento. 

Por eso no valoramos lo suficiente este espacio que no ha sido adecuadamente reconocido por los anales de la historia. Damos por sentado (nunca mejor dicho) su existencia y descuidamos algunas cosas que debemos siempre tomar en cuenta y que, sin ser exhaustivo, intentaré explicar por considerar las más relevantes. Veamos qué sale.

Primero, compruebe que no se puede abrir la puerta desde afuera. Sería un fiasco espantoso que alguien entre inoportunamente. Si no hay seguro ponga una escoba, el zapato, el calzoncillo (total, no lo va a necesitar), una silla o algo contundente. Imagínese si alguien entra y usted está cómodamente sentado. Ni se diga si está en la ducha. Además de la sorpresa, se puede generar un gravísimo dilema para el que abre la puerta: cerrar de golpe o entrar a saludar. Si cierra abruptamente, queda como un malcriado (porque además entró sin golpear). Pero si decide entrar, lo aconsejable sería que se acerque a saludar.

También, es de elemental necesidad ver si hay papel higiénico. ¡Qué grave es quedarse sin papel! ¿Quién no ha gritado desesperadamente en esta situación? Es una experiencia muy angustiante. Por eso, es de trascendental importancia revisar que todo esté en su sitio. Además, es importante verificar si el rollo tiene las condiciones necesarias para cumplir con su papel. Imagínese que tenga el tamaño de una serpentina y le toque hacer uso de una tirita de colores. Mejor no se imagine. También es recomendable revisar que el rollo se encuentra bien puesto. ¿De qué manera se debe colocar el papel higiénico? Siempre hacia arriba. Descubrir lo contrario podría demostrar desprolijidad del dueño de casa. Jamás confíe en alguien que dificulta la tarea de la higiene. 

Tampoco se atreva a salir del baño y dejar la tapa del inodoro levantada. Si es hombre y vive solo, el problema solo es de salubridad no una causal de divorcio. El verdadero motivo por el que se baja la tapa del baño no es un tema estético, como muchas personas sostienen. Es para que no salpique el agua que salta luego de la descarga. Ese es el verdadero motivo que ahora ya lo sabe. Así que baje la tapa antes de descargar el agua. Si quiere, luego de eso puede volver a levantar porque ya no hay motivo para dejar bajada la tapa, salvo que tenga perro, gato o niño chiquito. Sin embargo, por alguna extraña razón, este es un tema que no gusta a ciertas personas, de preferencia de sexo femenino. Si identifica algún grado de tensión por haber dejado levantada la tapa, ¡huya! Aunque todavía no entiendo por qué, no hay peor cosa que dejar levantada la tapa del escusado. 

Siempre suelte el agua. Pero siempre verifique cuando esté en baño ajeno que funciona la cadena antes de cualquier tipo de manifestación del cuerpo. No hay peor fiasco que descubrir que la cadena no funciona (y tener una cola de personas esperando usar el baño).

Este no es un tema menor, porque además de la muerte y pagar impuestos, el baño es ese lugar que nos hace semejantes unos con otros: reyes, presidentes, artistas, abogados, futbolistas, ingenieros, ricos, pobres, todos somos iguales es este recinto indispensable donde se producen las más gratas satisfacciones. No se olvide, “de los placeres sin pecar, el mejor es el cagar”. (O)