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Día de las Niñas en las TIC: ¿Configurar el futuro o solo observarlo?

Diego Buenaño

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El 51,9 % de las zonas rurales ecuatorianas aún enfrenta brechas de acceso digital. Para una niña en Cañar o en Sucumbíos, la narrativa de que la inteligencia artificial es una oportunidad llega antes que la infraestructura que permitiría aprovecharla.

24 Abril de 2026 14.16

El 23 de abril, la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) celebró el Día Internacional de las Niñas en las TIC. El tema elegido para 2026 “IA para el Desarrollo: Las niñas configuran el futuro digital” propone una visión optimista que nos desafía a mirar con mayor cuidado lo que ocurre debajo de este lema de celebración.

Ecuador ha definido metas concretas dentro de su Estrategia Nacional de Fomento y Uso Ético de la Inteligencia Artificial (EFIA-EC 2025–2029), entre ellas que al menos el 20% de los equipos de desarrollo de IA cuenten con participación femenina y que las mujeres ocupen el 25% de los espacios en comités de ética. Más que objetivos aspiracionales, estas cifras funcionan como umbrales iniciales de política pública: puntos de partida para corregir una brecha estructural que, de no intervenirse, tiende a reproducirse en todo el ciclo de desarrollo tecnológico.

Sin embargo, un umbral inicial también puede ser entendido como una confesión. Si el Estado ecuatoriano necesita legislar para garantizar que una de cada cinco personas en un equipo de IA sea mujer, es porque la situación de partida está por debajo de eso. No es una crítica a la estrategia, es una lectura honesta de lo que revela: que la brecha no es residual ni está en vías de resolverse sola. Es estructural, y la estructura no cambia con declaraciones.

El dato global confirma la magnitud del desafío. Según el Foro Económico Mundial, apenas el 30% de los profesionales en inteligencia artificial a nivel mundial son mujeres. Frente a ese contexto, el umbral del 20% definido en la estrategia ecuatoriana debe leerse como un punto de partida regulatorio, no como una meta de llegada. La discusión relevante no es si ese porcentaje es suficiente, sino qué tan rápido puede escalarse sin reproducir las mismas barreras que hoy intenta corregir.

Lo que sí ofrece pistas sobre cómo acortar esa distancia es lo que ocurre cuando el acceso se abre deliberadamente. México lo mostró este año: el Maratón de las Niñas y las Mujeres en las TIC 2026 articuló 47 actividades en torno a una idea simple pero poderosa: crear, no solo consumir. No es la escala lo que importa, sino la lógica. Cuando una niña programa un avatar o construye una narrativa con código, no está aprendiendo a usar tecnología; está internalizando que puede diseñarla. Esa distinción es estructural: es la diferencia entre formar usuarias y formar arquitectas del sistema.

La pregunta que Ecuador debería hacerse no es si alcanzará el 20 %, sino qué ocurre con el 80 % restante de los equipos. Porque esos equipos diseñarán sistemas que incidirán en decisiones críticas: quién accede a crédito, qué perfil es contratado, qué paciente recibe prioridad, qué estudiante progresa. La inteligencia artificial no es neutra; codifica los supuestos de quienes la construyen. Un modelo desarrollado desde una perspectiva mayoritariamente homogénea no se vuelve equitativo por intención. Se vuelve, inevitablemente, parcial.

La universidad tiene una responsabilidad directa en este problema, aunque suele formularla de manera cómoda. Hablamos de incluir más mujeres en carreras STEM, de visibilizar referentes, de crear entornos “acogedores”. Todo eso es necesario, pero insuficiente si evitamos una pregunta más incómoda: ¿cuántas estudiantes abandonan en los primeros semestres no por falta de capacidad, sino porque el entorno académico no las reconoce como pares?

En la Universidad de Las Américas (UDLA) llevamos años trabajando en esa dirección: desde iniciativas articuladas con el Ministerio de Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información y la Unión Internacional de Telecomunicaciones en el marco del Día Internacional de las Niñas en las TIC, hasta STEMLovelace, una comunidad estudiantil que construye redes de mentoría y visibiliza referentes. No lo menciono como evidencia de solución. Lo menciono porque incluso desde dentro sabemos que las intervenciones puntuales no sustituyen el rediseño del entorno.

El 51,9 % de las zonas rurales ecuatorianas aún enfrenta brechas de acceso digital. Para una niña en Cañar o en Sucumbíos, la narrativa de que la inteligencia artificial es una oportunidad llega antes que la infraestructura que permitiría aprovecharla. La EFIA-EC plantea transformar a las niñas de usuarias pasivas en creadoras activas. Antes de eso, hay una condición más básica: garantizar acceso.

El lema de la Unión Internacional de Telecomunicaciones afirma que las niñas configuran el futuro digital. La estrategia ecuatoriana fija, como punto de partida, un umbral del 20 % de participación femenina en equipos de IA. El dato relevante no es el 20 %, sino qué tipo de sistema produce un 80 % de exclusión en los espacios donde se diseña la inteligencia artificial. Porque configurar el futuro implica diseñarlo. Y, por ahora, demasiadas niñas siguen esperando que alguien más lo haga por ellas. (O)

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