La producción de cosechas en todo el mundo está seriamente amenazada, por un lado, la cantidad de fenómenos climatológicos inesperados y por otra la ausencia cierta- que determinará- cuando menos un aumento de precios en los fertilizantes químicos, base de la agricultura intensiva y con ello un alza en los costos que alterará irremediablemente su comercialización.
El llamado “cambio climático” se viene presentando cada vez con más rigurosidad y con alarmantes signos de destrucción y dolor: graves inundaciones, fuertes sequías prolongadas, nevadas impresionantes o torrenciales lluvias nunca vistas. Las estaciones meteorológicas de todo el mundo nos brindan datos y cifras que demuestran la realidad planetaria y ponen en evidencia los profundos cambios que viene soportando la población mundial en general y la agricultura en particular.
El ataque de Rusia a Ucrania o la agresión de Estados Unidos e Israel a Irán y de Israel al Líbano mueven las fichas de tal modo que la producción de alimentos queda firmemente sujeta al curso de esas luchas bélicas. Basta señalar que la disminución de las cosechas de trigo y cebada con destino al Africa se han visto alteradas mientras que el cierre parcial o total de Estrecho de Ormuz ha dejado a gran parte del mundo sin la cantidad requerida de fertilizantes químicos, especialmente países como India, China, Indonesia o Tailandia reconocidos productores de arroz.
El rol de los fertilizantes químicos
Las plantas o los cultivos requieren básicamente de tres nutrientes fundamentales: nitrógeno, fósforo y potasio (NPK), los denominados fertilizantes nitrogenados como el amoníaco y la urea son procesados o producidos a partir del gas natural (GNL), las instalaciones de Irán y Catar han sido seriamente atacadas y afectadas a tal extremo que uno de los mayores complejos mundiales de urea como Qatar Energy ha decidido detener indefinidamente su producción, afectando con ello a varias zonas agrícolas del mundo.
La fertilización nitrogenada aumenta el contenido de proteínas de las plantas en forma directa, pero cantidades adecuadas de potasio y fósforo mejoran ostensiblemente esa capacidad, de allí la afirmación de que “las proteínas llegan a la mesa del hombre directamente a través de las plantas o de los animales, aves o pescado que han consumido plantas que contienen proteínas”, sea un argumento científico muy válido.
El fósforo es esencial para el crecimiento de los vegetales, no existe otro nutriente que lo pueda sustituir y su papel es tan relevante que ningún cultivo puede culminar su ciclo o cosecha sin su presencia. Al fósforo se lo destaca en la fotosíntesis, en la división celular y en la trasferencia de energía, por ello está presente en la formación de raíces y semillas, entre otras importantes tareas.
Por su parte el potasio es indispensable para que las plantas soporten de mejor manera el ataque de enfermedades, fortaleciendo mecanismos de la resistencia natural de la planta.
Al no contar con estos fertilizantes o contarlos en cantidades insuficientes los rendimientos agrícolas nunca llegarán a la excelencia, datos recientes señalan que el 43 % del comercio mundial de urea está en franco riesgo a causa del conflicto en Medio Oriente, la firma Commodities Research Unit (CRU) indica que cerca del 45% de las exportaciones globales de azufre (otro nutriente básico de las plantas) y componente clave de los fertilizantes fosfáticos pasa justamente por el estrecho de Ormuz.
Sector susceptible
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ya alertó al mundo sobre la serie de peligros, que, como derivación de la guerra de Medio Oriente, corría un sector extremadamente susceptible como es la agricultura cuyas consecuencias inmediatas se verían reflejadas en aspectos tales como una descontrolada alza de los costos de productos básicos como el trigo y el arroz o una marcada escasez de combustible necesario para la maquinaria agrícola utilizada en todas sus labores - siembra, cultivo, riego y cosecha- o también un inusual y justificado aumento de costos en el área del transporte con efectos graves para productores y consumidores.
El Estrecho de Ormuz es paso obligado de un 30 a un 34% del tránsito mundial de fertilizantes producidos y comercializados por esa convulsionada y bombardeada región, muy especialmente los llamados fosfatados y la urea cuya disponibilidad hoy está en duda con las consiguientes secuelas para la agricultura del planeta.
No es aventurado afirmar que, si el conflicto continúa, con treguas y sin ellas, se podría reducir no sólo la obtención de cosechas sino la calidad de estas, la falta de insumos claves -fertilizantes y combustibles- redundaría en una presión inflacionaria sobre el futuro de la canasta familiar, por ello analistas indican que la guerra en el Golfo Pérsico provocaría una inusitada e incontrolable elevación de los precios agrícolas en todo el planeta.
Indirectamente como suceden en todas las guerras, hay sectores que resultan agredidos o atacados, esta vez es la agricultura global, el sector ofendido ya que cultivos importantes ven aumentar sus costos de producción y exportación en razón que insumos básicos- imprescindibles- no existen, llegan a destiempo y con precios no esperados atentando con ello la seguridad alimentaria mundial. Consecuencias dolorosas y poco previstas de las guerras. (O)