El conflicto bélico en medio oriente ha hecho que los precios del petróleo y derivados suban en el mercado internacional. Varios analistas han recalcado que, si bien mayores precios del petróleo son favorables para nuestras exportaciones, también estamos expuestos a mayores costos de importación. De esta manera, la narrativa sobre el impacto del incremento de los precios del petróleo y derivados se ha vuelto algo ambigua. A la final, ¿nos beneficiamos o no con mayores precios del crudo? Y, ¿si regresa el subsidio, entonces nos vamos a salir perdiendo? Hay otros impactos también de este conflicto, en inflación, crecimiento, y demás. En este artículo, sin embargo, nos enfocaremos en el fiscal.
Históricamente, el Ecuador ha sido un exportador neto de crudo y derivados. Esto quiere decir que, en neto, luego de todos los ingresos y costos a los que el país está expuesto con los cambios en los precios del petróleo y derivados, el país tiene un saldo positivo en sus flujos petroleros netos. Esta sensibilidad no ha sido estable en el tiempo. Hace 15 años, por cada barril de derivados que el Ecuador importaba, exportaba 8 barriles de petróleo y derivados. Hoy, exporta 2. Hace 15 años, alrededor de 40 centavos de cada dólar de ingreso petrolero bruto llegaba al PGE, hoy llegan 20 (cálculos propios). Sin embargo, hasta ahora, los flujos de nuestra economía petrolera han sido positivos.
Los flujos petroleros en nuestra economía funcionan de la siguiente manera. En términos simplificados, nuestros ingresos son las exportaciones y ventas internas de combustibles, mientras que los gastos son las importaciones, los pagos al sector petrolero privado, los presupuestos de inversión y operación de Petroecuador, y preasignaciones. Lo que queda, va al PGE. En 2025, usando los datos del Banco Central como una aproximación a la economía petrolera, el Ecuador exportó 119.2 millones barriles de petróleo, a un precio promedio de US$ 58.3 por barril, y 11.7 millones de barriles de derivados a un precio promedio de US$ 61.2 por barril, lo que significó un ingreso por exportaciones de US$ 7.6 mil millones (números cerrados). Al mismo tiempo, las ventas internas de diésel y gasolina sumaron US$ 5.3 mil millones, dándonos un ingreso petrolero bruto de casi US$ 13 mil millones. Ecuador importó 57.8 millones de barriles de nafta y diésel, con un costo total de US$ 5.5 mil millones. El ingreso petrolero neto en el presupuesto general del estado fue de US$ 1.6 mil millones, lo que sugiere que se gastó casi US$ 6 mil millones en pagos al sector privado, en los presupuestos de operación e inversión de Petroecuador, y en preasignaciones presupuestarias.
Sin embargo, en choques como el actual, si el incremento de los precios de los derivados (diésel, por ejemplo), es desproporcionalmente mayor al incremento del precio del crudo, el impacto positivo se podría disolver, y eventualmente, tornarse negativo para el estado (el ingreso petrolero neto en el PGE caería mientras más suben los precios internacionales). Este riesgo se acrecienta toda vez que los volúmenes de exportación sufren de una caída continua, o que el volumen de importación de diésel se incrementa (sea por mayor consumo, incapacidad de refinación doméstica, roturas de oleoductos, etc.), o una combinación de ambas.
Mecánicamente, existe la posibilidad que el subsidio a los combustibles (gasolinas de bajo octanaje y diésel) regresen, ya que los precios domésticos de venta del combustible se pueden ajustar al alza solo un 5% al mes, que está por debajo del incremento actual de los precios internacionales. Si el gobierno decidiera congelar los precios del diésel nuevamente, este ajuste incluso desaparecería. Bajo estos escenarios, la elasticidad de nuestras finanzas públicas al incremento del precio del petróleo sería más baja, debilitando la relación entre el ingreso petrolero bruto y el saldo remanente para el PGE, al no tener un incremento proporcional en el componente del ingreso por ventas internas que compense el incremento en costos de importación. Sin embargo, no hay que olvidar que los precios internos de venta de combustibles ya son más altos en 2026 que en 2025, lo que significa que nuestra base de ingresos petroleros brutos, todo lo demás constante, es más alta que en el pasado.
Mientras más largo sea el conflicto, y más distorsiones se creen en el mercado de energía global, mayores riesgos para la economía petrolera ecuatoriana. Disrupciones de capacidad global de refinación, costos de fletes, cuellos de botella en transporte, perspectivas de producción petrolera durante y post-conflicto, y muchos otros riesgos, pueden afectar a que existan divergencias en la evolución del precio del crudo frente a los derivados tanto en el mercado spot como en el mercado de futuros.
Finalmente, vale recalcar que un incremento violento de los precios de los combustibles no es deseable en el largo plazo en la medida en que destruye crecimiento global, genera expectativas de inflación en EEUU, afecta al alza a las perspectivas de tasas de interés, y presiona primas de riesgo. El impacto final global que tenga el choque sobre nuestra economía (crecimiento, financiamiento público, sector fiscal, etc) dependerá de la magnitud y perseverancia del choque externo. (O)