La trampa de la autoexplotación
"Pasamos de una sociedad disciplinaria a una sociedad del rendimiento."

Con esta frase, Byung-Chul Han, filósofo contemporáneo que analiza la sociedad actual, sostiene que ya no son las exigencias externas las que fatigan y desgastan al ser humano. Aquello que antes venía de nuestros padres, jefes o líderes y que debíamos cumplir, hoy ha sido reemplazado por una exigencia mucho más silenciosa: la que nos imponemos nosotros mismos. Nos hemos convertido en una sociedad de la autoexigencia y, yo diría, de la autoexplotación.

¿Cuándo fue la última vez que descansaste todo un fin de semana sin mirar pendientes? ¿Cuándo llegaste a casa y realmente estuviste presente, sin el computador abierto y sin más tareas del trabajo? ¿Cuándo compartiste de verdad con tu familia, con tus hijos o leíste un libro en paz?

Cada vez nos imponemos metas más altas: rendir más, vernos mejor, lograr más. Convencidos de que eso nos permitirá alcanzar ese éxito tan promovido en las redes sociales. Pero, ¿qué es realmente el éxito? Para algunos será un cargo soñado; para otros, formar una familia; para un niño, convertirse en el mejor estudiante. Cada uno tendrá su propia respuesta.

Lo que Byung-Chul Han quiere decirnos es que pasamos de la disciplina de cumplir y hacer bien las cosas a la búsqueda de un perfeccionamiento agotador. Uno en el que no nos permitimos descansar y donde, incluso, el descanso genera culpa.

Recuerdo a Héctor Ruiz Martín, el neuropsicólogo que suelo citar en este espacio, quien habla de la importancia de desconcentrarse para volver a concentrarse; es decir, de descansar para recuperar nuestra capacidad de aprender y pensar con claridad.

Sin embargo, el mundo parece avanzar en sentido contrario. Las redes sociales nos muestran estándares de productividad cada vez más altos y, muchas veces, imposibles de alcanzar.

Listas interminables de pendientes, actividad mental constante, pocas horas de sueño y una fatiga que termina convirtiéndose en parte de la rutina.

Esta presión trae consecuencias. El ya conocido burnout. Las investigaciones muestran que el agotamiento no aparece únicamente por trabajar muchas horas, sino por mantener durante demasiado tiempo altas demandas sin espacios suficientes para recuperarnos. La Organización Mundial de la Salud lo reconoce como un síndrome asociado al estrés laboral crónico.

Lo preocupante aparece cuando la pasión por lo que hacemos se transforma en ceguera y dejamos de distinguir entre compromiso y abandono de nosotros mismos.

¿Qué estamos enseñando con estos mensajes? Si nuestros hijos nos ven trabajar hasta altas horas de la noche, responder correos durante la cena o llevar siempre trabajo a casa, probablemente aprenderán que no existe espacio para compartir, descansar o simplemente estar presentes.

Hace algún tiempo alguien me dijo, con mucho cariño, que dejara de autoexplotarme. En ese momento pensé que estaba equivocado. Después empecé a revisar mis momentos con mi hijo, mis espacios de descanso y esos instantes en los que simplemente no hago nada. Descubrí que nunca tenía una lista vacía de pendientes.

Creo que no está mal que alguien nos recuerde que debemos pausar. A veces, refugiarnos en el rendimiento también puede ser una forma de escapar de ciertas realidades y dejar de mirar aquello que verdaderamente importa.

Porque el rendimiento, por sí solo, no trae el éxito. Quizá el verdadero éxito consista en autorregularnos, poner límites y cuidar de nosotros mismos, tanto en lo físico como en lo afectivo. (O)