Lo que me enseñó Succession (sin spoilers)
Terminó la mejor serie de HBO, sin discusión. Y para aquellos que aún no la han visto (shame on you) o para quienes todavía están batallando con la crisis existencial y depresión que generó el final de su tercera temporada, llega un análisis introspectivo, sin spoilers, del Original Gangster (O.G.) de las series contemporáneas: 'Succession'.

Las historias de Wall Street y las grandes tragicomedias griegas se juntaron bajo la presencia del Zeus del 'Gen Z' para traernos una de las mejores series del siglo XXI. Una profunda mirada al 1 % del 1 %, un estilo absurdo y casi grotesco de riqueza, en el que las más mínimas decisiones afectan directamente a la macroeconomía, la democracia y el futuro de millones de personas. 'Succession' se estrenó en 2018, con cuatro temporadas y 39 episodios, y se ha convertido en un suceso mundial. 

Sin mucho preámbulo quisiera empezar por listar las enseñanzas que me dejó, sin spoilear a aquellos ilusos que aún no la han experimentado de primera mano: 

1. Los millonarios visten para lucir, los billonarios susurran. 

Uno de los principales atractivos de “Succession” se da con base en la representación de la riqueza. El estilo de vida de la familia Roy no se muestra proactivamente con súper tomas en cámara lenta de los helicópteros o lentes macro para las marcas de lujo. Todo es muy sutil, porque tanto Logan, como sus cuatro hijos, no tienen que demostrarle nada a nadie. Cuya riqueza ficticia se estima que llega a los US$ 18.000 millones. 

2. La meritocracia perpetúa los imperios. 

El imperio de la empresa 'Waystar', como una monarquía, cae en los mismos problemas familiares de herencia que cualquier familia promedio, solo que en otra magnitud. El viejo rey se niega a dejar el poder en uno de sus consentidos hijos, cuya crianza los ha hecho débiles, incapaces de salir de la burbuja que él mismo les creó. La meritocracia se ve cada vez más atractiva para consolidar en el tiempo la imagen de este arcaico emperador. 

3. Los 'sharks' destruyen al mundo. 

En este Olimpo mediático, la sostenibilidad del planeta y la igualdad social nunca se topan, siempre están en un segundo o tercer plano. Todo es un estado salvaje, parecido a la jungla, que abarca la ley del 'más fuerte' en todos sus aspectos. Ese crecimiento, sin techo, los lleva a tomar decisiones enmarcadas en el área gris de la legalidad, desde tapar secretos hasta mentir en el Congreso de EE.UU. 

4. La mala crianza genera malos líderes. 

Una madre ausente emocionalmente y un padre abusador se llevaron toda pizca de humanidad en sus hijos. Kendall, Shiv, Roman y Connor son personas disfuncionales, ajenas a sus propios beneficios y, por ende, lejos de entender la realidad de la mayoría de las personas. La cabeza de la familia, Logan, construyó su riqueza desde cero, lo que le permite tener una visión global del reino, desde las necesidades de sus empleados, hasta lo que le gusta ver a los televidentes. 

5. No es mejor llorar en el Ferrari.

La depresión es un tema recurrente de la serie. Desde los más grandes CEO hasta el primo Greg, todos tienen razones para desfogar sus problemas de salud mental con hedonismo, sin tratar de llegar a encontrar ayuda a largo plazo. Esto corrompe, tarde o temprano, sus valores, su familia, sus hogares y la oportunidad de estar más cerca del trono. 

En definitiva, 'Succession' nos dejó mucho por digerir. En general, la dicotomía yace en saber si idealizas este estilo de vida o si puedes observar en conjunto los errores, fracasos y privilegios que conforman la elite económica global. Uno de los principales atributos de los griegos fue la decisión de representar a sus dioses como seres imperfectos, inseguros y egoístas, casi como niños malcriados con poder. Lo mismo se ve reflejado en ese porcentaje mínimo de personas que parece alejarse cada vez más del resto, del 99 % de 'mortales'. Pero si pudieras ponerte en los zapatos del viejo rey, ¿A quién le dejarías las llaves del reino y la fortuna de US$ 18.000 millones? 

Ps: Y para aquellos que digan que la serie está sobrevalorada, en palabras de Logan Roy, un merecido: “F*ck off”. (O)