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Más que un llamado a los estados, si de alguna manera queremos acoger las prudentes reflexiones de León XIV sobre la dignidad humana y el bien común, nuestra magnifica humanidad requerirá mucho más que aquellos, sus gobiernos y regulaciones, sino más bien, un acuerdo global de esa humanitas con los auspicios activos y comprometidos de sus dos grandes potencias.

30 Septiembre de 2026 16.23

Humanidad magnífica (o Magnifica Humanitas en latín) es el título que el Papa León XIV dio a la primera encíclica de su papado, la que versa sobre la inteligencia artificial, la robótica y la digitalización como tecnologías disruptivas con gran impacto en la humanidad. Uso aquí el término "tecnología disruptiva" acuñado por el filósofo moderno Clayton Christensen en 1995, al definirla como aquella que modifica -al provocar la disrupción de y en un determinado status quo- el nivel de confort en la sociedad, generando así una aceptación irreversible. León XIV las identifica como las "res novae" de nuestro tiempo. 

León XIV expidió la encíclica Magnifica Humanitas no sólo en su calidad de líder religioso sino como un pensador y líder universal, como en efecto lo es. Por ello, este documento comprende dos visiones; por un lado, la cristiana; y, por otro, la holística, la de los retos que enfrenta nuestra sociedad con la inteligencia artificial y otras tecnologías afines. 

Christensen sostuvo que entraríamos a una época del conocimiento humano en la cual las tecnologías disruptivas se producirían cada vez a mayor velocidad, generando una separación entre dichas tecnologías y el desarrollo de la política pública y la legislación, la cual sería cada vez mayor por el acelerado desarrollo de tales tecnologías, desarrollo que, además, se tornaría exponencial. Este aceleramiento en la producción tecnológica causa, o ya está causando, dos fenómenos: primero, son las empresas tecnológicas las que determinan la "política pública" para las tecnologías disruptivas a través de sus propias directivas; y, segundo, los estados se encuentran más y más rezagados en la regulación de dichas tecnologías. Aquello se torna particularmente palpable en Occidente, donde las grandes empresas de esta nueva era industrial, y sus "tycoons", lideran el pensamiento de vanguardia, provocando, o incluso definiendo, el desarrollo del pensamiento de los estados y de las sociedades. La situación en Oriente puede ser más compleja al quedar tal rol en manos de estados no democráticos. 

Ante éste gran fenómeno, si consideramos la tesis de Christensen, la inteligencia artificial -tecnología disruptiva es su máxima expresión- habría sido ya acogida por la sociedad actual, lo cual hace que su permanencia sea, o simplemente es, irreversible.

Por su parte, León XIV considera necesario aproximarse a la inteligencia artificial desde la perspectiva del individuo en la sociedad, haciendo a la vez un llamado a la prudencia y protección de la dignidad del ser humano y de su capacidad de desarrollo en un entorno productivo. Cabe resaltar que León XIV publica la Magnifica Humanitas el 15 de mayo de 2026 y varios meses antes de las recientes declaraciones de múltiples líderes de la inteligencia artificial, tales como Dario Amodei (y su reciente propuesta de un acuerdo global), quienes han hecho un llamado axiológico respecto de las posibles consecuencias que aquella inteligencia puede tener en la humanidad. También resalto que el Santo Padre anunció la encíclica acompañado de Jack Clark, quien es uno de los co-fundadores de Anthropic (empresa desarrolladora del algoritmo Claude), lo que comprende un importante e inédito gesto de apertura al diálogo sobre este tema.

Ante este gran reto que es en sí misma la inteligencia artificial, debemos estar conscientes que su permanencia en el quehacer de la humanidad magnífica es irreversible. Claro, no sabemos si León XIV leyó a Christensen y conoció de sus predicción y teoría sobre la evolución de las tecnologías y su aceptación social, mas ciertamente anticipa, con preocupación, la acelerada transformación que tales tecnologías tienen en el quehacer humano. 

Existe también un importante paralelismo histórico. La Magnífica Humanitas nace en esta actual y gran revolución industrial y tecnológica que vivimos como lo hizo hace un siglo la Rerum Novarum ante la anterior revolución industrial. El punto de conexión está en la necesidad de observar y utilizar los desarrollos tecnológicos a la luz de los valores y criterios de justicia, equidad y desarrollo social, los que en aquella otra revolución industrial del siglo XX fueron comprendidos en lo que se denominó la Doctrina Social de la Iglesia, y sobre la cual ahora el Pontífice de Chicago hace un llamado en tiempo presente a reconocerla y ratificarla. 

Para enfrentar la problemática, León XIV se aproxima desde dos perspectivas. Por un lado, recurre a una aproximación antropológica y por otro a una axiológica. En cuanto a aquella, indica que la dignidad humana no depende de las capacidades que posee, de las riquezas o del rol que desempeña, ni de las decisiones justas o equivocadas que toma, sino que es un don que la precede y la excede y que, por ello, la tecnología debe estar sometida a la dignidad humana y no al revés. Y, en cuanto a ésta, la aproximación desde los valores, se fundamenta en el bien común, es decir, la forma social de la dignidad que se reconoce a cada uno, o en el derecho común, un principio general por el cual se debe velar por la generalidad y su interés, y al hacerlo, precautelar el acceso justo, la protección a los menos favorecidos, la accesibilidad, entre otros criterios orientados a la inclusividad y universalidad de las tecnologías para el beneficio de cada individuo. Sin duda, y ya lo vemos, algunos de los retos de la inteligencia artificial y la automatización nos dejan estas inquietudes: ¿cuál será el futuro de las comunidades y países más pobres y menos capaces de acceder a dichas tecnologías? ¿podrán aquellos superar las cada vez más amplias brechas económicas y de conocimiento, para salir de la pobreza? ¿o, estarán condenados a la indefinida provisión de recursos naturales para la transición energética y tecnológica de otras sociedades cada vez más avanzadas? 

Ahora bien, y más allá de que León XIV advierte diversos riesgos, los que serán materia de análisis futuro (junto con sus múltiples beneficios), su aproximación a una posible solución recae en el Estado, o en los estados del orbe, a los que invita a regular la inteligencia artificial con el objetivo de enmarcar su uso y precautelar la dignidad humana y el bien común (Véase Wall Street Journal, Pope Leo’s AI Manifesto, Mayo 27, 2026). Ante este intento, siempre bienintencionado, observo que la aproximación, o más bien el llamado y recomendación de la Magnifica Humanitas podría ser insuficiente, por las razones que explico a continuación. Primero, los estados, o al menos los estados occidentales y sus democracias están en crisis, lo cual se observa en Europa y más allá, donde existen un debilitamiento del modelo de gobierno, alejamiento de los sistemas democráticos y polarización política. Segundo, la inteligencia artificial es no solo una tecnología disruptiva sino un motor acelerador y productor de otras tecnologías y descubrimientos, lo cual incrementa la brecha entre la capacidad de los estados de regular un número cada vez mayor de tecnológicas nacientes. Tercero, la competencia por la inteligencia artificial es una carrera geopolítica entre los dos únicos super poderes actuales -Estados Unidos y China-, en la cual ninguno desea ceder espacios y en la que cada uno compite bajo su modelo político, con las respectivas fortalezas y debilidades. Cuarto, en el entorno actual, en el que los organismos multilaterales de la posguerra -aquellos que definieron la arquitectura del derecho internacional público-, pierden preponderancia y credibilidad (incluyendo a las Naciones Unidas), su rol en la definición del nuevo orden internacional es, si no débil, ineficaz. 

Por estas razones, más que un llamado a los estados, si de alguna manera queremos acoger las prudentes reflexiones de León XIV sobre la dignidad humana y el bien común, nuestra magnífica humanidad requerirá mucho más que aquellos, sus gobiernos y regulaciones, sino más bien, un acuerdo global de ésta humanitas con los auspicios activos y comprometidos de sus dos grandes potencias.

¿Será posible un gran pacto por la dignidad humana? (O)

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