Miedo a todo: la paranoia no tiene límites
Pedro Maldonado OrdóñezEditor
Pedro Maldonado OrdóñezEditor
La gente borra las aplicaciones móviles de los bancos cuando está en la calle. Las desinstala y las vuelve a instalar en sus teléfonos cuando llegan a un lugar seguro.
Otros evitan tener la app en su teléfono y los más familiarizados con la tecnología la disfrazan con otras aplicaciones. Así, dicen, en caso de robo el ladrón pensará que el teléfono sustraído no tiene acceso al banco.
También están los que salen con un teléfono carnada, casi siempre un equipo viejo y que no funciona. La gente se da modos para esquivar a los delincuentes y evitar esa sensación horrorosa que queda luego de un robo en la calle, esa sensación en la que uno se siente un verdadero tonto que se descuidó.
La gente camina con miedo y desconfía de todos. No importa la hora o el barrio, mujeres y hombres evitan sacar su teléfono celular mientras están en la calle. Hay quienes incluso los dejan en su oficina cuando salen a hacer un trámite o una compra.
Mirar hacia atrás es otro tic de los ecuatorianos. Al salir de un centro comercial, al subirse o bajarse de un taxi. Al salir de la casa o del edificio la costumbre ahora es mirar varias veces al frente, a la derecha y a la izquierda.
Recibir un saludo en la calle es una novedad. Escuchar un ‘buenos días’ o un ‘buenas tardes’ es raro, pero cuando aparece deja la sensación de que aún hay gente educada.
Caminar por las noches parece deporte extremo, no se diga salir en la bicicleta. Y si uno comete esa ‘imprudencia’ le tachan de irresponsable y confiado. ‘¿Qué te pasa?, ¿Estás loco?’.
Escuchar una moto asusta a muchos. Tenerlas al lado del lado pone nerviosos a los conductores y pasajeros. Pero muchos de esos motociclistas son padres, madres, hermanos, hijos, empleados. Gente buena.
Hemos llegado a niveles impensables de paranoia, de miedo, de desconfianza de todo. Es absurdo. (O)