Pausa estratégica en la confrontación de Medio Oriente
En definitiva, en una guerra limitada no se busca la victoria total y negociar no es rendirse, como lo afirma Mojtaba Khamenei, sin embargo, los objetivos políticos se modificaron ante el desafío geoeconómico alcanzado con el control del estrecho de Ormuz en contrapartida con la efectividad disuasiva de las sanciones económicas, que sirvieron como argumentos decisivos para la tregua.

La referencia realizada el 5 de este mes de junio en la Revista Forbes sobre la definición de la estrategia de Beaufre, como una dialéctica de voluntades, ayuda a comprender las cuestiones objeto de una negociación y de otros aspectos concebidos como irrenunciables. Se cumple de esta forma, con una doctrina de intercambio, o transacción de voluntades sin que aparezca ninguna imagen de rendición para las partes.

En esta pausa estratégica alcanzada, los temas que han motivado la desescalada son de estabilidad geoeconómica ante una subida del precio del petróleo a $150, provocada con el bloqueo del estrecho de Ormuz, que excita una brusca inflación económica global.

Asimismo, el alivio de las sanciones económicas impuestas a Irán, la apertura del Estrecho de Ormuz y la estabilidad a ser alcanzada mediante desbloqueo de los fondos retenidos 24.000 millones y licencia para que Iran pueda vender petróleo libremente. 

En los temas centrales del conflicto, retirada de las fuerzas de Estados Unidos de los alrededores de Irán, la reafirmación por parte de Irán de su compromiso bajo el TNP de no desarrollar armas nucleares, el congelamiento de enriquecimiento de Uranio al 60%, con sujeción a inspecciones por parte de la OIEA, serian temas de negociación posteriores a los 60 días fijados de tregua, cuando el conflicto se haya resuelto en forma definitiva. En términos de Liddle Hart lo que se ha logrado es aplazar la decisión de un conflicto irresuelto

 Esta imprescindible postergación del conflicto, destinada a ganar tiempo demuestra vacíos Geoestratégicos, desde el momento que deja abierta la oportunidad de la acción de políticas no consensuadas y de factores claves como inteligencia estratégica, gestión de conflictos, poder nacional, alianzas y maniobras estratégicas.

En inteligencia estratégica se pierde de vista que la confrontación militar entre Israel e Irán es la más relevante de la geoestratégica contemporánea; ambos persiguen objetivos de seguridad nacional, pero para Israel es un objetivo existencial de sobrevivencia antes que de dominio, por lo tanto, no se prevén los escenarios prospectivos para afrontar la persistente acción violenta de control de los grupos Hamas, Hezbolah, Huties impulsados por Irán, desde Líbano y Siria; tal como se ha manifestado antes de la firma oficial del acuerdo de cese del fuego en Ginebra.

La insuficiencia de la geográfia de Israel debido a su reducida profundidad territorial y elevada concentración demográfica, económica e industrial le convierte en un país altamente vulnerable a ataques de drones Shahet y misiles de largo alcance como los Fattah, con los que se atacó a la infraestructura nuclear israelí de Dimona que sobrepasaron la capacidad de defensa antiaérea con su Iron Dome y Honda de David. 

No obstante, su capacidad de proyectar el poder aéreo israelí a grandes distancias con sus cazas F-35 y F-18 de quinta generación, con los que realizo sus ataques León Rugiente a la infraestructura nuclear iraní.

Israel con sus ataques sobreestimo su superioridad cualitativa de inteligencia, tecnológica y cibernética, descuidando la capacidad de empleo de misiles hipersónicos de Irán y el uso de enjambres de drones con los que saturo los sistemas de interceptación israelí, demostrando una capacidad de represalia, disuasión ampliada efectiva y de ampliación del conflicto a los países del Golfo.

Otro de los errores relacionados con las alianzas y los bloques conformados se refiere en gran parte a la planificación estratégica en el respaldo político militar y tecnológico de los Estaos Unidos y los países del Golfo CCG, que progresivamente conforme el deterioro de la situación de la crisis, evidenciaron que el apoyo internacional siempre es limitado y sujeto a los interese particulares, negándose por lo tanto a una ampliación regional del conflicto.

Irán por su parte sobreestimo el nivel de apoyo que recibiría de sus socios estratégicos, Rusia y China quienes priorizaron sus propios intereses nacionales y evitaron una ampliación directa en la confrontación.

Pero los errores geoestratégicos más visibles fueron los de la estrategia utilizad por Israel, orientada a la destrucción de objetivos específicos selectivos del liderazgo iraní, como del ayatola Jaminei y de los líderes del Guardia Revolucionaria CGRI éxitos operacionales que no tuvieron la repercusión en el nivel político para el cambio de régimen como se esperaba.

Irán siguiendo una doctrina de guerra asimétrica, de desgaste con una defensa en mosaico, con mandos descentralizados se basó en la represalia reactiva, con apoyo de sus aliados regionales.

En conclusión, la confrontación de Estados Unidos e Israel con Irán demuestra que los errores de la planificación geoestratégica, no se originan exclusivamente en deficiencias militares o la falta de maniobras sino más bien en la sincronía de la apreciación geográfica, que ofrece limitaciones, pero también oportunidades estratégicas como fue el control del estrecho de Ormuz, como centro de gravedad estratégico.

La valoración del poder, la alianza y la relación de los objetivos políticos con las operaciones militares. La clara vinculación de fines, medios y modos pensando que el estado final deseado se logra por el éxito de las operaciones militares de un plan único sin una nueva planificación para la conducción estratégica de las operaciones.

En definitiva, en una guerra limitada no se busca la victoria total y negociar no es rendirse, como lo afirma Mojtaba Khamenei, sin embargo, los objetivos políticos se modificaron ante el desafío geoeconómico alcanzado con el control del estrecho de Ormuz en contrapartida con la efectividad disuasiva de las sanciones económicas, que sirvieron como argumentos decisivos para la tregua.

La estabilidad política económica regional y el desasosiego económico de Irán han dejado a Israel con una amarga perspectiva de un conflicto en pausa estratégica y se ha aplazado la decisión que sin lugar a dudas abrirá el espacio para una nueva crisis. (O)