¿Qué harías con 19 billones de dólares? La riqueza enterrada de Venezuela
Venezuela carga con una cifra que suena a broma cósmica, a leyenda colonial reescrita en Excel. Este país cuenta con alrededor de 303.000 millones de barriles de reservas probadas. A precio de viernes 9 de enero de 2026 (US$ 63,34/barril) ese inventario subterráneo equivale a US$ 19,1 billones. Aun así, esta cifra sirve para lo que los imperios siempre han hecho mejor, convertir la geología en destino.

Diecinueve billones. En español suena más pesado que en inglés, quizá porque “billón” tiene algo de sentencia. Un uno seguido de doce ceros. Si intentas imaginarlo, el cerebro se defiende. Así que hay que traducirlo a comparaciones, como quien convierte una constelación en mapa.

Para empezar por lo cercano, el PIB de Ecuador, según el dato más reciente del Banco Central, es de: US$ 124.600 millones. Es decir, si el PIB fuese una piscina, el “valor” del petróleo venezolano sería un océano que podría tragarse un Ecuador por año durante siglo y medio. Ahora ampliemos el lente. El FMI estima el PIB mundial en torno a US$ 123,5 billones. Eso significa que la cuenta venezolana, al precio del Brent, representa aproximadamente 15,5 % de toda la producción anual del planeta.

Desde la perspectiva individual, Reuters informó que la riqueza total de los multimillonarios rondaba los US$ 14 billones. En otras palabras, el valor teórico de las reservas venezolanas sería 1,3 veces toda la fortuna combinada de los súper ricos del mundo.

En cuanto a la infraestructura histórica, según una estimación, construir una Torre Eiffel hoy podría costar alrededor de US$ 480 millones. Con 19,19 billones levantarías casi 40.000 Torres Eiffel. ¿Prefieres espacio? El costo del programa Apolo, ajustado a dólares de 2020, se estima cerca de US$ 257.000 millones. Con la cifra venezolana financiarías unos 75 “Apolo” completos.

La UNESCO calculó un diferencia anual de financiamiento de US$ 39.000 millones para alcanzar educación universal de calidad (pre-primaria, primaria y secundaria) en países de ingresos bajos y medio-bajos. 19,19 billones cubren ese espacio por 492 años. Casi medio milenio.

Y si hablamos de hambre, hay otra cifra que quema. Un reporte de UNIDO–FAO recoge estimaciones recientes. Para erradicar el hambre hacia 2030 haría falta un gasto adicional de US$ 540.000 millones. La cifra venezolana equivale a 35 veces lo necesario.

Desde la salud, la OMS reportó US$ 9,8 billones de gasto mundial en salud en 2021. El petróleo venezolano, en esta aritmética de mercado, sería casi dos años de todo lo que el mundo gastó en esta área.

Hagamos una última comparación para aterrizar el tamaño del número en el tablero de los Estados. Solo el presupuesto militar de EE.UU. aprobado para 2026 se ubica en US$ 901.000 millones. Con 19,19 billones, compras más de 21 años de ese presupuesto. No para aplaudir ninguna carrera armamentista, sino para mostrar el tipo de escala del que estamos hablando.

Ahora, ese dinero no está en una bóveda. No es cash ni cheque, es una multiplicación. Lo que sí es real es el poder simbólico de la cifra, 19,19 billones es un relato y los cuentos gobiernan.

América Latina ya conoce este guion. El Dorado, Potosí, el caucho, el banano, el guano, el salitre. La región es experta en producir riquezas que terminan siendo sustantivos sin ciudadanía. Riquezas que hacen girar mercados, pero no escuelas. Dinero que llena balances, pero no camas de UCI. Tesoros que justifican élites, pero no garantizan futuro. El petróleo venezolano, convertido en cifra, se parece demasiado a esas antiguas promesas.

19 billones de dólares son una tentación. Una cifra así puede volverse una religión económica, la fe de que “algún día” todo se arreglará porque “tenemos con qué”. Pero una nación no se salva por lo que posee. El subsuelo puede ser millonario y la superficie puede estar en números rojos. Puede existir abundancia geológica y escasez institucional al mismo tiempo.

Al final, el dato que debería inquietarnos es que el mundo siga tratando esa cifra como si fuese equivalente a bienestar, como si multiplicar barriles por dólares fuese lo mismo que multiplicar dignidad por oportunidades. Si la sociedad venezolana confunde inventario con oportunidades, lo que termina administrando es solo esperanza. ¿Quién se queda con el valor real del barril? (O)