Resiliencia productiva, consumo presionado y la urgencia de reconectar la cadena: así es el sector lácteo ecuatoriano
Mirando hacia adelante, el sector lácteo ecuatoriano enfrenta una oportunidad decisiva. La resiliencia productiva ya está demostrada. El siguiente paso es convertirla en competitividad sostenible: mejorar la eficiencia de la cadena, fortalecer la calidad, comunicar mejor el valor nutricional y social de los lácteos, y reconstruir el vínculo con el consumidor.

El sector lácteo ecuatoriano atraviesa un momento que exige una lectura profunda: no se debe reducir el análisis a si el sector está creciendo o atravesando una crisis. Los datos más recientes muestran una realidad matizada: mientras el acopio de leche en el sector formal se recupera y mejora en calidad, el consumo enfrenta presiones derivadas del contexto económico y de cambios en el comportamiento del consumidor. Este contraste revela un desafío estructural que trasciende a los volúmenes y obliga a mirar a la cadena láctea como un sistema que necesita volver a alinearse para transformar resiliencia en valor sostenible.

Durante 2025, el acopio de leche cruda en el sector formal creció más del 7 % frente al año anterior, consolidando una tendencia positiva a partir del segundo trimestre. Este incremento no es menor, considerando un entorno marcado por incertidumbre climática, mayores costos de producción y ajustes económicos. La señal es clara: la base productiva del sector formal ha demostrado capacidad de adaptación, inversión y compromiso con la continuidad del abastecimiento, inclusive en un escenario desafiante.

Un elemento particularmente relevante de esta recuperación es el mayor peso del origen ganadero en la leche receptada por la industria formal, especialmente en las empresas socias del Centro de la Industria Láctea. En los últimos meses del año, más de la mitad del volumen provino directamente de productores, reduciendo la intermediación y fortaleciendo la trazabilidad. Este cambio mejora la eficiencia de la cadena, pero, sobre todo, incide directamente en la calidad del producto y en una relación más equilibrada entre productor e industria.

En efecto, el acopio de las industrias lácteas formales no solo crece en volumen, sino que muestra mejoras en su composición. El aumento en los niveles promedio de proteína y la estabilidad en el contenido de grasa reflejan avances sostenidos en manejo, genética y alimentación. Para la industria, estos indicadores son estratégicos: una leche de mejor calidad permite mayor rendimiento industrial, diversificación de portafolios y desarrollo de productos con mayor valor agregado. En un mercado cada vez más exigente, la calidad deja de ser un atributo deseable para convertirse en una condición indispensable.

Sin embargo, este desempeño productivo contrasta con un consumo que permanece presionado. De acuerdo con mediciones de Nielsen, el consumo de lácteos en Ecuador registra una contracción cercana al 6,5 %, aunque con señales de desaceleración en los últimos meses del año, especialmente en el canal tradicional. Los hogares han ajustado sus patrones de compra, priorizando precio, formato y canal. El consumo per cápita de lácteos, que se sitúa alrededor de los 108 litros al año por habitante, continúa debajo de las recomendaciones internacionales (160 lts./hab.), no por falta de oferta, sino por restricciones económicas y cambios en la percepción del valor. El consumidor no ha abandonado los lácteos, pero sí ha redefinido la forma en que los incorpora a su dieta.

A esta tensión se suma una desconexión evidente entre los precios pagados al productor y los precios finales al consumidor. Mientras el valor de la leche cruda ha mostrado incrementos moderados y sostenidos, los precios en góndola han registrado alzas más significativas en determinadas categorías. Esta brecha presiona a la industria, reduce márgenes y, sobre todo, erosiona la confianza del consumidor. El reto central está en la eficiencia y articulación a lo largo de toda la cadena.

Existen además desafíos sanitarios y logísticos que no pueden ser ignorados. Los indicadores de calidad muestran que los mayores riesgos no se concentran en el productor formal sino en los eslabones posteriores: transporte, almacenamiento en puntos de venta y manejo en centros de acopio. Resolver estos cuellos de botella requiere inversión, innovación tecnológica y una visión compartida entre el sector privado y las autoridades, enfocada en elevar estándares sin perder competitividad.

Mirando hacia adelante, el sector lácteo ecuatoriano enfrenta una oportunidad decisiva. La resiliencia productiva ya está demostrada. El siguiente paso es convertirla en competitividad sostenible: mejorar la eficiencia de la cadena, fortalecer la calidad, comunicar mejor el valor nutricional y social de los lácteos, y reconstruir el vínculo con el consumidor desde la confianza y la transparencia.

El futuro del sector no dependerá únicamente de producir más, sino de producir mejor, distribuir con eficiencia y conectar con un consumidor que busca precios justos, calidad comprobable y coherencia. Reconectar la cadena láctea es hoy una urgencia estratégica para asegurar su sostenibilidad económica, social y nutricional en los próximos años. (O)