En una época especialmente dura para la humanidad, asolada desde siempre por guerras y disputas, expuesta a bruscos cambios climáticos, a tragedias naturales que van desde grandes nevadas, tormentas con lluvias nunca antes vistas hasta terribles y destructivas sequías, día a día los cambios en el planeta siguen sucediéndose : ríos y mares contaminados, especies vegetales y animales agredidas, tala inmisericorde de bosques, corrientes hidrográficas alteradas, incendios catastróficos o deshielos insospechados.
Sin embargo, de ese convulsionado panorama, Ecuador- pequeño país de Sudamérica, destaca una noticia positiva: el 20 de febrero de 2026 hizo historia al protagonizar y llevar a cabo uno de los proyectos de restauración insular más grandes del mundo, regresando a su hábitat natural a 158 tortugas gigantes en la Isla Floreana de las Galápagos. Un hito en la conservación de las especies: devolver a su medio ambiente a individuos con una línea genética que se considerada extinta desde el siglo XIX.
El linaje de estas tortugas gigantes, cuyo nombre científico es Chelonoidis niger, fue redescubierta en los alrededores del volcán Wolf en la isla Isabela, empezando entonces una larga y meticulosa reactivación, tendiente a lograr su retorno bajo criterios científicos y técnicos.
El trabajo coordinado con “Galápagos Conservancy”, la Fundación de Conservación Jocotoco, la Fundación Charles Darwin e “Island Conservation” y el Parque Nacional Galápagos (PNG) lograron que el Proyecto de Restauración Ecológica de Floreana tuviera éxito, proyectando tareas similares con otras especies en vía de extinción, como el Cucuve de Floreana (Mimus trifasciatus) ave endémica muy rara, que vivía en la isla, pero los pocos ejemplares que quedan lo hacen únicamente en islotes cercanos.
Floreana es parte del Archipiélago de las Galápagos, archipiélago de origen volcánico compuesto por un total de 13 islas mayores- 4 de ellas pobladas- más de 200 islotes, islas menores y rocas. Ubicado cerca de 1000 kilómetros del Ecuador continental y que en 1979 fuera declarado como “Patrimonio Natural de la Humanidad”, seis años más tarde es decir en 1985, nombrado como “Reserva de la Biósfera” pero en 2007 UNESCO dio un giro al nominarla como “Patrimonio de la Humanidad en Riesgo Medioambiental “ lista a la que dejó de pertenecer el año 2010 gracias a la presión científica mundial y a la serie de ajustes que se hicieron , especialmente en el manejo de la carga turística, mejor control de especies invasoras, así como leyes y reglamentos para la especie menos favorecida y más controvertida de las islas: la humana .
El principio del fin
Inicios y mediados del siglo XIX quedaron marcados como una época nefasta en la que balleneros estadounidenses y británicos, exterminaron la población de tortugas gigantes del Archipiélago, fácilmente capturadas y ubicadas en las bodegas de sus navíos, como alimento “fresco” de la tripulación en sus los largos desplazamientos marítimos. Se calcula que, en esos aciagos años, entre 150.000 y 200.000 animales llegaron a ser sacrificados, dejando varias islas como Floreana sin un solo ejemplar vivo, alterando su ecología y biodiversidad para siempre.
El mal causado por los balleneros no solo estuvo en la extracción y muerte de los quelonios, sino también en la introducción de especies ajenas a las islas como cabras, gatos y roedores que liquidaron la fauna nativa. Las tortugas gigantes de la isla Floreana no tenían depredadores naturales, pero sus huevos y crías fueron presas sencillas para esos grupos introducidos.
A finales del siglo XIX la industria ballenera empezó a declinar, fundamentalmente por la invención del querosene, lo que redujo la demanda mundial de grasa y aceite de ballena y por ende su pesca y captura perdió interés, como consecuencia sus viajes a las Galápagos se hicieron cada vez más esporádicos, aunque “el daño irremediable estaba provocado”.
Las tortugas gigantes y su espectacular regreso
Los caparazones de las tortugas gigantes pueden sobrepasar 1,5 metros de largo, que las convierten en los quelonios terrestres más grandes que existen y también en la especie más longeva dentro de los vertebrados, ya que su esperanza de vida supera los cien años y se ha visto tortugas- emparentadas con las gigantes- que en cautiverio vivieron hasta los 170 años.
Catalogadas como reptiles con una alimentación herbívora, llegan a pesar entre los 300 y 400 kilos. Muchos biólogos y conservacionistas las señalan como “ingenieras del ecosistema” ya que aparte de regular la vegetación son unas dispersoras de semillas promoviendo con ello la regeneración natural del hábitat, de allí su trascendencia en el marco de la biodiversidad.
Las 158 tortugas gigantes del Proyecto de Restauración Ecológica, fueron criadas, cuidadas y alimentadas en el Centro de Reproducción y Crianza en Cautiverio “Fausto Llerena” ubicado en la isla Santa Cruz, una vez determinada científicamente a Floreana como lugar donde se procedería a su liberación y con la suficiente antelación- desde el año 2023- se emprendió una extensa campaña para exterminar especies invasoras como gatos ferales y roedores, tarea en la cual colaboraron y se integraron al Proyecto, 150 habitantes de la isla Floreana- en su mayoría dedicados al turismo - verdaderos garantes de esta notable acción ecológica.
Una vez “limpia” la isla y tras 180 años de ausencia, al fin regresaron las tortugas gigantes a su ámbito, no sin antes cumplir rigurosos protocolos sanitarios y provistas de su correspondiente microchip, asegurar identificación y trazabilidad.
Técnicos nacionales, guardaparques y asesores de las distintas organizaciones aliadas que conforman el Proyecto de Restauración Ecológica de Floreana, conjuntamente con los isleños, se encargarán de vigilar y monitorear a cada ejemplar, muchos de los cuales se liberaron en parajes de difícil acceso humano , espacios donde esperan una correcta adaptación al entorno natural propio, posibilitando de esa manera un “auténtico retorno del pasado”, devolviendo a la naturaleza un eslabón que solo la ciencia podía lograrlo.