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La economía azul es una industria que genera trillones de dólares en valor anual, pero el futuro de la economía oceánica no se debe definir por cuanto se extrae, sino por la eficacia con la que se regenera y crea valor sin afectar los fundamentos ecológicos que la sostienen.

28 Agosto de 2026 16.32

El 40% de la población mundial vive a menos de 100 km de la costa, y esa franja costera que representa únicamente el 5% de la tierra habitada, es a su vez la generadora de entre el 30 y 50% del PIB mundial. Como todo ecosistema, el oceánico se enfrenta a un creciente declive debido a la sobreexplotación, destrucción del hábitat, la contaminación y el cambio climático. De allí la importancia de transitar hacia una economía azul regenerativa que contribuya a la restauración y fomento de una prosperidad equitativa dentro de los límites planetarios. 

Sobre los límites planetarios

Aunque el planeta Tierra es naturalmente resiliente, como toda máquina que sobrepasa su capacidad instalada, el humano puede forzar sus actividades a un extremo tal que la Tierra comienza a operar fuera de un espacio seguro, ocasionando que su resiliente natural se debilite. Esto genera un sobrecalentamiento, degradación de los ecosistemas y señales o síntomas de alerta capaces de marcar un punto de inflexión en sistemas claves para la vida. 

Según el Centro de Resiliencia de Estocolmo, actualmente la actividad humana domina el sistema terrestre o la salud de la Tierra, un sistema que cuenta con 9 procesos críticos y cuyos límites han sido definidos científicamente. Sobrepasarlos significaría que se han hecho daños irreversibles en el sistema de soporte vital del planeta, y ahora mismo, 7 de los 9 límites han sido sobrepasados. Aunque transgredir esos límites no implica cambios drásticos inmediatos, en conjunto si ponen en riesgos a las comunidades y la biósfera en la que vivimos.

Conocer los límites planetarios como interdependientes apoyan la toma de decisiones sobre sostenibilidad para mantener un espacio operativo seguro para la humanidad. Esos límites son: aceleramiento del cambio climático, integridad de la biósfera o pérdida de la biodiversidad, cambios en el uso del suelo, ciclos biogeoquímicos por uso excesivo de fertilizantes, alteración en agua dulce, nuevas entidades químicas como plásticos y sintéticos, acidificación de los océanos, agotamiento de la capa de ozono y carga de aerosoles atmosféricos (siendo estos 2 últimos los únicos que aún se encuentran dentro del límite).

El último límite planetario en ser sobrepasado

En el reporte del 2025, por primera vez se reveló que el límite planetario “acidificación oceánica” había sido sobrepasado. Se refiere a que el océano actúa como una esponja del carbono que genera la actividad humana (transporte, ganadería, agricultura, etc.) y cuando ese CO2 se acumula en el océano, se disminuye a su vez el pH del agua del mar. Este fenómeno hace que el agua progresivamente se acidifique o se vuelva más ácida y el componente clave (aragonito) para muchos organismos marinos, escasea. De allí que vemos efectos graves como el blanqueamiento de los corales, el debilitamiento de las conchas (en regiones polares y costeras) que comercialmente terminan convirtiéndose en un riesgo para industrias de pesca y acuicultura. 

Con el último límite planetario sobrepasado, ya se suman 7 las amenazas directas a la industria costera ecuatoriana, por ejemplo, para el pequeño acuicultor, la “acidificación del agua” puede representar una mortalidad de hasta el 60% del camarón adulto. Asimismo, el “cambio climático” aumenta la temperatura del agua y por ende la intensidad y frecuencia de eventos como el fenómeno de El Niño. El “cambio en el uso del suelo” tiene un impacto indirecto pero significativo ya que, en el caso de la costa, elimina barreras de protección costera (como los manglares) y desplaza al ciudadano a zonas con peligro de inundación y de deslaves. La “modificación de flujos biogeoquímicos” degrada la calidad de la tierra generando zonas muertas costeras; el “cambio en agua dulce” influye en la gestión de agua potable; la introducción de “entidades químicas” como los plásticos que afectan al mismo ser humano por medio del consumo de microplásticos invisibles al ojo humano; y la “pérdida de integridad de la biósfera” que, en el caso de Ecuador, afecta directamente a la biodiversidad en especial la marina de las Islas Galápagos. 

La regeneración como prioridad

Aunque lo más tentador es enfocarse en la rentabilidad del corto plazo, la realidad es que la prosperidad de las comunidades costeras y la recuperación de los ecosistemas marinos, son metas que van de la mano. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, la economía azul regenerativa consiste en un modelo económico que combina la regeneración y protección efectiva y rigurosa del océano y de los ecosistemas marinos y costeros, mediante actividades económicas sostenibles, con bajas o nulas emisiones de carbono, a la par de que integran una prosperidad justa para las personas y el planeta, en el presente y futuro.

Así, según el Consejo para la Economía Azul Regenerativa del Foro Económico Mundial, se indica que existen 4 áreas cuya interacción puede contribuir a desarrollar riqueza y restauración activa de los sistemas oceánicos:

  1. Gobernanza: Armonizando las políticas entre sectores, gestionando compensaciones y abordando los impactos generados para desarrollar una planeación coherente y con resultados de largo plazo.
  2. Financiación: Reorientar la inversión pública e innovar en los instrumentos comerciales para incentivar resultados regenerativos de restauración y descarbonización, mientras se garantiza que las comunidades costeras accedan equitativamente a capital.
  3. Capacidad humana: Desarrollar las habilidades y brindar recursos necesarios para el diseño e implementación de soluciones de zonas de interés.
  4. Tecnología e IA: Con ayuda tecnológica, lograr la mejora de la monitorización oceánica, la gestión de riesgos y la coordinación, facilitando el progreso y la mejor toma de decisiones.

El reciente informe indica que existen sectores clave de crecimiento que pueden expandirse dentro de los límites planetarios como por ejemplo la digitalización marítima y de turismo costero y marino, de energías renovables marinas como la eólica, la acuicultura, desalinización y tratamiento de aguas. Por su rápida expansión, representan un motor de cambio a corto plazo que puede estar acompañado de medidas de protección y cuidado ambiental, prácticas laborales justas y un diseño que respete la naturaleza, resguardando ecosistemas por medio de una economía azul regenerativa. Por ejemplo, en acuicultura, se hablaría de una mejor calidad de agua que además genera ingresos; o en turismo costera, se consideraría un modelo de negocio que apoye directamente a la conservación y restauraciónmarina.

La urgencia por una regeneración eficiente de la economía azul, nos invita a pensar en que vivir en el frente costero no es solo parte de nuestra identidad cultural. El océano es en ecosistema fundamental para el comercio mundial, la regulación del clima global y, por si fuera poco, es el hogar de una extraordinaria diversidad biológica a la que los costeños, en particular, debemos resguardar. La economía azul es una industria que genera trillones de dólares en valor anual, pero el futuro de la economía oceánica no se debe definir por cuanto se extrae, sino por la eficacia con la que se regenera y crea valor sin afectar los fundamentos ecológicos que la sostienen. (O)

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