Vientos de cola para el 2026

La economía está atravesando un momento coyuntural positivo, que podría devenir en cambios estructurales muy relevantes. No es común ver a nuestra economía con tantos vientos de cola que se podrían aprovechar para generar cambios permanentes. Vale la pena hacer un breve repaso de las dinámicas macro positivas que darán forma al 2026.

Balanza de pagos: Ecuador ya no es tan vulnerable o dependiente del petróleo. En 2025, el petróleo fue el 21% de nuestras exportaciones, el camarón el 23%, la minería cerca del 13%, y el cacao el 11%. La balanza comercial petrolera tuvo un superávit de USD 1.2 mil millones, frente a uno de USD 5.0 mil millones de la balanza comercial no petrolera. Como referencia, en 2013 el petróleo era el 57% de nuestras exportaciones, y la balanza comercial petrolera acumulaba superávits de US$ 8 mil millones frente a déficits de USD 9.2 mil millones en la balanza no petrolera. Además, en 2026 y seguramente en los próximos años, un dólar débil podría dar soporte al sector manufacturero que exporta y que compite contra importaciones desde otros países.

Monetario: Desde 2024, el sector privado es el principal proveedor de dólares de alto poder a la economía. Históricamente, este rol lo tenían las exportaciones petroleras y la emisión de deuda pública externa, mientras que el sector privado era un usuario neto de dólares. En otras palabras, nuestra estabilidad monetaria dependía de la capacidad del estado de conseguir deuda externa. Desde 2024, los flujos de dólares del sector privado son positivos, liderando el crecimiento de la reserva internacional y de la liquidez doméstica.

Liquidez interna: En nuestra economía, el dinero se genera de dos maneras. La una es a través del crédito, cuando un banco nos da un préstamo. La otra son los depósitos que se crean como resultado del ingreso de dólares del resto del mundo. El choque positivo en balanza de pagos se ha traducido en un incremento muy fuerte de liquidez interna, reflejada en un fuerte crecimiento de depósitos, correspondido por activos líquidos del sistema financiero. Esto ha permitido que las tasas de interés bajen, y que el crédito fluya nuevamente hacia el sector productivo. Entre 2023 y 2024, más crédito se colocaba en consumo que en producción. En 2025, la colocación de crédito productivo ganó espacio frente al crédito de consumo. 

Crecimiento: la coyuntura de una balanza de pagos fuerte, menores costos de financiamiento externo, liquidez interna amplia, y costo del dinero doméstico barato, son una sana mezcla para el crecimiento. En 2026, las condiciones están dadas para que el crédito privado pueda crecer de manera fuerte sin generar presión en tasas de interés, siempre y cuando los flujos externos permanezcan robustos. Este año, la economía empieza con una fuerte viada heredada de 2025, que vaticina un año de crecimiento por encima del potencial.

Fiscal y financiamiento: Ecuador ha tenido déficits primarios 15 de los últimos 17 años. El déficit primario es el déficit global cuando excluimos el pago de intereses. En 2026, el Ecuador estaría cerca de conseguir nuevamente un superávit primario estructural. Esto sería posible gracias a las medidas que se han tomado en los últimos años, pero aún necesita de medidas adicionales que fortalezcan aún más la relación entre ingresos y gastos permanentes del gobierno. Este cambio de régimen en lo fiscal sería determinante para garantizar que los costos de financiamiento externo del gobierno sigan cayendo y que el acceso a financiamiento se mantenga ininterrumpido, lo que es importante para garantizar también la liquidez interna. Menores costos de financiamiento estructurales serían el primer paso para poder financiar un proceso de inversión pública ordenado. 

El gran reto que el Ecuador enfrenta es convertir a estas dinámicas en algo estructural. Un buen 2026 no es suficiente para romper la tendencia de bajo crecimiento de la economía, que desde 2015 crece a una tasa anual promedio del 1.3%. Para generar condiciones de crecimiento de largo plazo, aún se necesitan profundas reformas en lo fiscal, laboral, seguridad social, mercado de capitales, petróleo, sectores estratégicos, y otros. Así, una buena coyuntura macroeconómica se convertiría en una economía permanentemente más fuerte que genere dividendos sociales. Por ejemplo, fortalecer el mercado laboral luego de una década de letargo requiere crecimiento sostenido por varios períodos alimentado por procesos de inversión fuertes. 

Reconocer lo positivo no implica desconocer los retos y dinámicas negativas que también aquejan a la economía. Estas dinámicas no son dos caras de una misma moneda. Mas bien, son dinámicas que van en paralelo y que deben ser debidamente atendidas. En efecto, el proceso fiscal no está finalizado, la deuda pública sigue siendo alta, existe un déficit de generación energética, hay deficiencia de servicios públicos, la salud pública necesita atención, existen atrasos en pagos, la seguridad social enfrenta retos demográficos y actuariales, el mercado de capitales no está plenamente (ni incipientemente) desarrollado, enfrentamos una ola de inseguridad, dos de cada tres trabajadores no tienen un empleo adecuado, hay pobreza, y mucho más. Solucionar estos problemas no es sencillo, pero definitivamente es más fácil con una macro sólida, que sin ella. (O)