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Es importante que el gobierno continúe en esa búsqueda de concretar acuerdos comerciales por tener la economía ecuatoriana un alto grado de apertura económica y por estar dolarizada, por lo que los acuerdos de comercio y de inversiones son sin duda instrumentos valiosos para ingresar de mejor forma a otros mercados.

8 Abril de 2026 16.01

La experiencia internacional y los resultados que han mostrado las economías del mundo a lo largo de las décadas dejan ver con claridad que los excesos en las políticas públicas o los extremos en la aplicación de la política económica no son caminos saludables, pues algún momento terminan generando resultados inconvenientes y perjudiciales. No se trata de la conveniencia o inconveniencia de aplicar una política de shock o una de corte gradual sino más bien de resaltar que la aplicación de normas excesivas en algún momento producen efectos adversos.

Si se tiene un aparato estatal sobredimensionado en tamaño, caso del Ecuador, y se pretende reducir la magnitud del mismo, una acción extrema puede generar un clima de insostenibilidad, inclusive en el ámbito político, pues si se corta el gasto público de forma abrupta, el impacto en la actividad económica puede terminar siendo perjudicial. No es cuestión de aplaudir o criticar lo hecho en otros países, caso del Presidente Milei de Argentina, sino de ver las opciones para llegar a la meta sin que por la rudeza de las medidas éstas terminen ocasionando más problemas que beneficios. En el ejemplo citado, el Ecuador no puede seguir siendo observador de un estado obeso e ineficiente, pero su redimensionamiento debe ser realizado con el cuidado necesario que permita llegar al objetivo buscado. Esto significa que las realidades de un país en el tiempo son distintas y las acciones deben adaptarse a cada sector o problema. En ocasiones sí se debe actuar de forma más radical que en otros casos, lo que significa aplicar las dosis adecuadas dependiendo del tema del que se trate. El arte de la política económica es “ceder lo menos para ganar lo más”, lo que significa actuar de forma inteligente pero sin perder el norte ni la dirección que se persigue.

El Ecuador acaba de anunciar un Acuerdo de Comercio Recíproco con Estados Unidos, convenio que sin ser un tratado de libre comercio, debería abrir nuevas oportunidades y opciones para el país para poder ingresar al mercado norteamericano en las mejores condiciones posibles. El país ha buscado un acuerdo con el país del norte por muchos años, esfuerzo que se diluyó en la década del ex presidente Correa, pero que en la actualidad ha concretado un acuerdo que debería abrirnos, como se indicó, nuevas y prósperas oportunidades. No obstante, también se han abierto varias inquietudes y preocupaciones con un acuerdo que parece alejarse de los principios establecidos en la Organización Mundial de Comercio, OMC, en el sentido de promover convenios justos y equilibrados para las partes.

Este Acuerdo le permite a las exportaciones norteamericanas ingresar al mercado ecuatoriano en óptimas condiciones sin que ese balance opere de la misma forma para Ecuador. Determinados productos como el maíz, que recibe del gobierno de Estados Unidos un subsidio directo, le permite ingresar al Ecuador a precios sustantivamente menores a los generados en el país, lo que podría desplazar la escasa producción nacional con las repercusiones obvias de un evento de esa naturaleza.

Este caso muestra que no se vislumbra un acuerdo que, siendo necesario, respete y garantice la producción nacional protegiendo el empleo y la producción nacional. Caso similar puede ser descrito con las exportaciones estadounidenses de carne vacuna y porcina que dada la estructura arancelaria acordada y vigente también podría desplazar la producción nacional de productos similares con las secuelas que esto generaría. No es buscar regresar al modelo fallido de sustitución de importaciones, esquema que tuvo vigencia en la década de los 60s y que luego fue abandonado, sino de generar beneficios equilibrados entre las exportaciones de Estados Unidos con las exportaciones de Ecuador.

Es difícil también entender porque un acuerdo de comercio recíproco, como se lo ha denominado, promueva el sindicalismo de la actividad privada del Ecuador, cuando en el país se mantiene una legislación laboral rígida y caduca, que ha sido una de las causas de la débil inversión privada nacional y extrajera, más aún en un convenio con un país de mucha mayor flexibilización laboral que el Ecuador.

La presencia de la posibilidad de intervención de Estados Unidos si en el futuro Ecuador firmase convenios que se reciban perjudiciales para el interés norteamericano también puede verse como atentatorio a las decisiones ecuatorianas de cerrar otros convenios. Así mismo, el excesivo beneficio a las exportaciones de Estados Unidos para Ecuador podría también dar lugar a que acuerdos previos de comercio del Ecuador sean cuestionados por otros países por haber generado beneficios que podrían ser considerados como excesivos.

Se desconoce la real capacidad del Ecuador de hacer ajustes al convenio arribado con Estados Unidos pero es abundante el material que muestra que el acuerdo no es ni justo ni equilibrado, aunque sí necesario como se mencionó. 

Es importante que el gobierno continúe en esa búsqueda de concretar acuerdos comerciales por tener la economía ecuatoriana un alto grado de apertura económica y por estar dolarizada, por lo que los acuerdos de comercio y de inversiones son sin duda instrumentos valiosos para ingresar de mejor forma a otros mercados. No obstante, ese acierto del gobierno no puede desconocer la necesidad de que los acuerdos sean balanceados para los países con los que se concreten y no violenten los principios de equidad y de justicia que sostiene la propia OMC. Esta necesidad del acuerdo también evidencia que los excesos no son saludables. (O)

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