Katherin Miño camina por las instalaciones de Puntonet con una computadora portátil en la mano. La reunión que tenía antes de atender a Forbes Ecuador se alargó, pero todo estaba bajo control. Su equipo trabajaba para preparar la sesión de fotos que acompaña a esta nota y ella se alistaba para la entrevista. Es viernes por la tarde y otros ejecutivos culminan sus teleconferencias y tareas; solo la luz de su oficina permanece encendida.

Esta escena es normal en su día a día. Su agenda está copada con tareas y reuniones, y por eso los horarios son extendidos. Se acostumbró rápido a este ritmo de vida. Aunque hay quien la espera en casa, se apasiona tanto por lo que hace que a veces no se da cuenta del tiempo.
Su historia con Puntonet se inició hace 25 años, cuando la empresa daba sus primeros pasos. Llegó como supervisora de ventas corporativas cuando no había vendedores. Actualmente es la CEO y opera una organización que en 2025 alcanzó ingresos por US$ 89,8 millones.
Esta quiteña de 50 años fue criada para liderar. Desde pequeña aprendió a trabajar y a darle valor a su esfuerzo. Ayudaba en las tareas de la hacienda de su padre, en Píllaro (Tungurahua). Ahí se encargaba de recolectar las papas que quedaban en la tierra, después de la cosecha, y de la producción de fruta de uno de los tantos árboles que había en la propiedad.
“Mi papá nos daba lecciones con analogía de agricultura. Nos enseñó que una buena siembra repercute en una buena cosecha. Esa lección me sirvió y es algo que me gusta promulgar con mi familia y equipo”.
Patricio Miño, su padre, fue exigente durante su adolescencia. Le inculcó estar activa, hacer deporte y tener actividades extracurriculares.

EL AMOR JOVEN TOCÓ SU PUERTA
Unos meses antes de terminar el colegio, cuando tenía 18 años, el amor tocó su puerta. Quedó embarazada y su vida dio un giro radical. Se casó y su plan de entrar a una universidad privada se truncó, por decisión de su papá.
“Cuando quedé embarazada perdí mis privilegios económicos. Me mudé con mi esposo y mi padre me dijo que ya era ‘harina de otro costal’, que debía irme de la casa y que lo de mi universidad lo debía resolver mi esposo”, recuerda.
Ese rechazo, en una de las etapas más complicadas, le generó resentimiento y solo con el tiempo entendió la decisión que su padre tomó en ese momento.
Katherin ingresó a la Universidad Central y se graduó en Administración de Empresas. Durante sus estudios tuvo a sus dos hijos y empezó la vida laboral. “No tuve esa vida de universitaria que por lo general todos conocen. Mi tiempo estaba destinado a estudiar, a cuidar a mi familia y a trabajar. Me perdí fiestas y guitarreadas, pero valió la pena”…
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