¿Por qué las empresas deben contratar econometristas?
David Paredes Periodista
David Paredes Periodista
Hace más una década, Julio Galárraga encontró en la econometría su forma de entender el mundo. Estudiaba su maestría en Chile cuando sus profesores le enseñaron a dominar la estadística y sobre todo a interpretarla con claridad y precisión.
Hoy transmite esos conceptos a sus alumnos, en la Universidad de las Américas (UDLA), donde es coordinador de la carrera de Economía. También a sus clientes y en sus proyectos en su ejercicio profesional.
Galárraga se encontró con la economía por casualidad, cuando estudiaba diseño gráfico, en la Universidad San Francisco de Quito. En esa época trabajaba en una entidad bancaria como operativo financiero para financiar sus estudios.
“Trabajaba en Produbanco en las mañanas y estudiaba diseño en las noches. Lo que más me llamó la atención en el banco fue lo que hacían los oficiales de cumplimiento sobre temas de narcolavado”, recuerda.
Entendió que uno de los requisitos para ser oficial de cumplimiento era ser economista. Eso hizo que se decidiera a estudiar una nueva carrera en la universidad.
Hoy es especialista en econometría y políticas públicas. Trabajó en el Ministerio de Educación como especialista y luego como director de estadísticas. En esta cartera de Estado también apoyó en varios proyectos, sobre todo en la extinta Secretaría de Prevención de Drogas.
Su fascinación por la econometría y la política pública surgió en Chile, durante su maestría. Reconoce que tres profesores fueron claves para que pueda interpretar la estadística. Algo que a otros economistas les cuesta a pesar de sus años de experiencia.
Con Raimundo Soto, uno de sus profesores de la maestría, aprendió a traducir y compartir la información que arroja la data. En economía hay fórmulas matemáticas complejas que resultan en muchas ocasiones en cifras difíciles de entender.
En su primer examen, la única pregunta era: “Explica este teorema estadístico matemático como si lo hicieras para tu abuelita”. Al economista quiteño no le fue bien y reprobó.
“Soto me llamó a su oficina y me dio una de las mejores lecciones que recibí. Me dijo que debía ir más allá y que demostrara todo lo que sabía, pero para ello, debía hacerlo explicándolo de forma sencilla”, recuerda.
Desde entonces, Galárraga analiza cada cifra y la traduce de forma efectiva. Asegura que uno de los principales errores de los economistas es no saber transmitir la información al público o al interesado. “Hay errores de interpretación que pueden afectar en la toma de decisiones”.
Para él, la matemática no sirve de nada si se queda atrapada en el tecnicismo. “Tú le puedes llevar a un ministro o a un gerente el modelo econométrico más avanzado del mundo, pero si no le sabes explicar los resultados y para qué le van a servir para tomar una mejor decisión, todo lo que hiciste no tiene valor en absoluto”.
Tomas Rau, hoy ministro de Trabajo en Chile, le enseñó la parte técnica. Cómo encontrar la data de forma precisa. Y la canadiense Jean La Fortune, por su parte, le dio esa sensibilidad y le mostró cómo darle un propósito a la data.
“Me dio una clase en la que me enseñó tantos campos y me abrió los ojos sobre aristas de la economía como la pobreza, desigualdad, salud, educación, trabajo”.
Galárraga define la econometría como el uso de la estadística avanzada para estimar modelos que tienen que ver con temas sociales. “Por ejemplo, se puede proyectar el PIB del próximo año. Para las empresas, es data pura que permite a los altos directivos tomar decisiones sobre inversión. También se aplica para evaluar si una política o programa, sea público o privado, funciona”, asegura.
Según este catedrático, las empresas ecuatorianas están perdiendo una gran oportunidad al no incorporar econometristas en sus equipos de analítica. En gigantes tecnológicos como Uber, Google o Apple, los PhD en economía son quienes diseñan los algoritmos de precios dinámicos mediante experimentos de comportamiento del consumidor.
“A través de la econometría y los datos, una empresa puede saber exactamente hasta qué punto un cliente está dispuesto a pagar más en cierta hora y sector, optimizando el margen de ganancia. O medir con total precisión si una costosa campaña de marketing digital o en televisión realmente se capitalizó en ventas y cuál fue el retorno real de la inversión”, explica.
Desde las aulas, Galárraga se mide todos los días ante una nueva generación que está hiperconectada, con menores niveles de concentración, y sobre todo, según dice, con cierta apatía por las matemáticas. Por eso, sus exposiciones deben ser claras y prácticas. Le interesa que sus alumnos comprendan los conceptos poniéndolos en blanco y negro y llevándolos a ejercicios reales.
Su obsesión está en la investigación y en formar buenas personas. Recientemente, junto a una de sus tesistas, descubrió mediante un modelo econométrico que una mujer que sufre un embarazo adolescente en el Ecuador llega a ganar, en promedio, USD 188 menos cada mes a lo largo de su vida en comparación con quien no se embarazó en la adolescencia. Un dato que sirve para alertar al Estado sobre el costo oculto de la falta de prevención en la recaudación de impuestos y el gasto en servicios públicos.
“Puedes estar en lo más alto de la cumbre o ser el profesional más exitoso del mundo, pero si tu conocimiento no se traslada a que alguien que lo necesita se beneficie, tu trabajo no tiene valor en absoluto. El verdadero valor viene de usar la ciencia para hacer el bien al resto”, concluye. (I)